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ABC JUEVES 15 s 11 s 2007 Clima de crisis en el Gobierno alemán INTERNACIONAL 35 Merkel afronta tiempos difíciles alentada por el premio Carlomagno Los socialistas amenazan a la canciller alemana con luchar sin guantes RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. La retirada del vicecanciller federal, el veterano socialdemócrata y sindicalista Franz Müntefering, parece allanar el camino para el ala más combativa de su partido y augura el fin de la beatífica paz en la gran coalición de Merkel, según políticos y analistas. El SPD se ve políticamente atrapado entre las propias reformas liberalizadoras que lanzó con Schröder y los éxitos que recolecta ahora a título personal la canciller democristiana. La concesión del premio Carlomagno 2008 a Angela Merkel, citando la contribución europea de su personal empujón a la atascada UE, es tanto bálsamo para ella como justificación para el celo de sus rivales. La canciller federal, que sigue a Solana en el premio, es celebrada por su política tan enérgica como cautelosa, al tiempo que integradora, durante su presidencia de la UE que se relaciona directamente con el curso establecido hacia un resurgimiento de la Unión Angela Merkel ha presidido también este año con criterio y destreza el grupo de las potencias del G- 8. Prensa y analistas especulaban ayer sobre el porcentaje real de razones familiares y políticas en la decisión de Müntefering, uno de los pocos con mando en los sindicatos para promover flexibilidad: puede que sus sucesores no tengan suficiente de lo uno y de lo otro para cubrir su hueco como guardaespaldas multiuso de la canciller. La negativa última de la CDU de introducir una tarifa base para los carteros pudo dejar solo y en evidencia el esfuerzo de Müntefering. Abandonado por todos en la estacada resumía un comentario. Pero ahora decepción y enfado con Merkel crecen advirtió el jefe del SPD en el Bundestag, quien dudó en la radio alemana de la fiabilidad de la canciller para los compromisos. Algunos hablan ya del fin de la coalición y la combativa vicepresidenta del SPD, Andrea Nahles, ya avisa de que vienen tiempos de enfrentamientos aunque lo que viene a la vuelta de año y medio son las elecciones, que por el momento a ninguno de los dos grandes puede interesar adelantar. Ahora lucharemos sin guantes amenazó Nahles, quien se dijo traicionada por los democristianos en la cuestión de introducir un salario mínimo y pidió a los sucesores de Müntefering, en la vicecancillería y en Trabajo, que no regalen nada a Merkel. La CDU rehusó ayer acusaciones de acuerdos rotos, aduciendo que el SPD había rechazado varias contraofertas. La fricción entre los rivales que gobiernan en coalición va en aumento desde el verano, suscitado por el desplome electoral del SPD en las encuestas y el desajuste entre los éxitos exteriores de Merkel y la vaguedad en política interior. Pero el secretario general parlamentario de la CDU, Norbert Röttgen, negó en los medios que esto pueda convertirse en punto principal de ruptura y también el dirigente Wolfgang Bosbach rehusó las amenazas de Nahles. Gestos y obras en el corazón de Europa Es evidente que con la salida de Müntefering se acaba la labor creadora de una coalición de éxito que ha sacado de su estancamiento a Alemania ran y que nadie decente debe poner en duda- -la enfermedad terminal de su mujer. Este hecho supone, en las actuales circunstancias, una carga de profundidad, lanzada por la fatalidad, contra un proceso paralelo en Alemania y Francia que es tan necesario para el futuro de Europa como combatido por las fuerzas de la reacción desde el sindicalismo, el clientelismo gremial y el izquierdismo ideológico. Müntefering hacía un mutis dramático que su jefa de Gobierno y compañera de coalición, la cancillera Angela Merkel, lamentaba y honraba en los mejores términos de la complicidad patriótica y empatía humana en la rivalidad política. Merkel y Müntefering han logrado poner en marcha un clima de optimismo empresarial, laboral y ciudadano inexistente en Alemania desde la unificación. Pero las constelaciones propicias para las reformas de gran alcance son a veces víctimas de avatares personales o caprichos de ocasión. Mientras el vicecanciller anunciaba su supremo sacrificio personal de abandonar cargo, vocación y ambiciones, los líderes sindicales en Francia y Alemania, intentan sabotear las reformas que suponen un sacrificio bien moderado y que han demostrado ser un inmenso beneficio para la sociedad y la prosperidad común. El despegue del decrépito Reino Unido que heredó Margaret Thatcher se inició con la derrota de los anacrónicos sistemas de chantaje que tenían secuestradas economía, libertad y nación. Fue aquella batalla contra el sindicalismo premoderno como la batalla contra la resignación en el Este de Europa iniciada una década después, el principio del fin del Viva las cadenas de gran parte de Europa oriental y occidental y el comienzo del proceso de unificación en libertad en el continente. La recuperación de la libertad y la iniciativa frente a la imposición de las leyes de dependencia y obediencia dieron frutos entonces y han de volver a hacerlo. Merkel y Sarkozy están decididos a culminar un proceso imprescindible para que Europa coja el ritmo de desarrollo en la economía globalizada. El nuevo vicecanciller es el ministro de Asuntos Exteriores, Frank Walter Steinmeier, sin poder en el SPD para frenar al izquierdismo que ha crecido con las frustraciones de un partido que se siente perdedor en la coalición. Es evidente que con la retirada de Müntefering se acaba la labor creadora de una coalición de éxito que ha sacada de su estancamiento a Alemania. Comienza la carrera electoral en el gabinete, lo que puede suponer su ruptura a medio plazo. Pero aunque se llegue pronto a nuevas elecciones, el legado de esta coalición es bueno y claro. Como lo es el hecho que los intentos de sabotear las reformas en la Francia de Sarkozy las protagonizan sectores organizados pero nunca mayoritarios. Si el SPD recae en el izquierdismo al que le quiere forzar su izquierda y la secta paleosocialista de Oskar Lafontaine puede cavarse una trinchera de reacción, populismo y demagogia como los izquierdismos meridionales y especialmente el carpetovetónico. Pero todo indica que en el corazón de Europa, Merkel y Sarkozy, dos líderes antitéticos de nuestro caudillo progresista muy lejos de prometer y regalar adelantos para comprar votos o lealtades, tienen los argumentos necesarios para demandar sacrificios, esfuerzo y rigor por el bien de un futuro razonable y razonado. Tienen muchas expectativas de ganar el pulso. Por el bien de toda Europa. Hermann En el corazón de Europa al que nuestro caudillo socialista español prometió devolver a España y en el que ni se le llama ni se le espera- -ni al caudillo ni por desgracia al país- se suceden grandes acontecimientos con inmenso calado sin que los españoles, tan pendientes de caudillos caribeños irritados, los perciban en toda su magnitud y asuman las consecuencias para el futuro común. En Francia y Alemania está en marcha el gran esfuerzo modernizador para forjar el estado que, siempre con vocación social, sea capaz de liberar e incentivar la creatividad, la competencia y la iniciativa y combatir el igualitarismo coactivo. Una noticia de ámbito casi íntimo ha enconado el debate. El martes, el peso pesado de la autoridad moderada del Partido Socialdemócrata Alemán (SPD) Franz Müntefering, el vicecanciller y ministro de Trabajo, dimitió por razones que conmueven y le hon- Razones familiares y políticas Angela Merkel, ayer en Berlín, junto al nuevo vicecanciller alemán, Frank- Walter Steinmeier AFP