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4 OPINIÓN JUEVES 15 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EL IPC DESCUADRA LAS CUENTAS L Índice de Precios al Consumo (IPC) de octubre rompe la débil tendencia anterior hacia el objetivo de estabilidad de precios de España en la eurozona que se venía dibujando meses atrás. El salto en un mes de casi un punto, hasta el 3,6 por ciento, abre una nueva brecha en la competitividad frente a los países vecinos y siembra más incertidumbre sobre la deriva de la economía española. Es insuficiente la excusa esgrimida por el Gobierno de que ese salto obedece a factores exógenos- -los convulsos mercados mundiales del petróleo y los cereales- -porque esos mismos factores afectan a las demás economías, que sin embargo han encajado el fenómeno sin tan fatales consecuencias. El Gobierno tiene que ver con ese brusco cambio de tendencia, no tanto por sus responsabilidades monetarias, que están delegadas en el Banco Central Europeo, como por su falta de diligencia a la hora de introducir flexibilidad, competencia y modernidad en el conjunto de la economía, y muy especialmente en el comercio. La inflación sigue siendo el problema más serio de la economía española. Ese punto perpetuo de diferencial respecto a los competidores tiene un efecto demoledor sobre el potencial de crecimiento y sobre los cimientos económicos, que se debilitan para hacer frente a los momentos difíciles. No es casual que, a pesar de una cierta recuperación de la economía europea, las exportaciones españolas no mejoren ni tomen el relevo de la previsible, incluso deseable, caída del fuerte ritmo de crecimiento de la demanda interna. Además, el acelerón de los precios ha caído en el peor momento, en los dos últimos meses del año, que coinciden con el período considerado para actualizar las pensiones y ajustarlas a la tasa de inflación con el fin de evitar que los pensionistas pierdan capacidad adquisitiva. Con el dato de inflación interanual de noviembre- -que no será menor que el conocido ayer para octubre- -hay que actualizar las pensiones y proceder al abono, a lo largo de enero, de una paga extra compensatoria de la pérdida de capacidad adquisitiva. Como la mejora de enero fue sólo del 2 por ciento, la actualización tiene ahora que ser de casi dos puntos para todo el año, lo cual supondrá una paga extra con un coste global de 1.300 millones de euros, más otra cantidad semejante de arrastre por la actualización de las bases de cálculo de pensiones para 2008. Las famosas despensas de las que tan orgulloso se siente el vicepresidente Solbes, y que reclama a sus predecesores, le serán reclamadas por sus sucesores. La acumulación de indicios negativos en la economía, avanzados en las encuestas de expectativas de los consumidores y de los empresarios, y advertidos también por los informes de los organismos financieros internacionales, deberían mover al Gobierno a la acción y a tomar medidas. Pero el Ejecutivo prefiere seguir en la arcadia feliz del crecimiento sostenido y vigoroso del pasado en espera de unas elecciones generales que vuelvan a poner el contador político a cero. Mientras, las economías familiares se resienten de una cuota hipotecaria cada día mayor y de una cesta de la compra más costosa. E APOYO SOCIAL A LAS VÍCTIMAS YER informaba ampliamente ABC acerca de la encuesta encargada por la Fundación Víctimas del Terrorismo. Los datos son abrumadores en cuanto al apoyo que la inmensa mayoría de los ciudadanos presta a las víctimas y a su exigencia de justicia, concebida como una cuestión que afecta más a la moral pública que a las posiciones partidistas en una coyuntura determinada. Rodríguez Zapatero debe reflexionar seriamente sobre algunas cifras: la mitad de los españoles cree que el problema del terrorismo ha empeorado, frente al 32 por ciento que opina lo contrario, y las expectativas sobre el final de ETA son mucho más pesimistas que optimistas, en concreto, el 60 frente al 33 por ciento. La gente- -incluida una buena parte de los votantes socialistas- -se queja rotundamente de la falta de transparencia del Gobierno de Zapatero al explicar el diálogo con la banda, una opinión compartida nada menos que por dos tercios de los encuestados. El escepticismo se convierte en desconfianza absoluta cuando la pregunta menciona la voluntad de ETA y de la izquierda abertzale de poner fin a los actos violentos, pues el 85 por ciento considera que tienen poca o ninguna más aún, este porcentaje negativo llega al 90 por ciento sobre su intención de aceptar las reglas del juego democrático. Los españoles exigen al PSOE y al PP un acuerdo básico en esta materia, según la opinión que apoya el 79 por ciento, lo que supone la petición inequívoca de que se vuelva a los tiempos del Pacto por los Libertades y Contra el Terrorismo y una crítica severa de las desavenencias partidistas. Sin embargo, existe una actitud de realismo teñido de pesimismo sobre la posibilidad de que se produzca un acuerdo, ya que el 63 por ciento lo considera improbable. La Iglesia vasca sale muy mal parada de la encuesta realizada por el prestigioso equipo científico que elabora también el euskobarómetro Los encuestados califican con una baja nota de 3,6 el apoyo de la Iglesia vasca a las víctimas. Es una tendencia ya reiterada en la opinión pública, A reforzada en los últimos tiempos ante la reaparición de monseñor Setién, anterior obispo de San Sebastián, a quien mucha gente reprocha una aparente equidistancia entre víctimas y asesinos que se traduce en la práctica en una identificación con los fines que persigue el terrorismo. Es notorio que la postura de otros titulares de las diócesis vascas, como es el caso de monseñor Blázquez, sea percibida con criterios más favorables, pero no cabe duda de que la encuesta envía un mensaje ciudadano a las autoridades eclesiásticas que no debería caer en saco roto. El Gobierno se equivocó de forma evidente al plantear una política de diálogo con ETA y de aislamiento del PP, identificado durante toda la legislatura como un obstáculo para el mal llamado proceso de paz La ruptura formal de la tregua ha dejado las cosas todavía más claras: ETA es una banda de asesinos dispuestos a seguir haciendo lo único que saben hacer, y cualquier concesión política resulta inútil e insuficiente. A pesar de que ha cambiado la retórica gubernamental, muchos ciudadanos siguen pensando que el PSOE está dispuesto a reemprender el diálogo después de las elecciones si las circunstancias lo permiten. Como demuestra la encuesta, la opinión de los españoles es abrumadoramente contraria y refleja a la vez un afecto y una consideración hacia las víctimas que va más allá de cualquier opción política. La sociedad tiene una deuda moral con los que más daño han sufrido por culpa de los enemigos de la libertad de todos, y es un dato positivo que la gran mayoría reconozca esta obligación, porque algunos partidos son incapaces de estar a la altura de las circunstancias. En este sentido, las operaciones de maquillaje promovidas por Ibarretxe no consiguen engañar a nadie. La legislatura está a punto de terminar y es notorio que las cosas han ido a peor, como demuestra el sondeo encargado por la Fundación que preside Maite Pagazaurtundúa. Ojalá los responsables políticos, en especial el presidente del Gobierno, entiendan el mensaje inequívoco que les transmite una gran mayoría social. NUEVO FRACASO EN POLÍTICA EXTERIOR L Gobierno ha vuelto a recibir, esta vez en la OTAN, una dolorosa lección sobre los perniciosos efectos de una política exterior irresponsable. El general Félix Sanz Roldán es uno de los militares más prestigiosos de Europa y sus cualidades profesionales no podrían ser puestas en duda. Lo único cierto de todo lo que ha dicho el Gobierno es que estaba perfectamente capacitado para ocupar el cargo de jefe del Comité Militar de la Alianza Atlántica. El error cometido no ha sido presentar su candidatura y anunciarla a bombo y platillo, sino las razones últimas por las que el Gobierno tomó la decisión de presentarla, y que no hacen sino demostrar que en política exterior actúa sin convicción ni principios. Como en el caso de Marruecos, en el del lamentable episodio de Hugo Chávez en la Cumbre Iberoamericana y en tantos otros, al Ejecutivo se le nota demasiado que decide solamente en función de los rendimientos electorales previsibles, y que los asuntos de fondo y los efectos que puedan tener para España le importan bien poco. La OTAN ha intentado varias veces que España se implique en cargos de responsabilidad, principalmente en Afganistán, pero a pesar de que los militares españoles estaban deseando demostrar sus excelentes capacidades profesionales ante sus colegas aliados, el Gobierno- -su presidente, pa- E ra ser más exactos- -lo ha impedido tajantemente porque no le parecía conveniente para su imagen mostrar más entusiasmo que el justo, aun tratándose de una misión en la que la organización se juega su futuro. Es lógico que un Gobierno que tiene menos de ochocientos soldados en Afganistán, y sin perspectivas de ampliarlos, reciba ciertos elogios por compromiso, porque toda ayuda es buena en las actuales circunstancias, pero no significa que haya logrado suscitar confianza entre los socios de la OTAN. Por eso, no hacía falta recordar la intempestiva retirada de Irak, ni las veleidades de un ministro de Defensa empeñado en vender armamento a Hugo Chávez, ni otros episodios de la errática conducta internacional del Gobierno socialista. Con el historial de España en política exterior durante esta legislatura, ha sido una locura pensar que los aliados podrían confiar un puesto tan delicado como el de jefe del comité militar al representante de un Gobierno que se lleva regular con Estados Unidos y que frivoliza de esta manera con su papel en el mundo. El general Sanz Roldán ha cumplido la misión que le han encomendando con la actitud disciplinada que corresponde a su condición de soldado y de patriota. Es una lástima que no haya sido respaldado por la política y los hechos de un Gobierno del que sus aliados puedan fiarse.