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20 ESPAÑA Tribuna Abierta MIÉRCOLES 14 s 11 s 2007 ABC César García Profesor de Comunicación en la Universidad Estatal del Estado de Washington EL ANTIAMERICANISMO EN ESPAÑA OCOS asuntos más comentados y menos debatidos que el sentimiento antiamericano que según todas las encuestas alberga la mayor parte de la población española. Los resultados de distintas fuentes acreditadas no dejan lugar a dudas: según el Barómetro del Real Instituto Elcano, aproximadamente el 60 por ciento de los españoles tienen una opinión negativa de Estados Unidos; únicamente el 23 por ciento de la población tiene una opinión favorable, según un estudio realizado por el Pew Research Center en 2007 y de acuerdo al informe Transatlantic Trends, realizado también en 2007 por la German Marshall Foundation, España es el país europeo- -con excepción de Turquía- -que siente un menor nivel de cercanía a Estados Unidos (39 en una escala de 0 a 100) Ante tal aluvión de datos estadísticos resulta casi una impostura estar en desacuerdo. Sin embargo, si analizamos un poco más de cerca esta cuestión nos damos cuenta de la enorme contradicción existente entre las actitudes expresadas por los ciudadanos españoles cuando son preguntados por un encuestador y los comportamientos de estos ciudadanos en el ámbito privado. Me estoy refiriendo particularmente a las preferencias y la fascinación que sienten los españoles de toda condición e ideología- -aunque nos cueste admitirlo- -por los bienes de consumo, el estilo de vida y la cultura popular estadounidense. Llevamos más de un siglo tratando de buscar una explicación al antiamericanismo español. Nos hemos pasado la vida explicándolo mediante hipótesis que se remontan a diversos hechos de nuestra historia como la guerra del 98. A decir verdad, ninguno de estos argumentos resulta demasiado convincente a estas alturas P en Estados Unidos, convertido en la auténtica vara de medir que distingue la celebridad de la auténtica leyenda. No me estoy refiriendo únicamente a actores como Penélope Cruz o Antonio Banderas, sino a personalidades de entornos diversos como científicos, Valentín Fuster y Luis Rojas Marcos; deportistas como Pau Gasol; cocineros como Ferrán Adrià o José Andrés; o escritores como Ruiz Zafón o Arturo Pérez- Reverte, por citar sólo algunos ejemplos, que son aún más apreciados en nuestro país después de su éxito en Estados Unidos. Y Tropas americanas en el Desfile de las Fuerzas Armadas del Fenix) También el hecho de que buena parte de las películas más taquilleras sean de temática y valores tan netamente norteamericanos como Spiderman- 3 o Los 4 fantásticos. En todo caso la vida española no anda escasa de otros ejemplos similares en otros ámbitos. Podemos hablar por ejemplo de las series de televisión, un terreno donde los productos españoles se defienden bastante mejor y en el que hasta hace poco parecía que las series norteamericanas estaban en decadencia. Pues bien, durante 2006 la serie C. S. I Miami ha sido la serie más vista. Pero es que además sin necesidad de realizar un análisis demasiado minucioso, nos damos cuenta de que las ideas, formatos y pautas narrativas de las series de éxito españoles son adaptaciones al gusto local de productos televisivos norteamericanos existentes como es el caso de Cuéntame lo que pasó (Aquellos maravillosos años) En lo que se refiere a la industria editorial, un área en el que históricamente el producto local se defiende mejor, la situación no es muy distinta. Lo demuestra el que cuatro libros de un autor tan discutible y discutido como Dan Brown, con tramas que demuestran un desconocimiento de nuestro país casi lindando con la ofensa, hayan conquistado el gusto de los lectores españoles. Si pasamos al terreno empresarial y laboral las cosas no pintan muy distintas. Los padres españoles pudientes siguen enviando a sus hijos a estudiar a Estados Unidos como JAVIER PRIETO primer destino en el extranjero; Microsoft, Coca- Cola y Google son las marcas favoritas de los españoles y otras como Starbucks hacen furor en nuestras grandes ciudades a precios impensables hace años por una taza de café- -especialmente para nuestro presidente, que únicamente paga 70 céntimos de euro- Por si fuera poco, este mismo año la consultora Great Place to Work ha elaborado un ranking de las empresas favoritas de los españoles para trabajar en el que la mitad de las empresas que aparecen son norteamericanas. ociológicamente hablando, los españoles también demostramos pasión a la hora de adoptar patrones de vida norteamericanos con rapidez. Lo demuestra una ética del trabajo que ha cambiado radicalmente en los últimos 30 años y que cada vez se diferencia menos en nuestras grandes ciudades de aquella que antes calificábamos como de protestante con cierto desdén. Pero también podemos mencionar aspectos tan clave en cualquier sociedad como el urbanismo o las pautas de consumo lo demuestran. Las ciudades españolas se expanden hacia el infinito en forma de suburbs, como ya sucediera hace décadas en las ciudades norteamericanas. Por no mencionar que España se ha convertido es el país europeo con más centros comerciales por metro cuadrado. Eso sin olvidar el enorme foco de atracción que todavía constituye para las figuras públicas de nuestro país triunfar L os datos son reveladores y se refieren a esferas de la vida cotidiana en las que los ciudadanos gastamos dos de los bienes más valiosos que tenemos, nuestro tiempo libre y nuestro dinero. Probablemente el ejemplo más palmario es el que toma como referencia el gusto cinematográfico de los españoles. Hasta el mes de septiembre, el 73,4 por ciento de espectadores españoles acudieron a ver películas norteamericanas. Se me dirá, quizá con razón, que la importancia otorgada a este dato debe ser matizada teniendo en cuenta aspectos como la ventaja competitiva de la que gozan las películas norteamericanas desde el punto de vista de la distribución. Aun teniendo en cuenta esa circunstancia, parece difícil de explicar que entre las 25 películas más vistas, 23 sean de nacionalidad estadounidense (sin contar Harry Potter y la Orden S sin embargo qué solos nos encontramos en nuestro país aquellos españoles que admiramos tantos aspectos de la sociedad norteamericana: su creatividad, su dinamismo, la voluntad de asumir riesgos para llevar a cabo una idea, su capacidad de integrar diversas culturas en valores universales, la fortaleza de su sistema democrático, la defensa de las libertades individuales y el respeto a las ideas de los que no piensan como uno. Llevamos más de un siglo tratando de buscar una explicación al antiamericanismo español. Nos hemos pasado la vida explicándolo mediante hipótesis que se remontan a diversos hechos de nuestra historia como la guerra del 98, el apoyo norteamericano a la dictadura franquista, la marginación que sufrió nuestro país en el contexto europeo durante el desarrollo del plan Marshall o la prepotencia de la política exterior norteamericana. A decir verdad, ninguno de estos argumentos resulta demasiado convincente a estas alturas. Probablemente el problema radique en que la pregunta estaba mal planteada ya que parte de la premisa del todo o nada, o aceptamos el paquete completo del American way of life o lo rechazamos de plano. Los españoles simplemente no somos antinorteamericanos ni en nuestra forma de vida, ni en nuestros gustos, ni en nuestros valores ni en nuestras aspiraciones. Lo que es cierto es que las escasas manifestaciones de casticismo que han pervivido en nuestra sociedad- -y aún resultan políticamente correctas- -se producen únicamente cuando lo genuinamente español se contrapone a la idea de lo norteamericano. La sentada del presidente Zapatero al paso de la bandera norteamericana sería el último hito de esta costumbre un tanto anacrónica. Quizás haya llegado el momento de repensar si la vara de medir la opinión pública son las encuestas o, antes de enjuiciar estas cuestiones, debemos empezar a tener en cuenta lo que hacemos, cómo pasamos nuestro tiempo libre o dónde gastamos nuestro dinero.