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ABC LUNES 12 s 11 s 2007 DEPORTES 93 EL MUNDO ES UNA HISTORIA CARNE PICADA Nunca está de más recordar lo que ocurre en tiempos de guerra, cuando el fútbol deja de ser una fiesta y los estadios se convierten en edificios fúnebres la siniestra envoltura de un regalo en tiempo de guerra. Sin más compañía que la del sonido de sus pasos sobre el cristal crujiente de la batalla, entró. Fue entonces cuando el olor atravesó su garganta. Habían arrancado el césped y también removido la tierra. Todavía se escuchaba el eco de los moribundos. En las gradas vio a un niño, de ocho a diez años, flaco, rubio y con ojos como escarcha. Lucía sonrisa maligna y pistola de madera al cinto. ¿Buscas croatas? preguntó burlón. Y sin esperar respuesta acentuó la mueca y afirmó con la guasa: En este pueblo no encontrarás ninguno Entonces el pintor de batallas alzó la cámara y le tiró la foto. Cada vez que Pérez- Reverte lo recuerda, le sabe la boca a sangre. Por eso escupe al suelo. Se trata de un gargajo de la memoria, el mismo esputo donde Francisco de Goya tiñó pinceles para embestir el lienzo de la guerra. Y por seguir dándole saliva a la guadaña, cabe aquí terminar con lo ocurrido en una pequeña ciudad de El Salvador, en su mismo estadio, donde fue fusilado Victoriano Gómez, una especie de Robin Hood lugareño. Para que cundiera el ejemplo, las autoridades lo dieron por la televisión local. Victoriano Gómez cayó ejecutado a la tarde pero, desde primera hora de la mañana, las gradas del estadio se vieron atiborradas de gente. Era como si, de un momento a otro, fuese a dar comienzo un encuentro futbolero. El gobierno decidió vender cara la muerte de este hijo del pueblo que bien sabía que la propiedad es robo. Por lo mismo, se montó un espectáculo que sirviese como lección. El periodista Ryszard Kapuscinski dio cuenta del deplorable acontecimiento en su libro de reportajes titulado La guerra del fútbol Resulta atroz la imagen de un estadio habilitado para deshabilitar a las gentes, tanto como descubrir una sonrisa cruel en un muñeco de madera. Así que, para alejar voces de sangre, no conviene cortarle posibilidades al recuerdo por muy malo que éste venga. Nunca está de más recordar lo que ocurre en tiempos de guerra, cuando el fútbol deja de ser una fiesta y los estadios se convierten en edificios fúnebres con cadáveres amontonados por los corredores, a la espera de que un niño chico, armado con pistola, remueva la tierra. Pues eso. Montero Glez Escritor Hubo duros enfrentamientos entre policías y aficionados en el último derbi de Casablanca ABC Hooligans del Magreb Un muerto, 27 detenidos y 120 autobuses atacados son el resultado del último derbi entre el Raja y el Widad en Casablanca. Las autoridades de Marruecos se han visto obligadas a actuar POR LUIS DE VEGA CORRESPONSAL RABAT. Europa no sólo exporta la cara más amable del fútbol. Todo lo malo también se aprende, y así es como la violencia ha acabado haciéndose un hueco en Marruecos, que se quedó a las puertas de organizar el Mundial de 2010 que finalmente se llevó Suráfrica. La mayor religión del mundo como lo califica un periodista de Casablanca, cada vez tiene más jóvenes pecadores en el reino alauí. La Real Federación Marroquí de Fútbol se ha visto obligada a coger a los hooligans por los cuernos según un diario local en referencia a las medidas de urgencia anunciadas el pasado 1 de noviembre. Los problemas de una sociedad plagada de jóvenes, muchos parados y sin más ocupación que matar el tiempo a pie de calle, han terminado por hallar en las gradas de los estadios un buen lugar de desahogo. La falta de dinero no impide que muchos se las acaben ingeniando para acudir a los partidos de sus equipos. Esta violencia es la hija bastarda de los problemas sociales escribe Jamal Berraoui en el semanario La Gazette du Maroc Pensar que se trata de una minoría de preadolescentes maleducados es ridículo Uno de los problemas que se quieren abordar con mayor celeridad es, precisamente, el descontrol en los estadios. Nadie sabe con exactitud cuántas personas acuden, ni cuántas de las entradas se han falsificado, ni cuántos se saltan la tapia. Por eso, la Federación obligará a los clubes a fijar el número de entradas de manera clara y que éste se acomode al aforo de las instalaciones, desbordadas a menudo cuando el partido despierta excesivo interés. Deberán ser impresas con ciertas medidas de seguridad, como ir bien numeradas, para tratar de impedir duplicados. Asimismo se instalarán tornos en las puertas y cámaras que graben los accesos a las instalaciones y se prohibirá a los menores de 16 años el acceso a las mismas si no van acompañados por un progenitor o tutor. Sobre los que cometan actos de vandalismo pesará una prohibición de presenciar los encuentros de dos años, advierte la Federación. La expectación se convirtió en furia al acercarse la celebración del encuentro entre los dos equipos rivales de Casablanca, el Raja y el Widad, el pasado 20 de octubre en los cuartos de final de la Copa del Trono. Como de costumbre, las Fuerzas de Seguridad estaban avisadas ante posibles altercados en el complejo deportivo Mohamed V pero decenas de grupos de hinchas incontrolados se encargaron de sembrar la ciudad de odio y pánico desde por la mañana. Este tipo de violencia urbana es algo nuevo en Marruecos y hay que hacer algo antes de que esto se convierta en la jungla asegura Berraoui. Organizados en bandas, amenazaron a los comerciantes y a los adversarios, atacaron comercios y automóviles, y se enzarzaban a golpes con los del otro color. Dentro del estadio arrojaron bengalas y arrancaron asientos. Un aficionado murió en el barrio de Sidi Bernoussi, un centenar resultaron heridos, 120 autobuses fueron atacados y las Fuerzas de Seguridad detuvieron a 27 personas, 16 de ellas menores. or alejar voces que anuncian guerras, viene a cuento recordar vergüenzas pasadas. Terrenos de juego donde un mal día brotó la semilla del exterminio. Sin ir más lejos, en nuestra historia más reciente, el campo de Mestalla o el ya desaparecido Chamartín, fueron utilizados como campos de concentración. Para no ser menos, en el lado de allá del océano, Pinochet convirtió los estadios en fábricas de carne picada. Sirva el ejemplo sonoro de Víctor Jara, cantor del pueblo, que le arrastraron al llamado Estadio Chile y allí que le molieron los huesos como si fueran café. Después le ajustaron treinta y tantas balas en el cuerpo. El hijo de Amanda terminó amontonado en un corredor del estadio junto a otros hijos del pueblo. Tras impedir varias veces la reconstrucción de los acontecimientos, al final, el Estadio Chile pasaría a llamarse Estadio Víctor Jara. Lo más parecido a un gol fuera de tiempo, de esos que marca el recuerdo para reconciliar olvidos. Pero un gol al fin y al cabo. Por tirar del último eco hasta alcanzar las primeras voces, Arturo Pérez- Reverte da cuenta de lo que sucede cuando, en el terreno de la paz, germina la semilla bélica. Lo hace en su novela El pintor de batallas convirtiendo un campo de fútbol en camposanto. Ocurrió en la antigua Yugoslavia, cuando Arturo anduvo descalzo sobre el sable recién afilado de la última contienda. Llegando a un pueblo desierto, el tufo le pegó de lleno. Su olfato lobero le arrastró por calles quebradas y portales abiertos a balazos. El conflicto de los Balcanes había pasado por allí sin ruido aparente. Y fue a la salida del pueblo cuando el olor a picadillo le taponó las fosas nasales. Ante él se alzaba el estadio con P Preocupa el caos en los estadios: no hay control del aforo, se falsifican entradas y cientos de hinchas saltan la tapia El campo de Mestalla o el ya desaparecido Chamartín fueron usados como campos de concentración