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ABC LUNES 12- -11- -2007 29 Médicos Los estudiantes piden una precolegiación Javier Serrano, presidente del Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina, que agrupa a unos 31.000 universitarios, ha pedido a la Organización Médica Colegial que abra los colegios médicos a los alumnos de los últimos cursos con la figura del precolegiado. Bajo el síndrome de Hamilton Son los empleados tóxicos personas que generan mal ambiente, bajan la productividad y, en la mayor parte de los casos, acaban con la paciencia del resto de compañeros POR JESÚS BASTANTE MADRID. Imagine por un momento que es usted Fernando Alonso. Que trabaja en una empresa sólida, con un buen equipo y grandes expectativas. Y que, de repente, en su departamento se cuela un joven, con menos talento que insolencia, que se aprovecha de su trabajo en beneficio propio y que no para de ponerle trabas para que usted se enfrente al jefe y acabe pidiendo su baja. Salvando todas las distancias posibles, el síndrome de Hamilton está convirtiéndose en una realidad en la mayor parte de las empresas de nuestro país. Se trata de los empleados tóxicos una figura que define a aquellos compañeros conflictivos, que causan problemas en la oficina, crean mal ambiente entre los compañeros de trabajo y, en multitud de ocasiones, acaban llevándose el gato, en forma de reconocimiento y ascensos, al agua, para mayor desquicio del personal. Por extraño que parezca, la existencia de este fenómeno es bastante común en las empresas de nuestro país, cuyos responsables de recursos humanos han comenzado a plantearse cómo cazar a estos personajes. Una tarea sumamente UP, la casa de más de millón y medio de profesionales Más de 40 Consejos Generales y Superiores de Colegios Profesionales, que aglutinan a más de 1.000 colegios profesionales y a cerca de un millón y medio de profesionales liberales en toda España, son los que forman e integran la Unión Profesional presidida por Carlos Carnicer que, a su vez, también es presidente del Consejo General de la Abogacía. La acción de la UP abarca los sectores sanitario, económico, social, científico y técnico y se ha marcado como objetivo ser el referente de la cultura y de los valores profesionales colegiales en la sociedad. La enumeración de esos valores corporativos ofrecen una idea del alto compromiso y exigencia que las propias profesiones colegiadas se imponen a ellas mismas: deontología profesional, integridad, independencia, responsabilidad, garantía, calidad, función social e interdisciplinariedad. Cazar al enemigo Pero el análisis también desveló algunos puntos algo más débiles. Para Iranzo, en una lectura posterior del informe, quedaron claros cuáles son los dos grandes retos a los que se enfrentan los colegios profesionales: La competitividad y la movilidad. Son dos frentes que están ahí abiertos y que si no se resuelven convenientemente pueden acarrear problemas. Frente al primero, los colegios de ellos deben convertirse en garantes de la calidad, tienen que promover la formación permanente y huir del corporativismos. Si a España llega un profesional extranjero- -igual que si un español va fuera- -no hay que cerrarle las puertas. Hay que garantizar su calidad, comprobar que responde a unos estándares previos y si los cumple, adelante complicada, pues los empleados tóxicos suelen arrojar grandes resultados profesionales, siendo sus víctimas quienes bajan notablemente el rendimiento. Para luchar contra el impacto de estos trabajadores, la consultora Otto Walter presentó hace escasas fechas el informe ¿Cuáles son las conductas más desquiciantes de los empleados tóxicos? Lo que los jefes no pueden contar de su día a día en el que se recogen las opiniones de 600 directivos y mandos intermedios de empresas de nuestro país, y en el que se analizan los problemas provocados por estos profesionales del desorden como los ha definido Paco Muro, responsable del estudio. A grandes rasgos, existen siete comportamientos que pueden servir para identificar a los empleados tóxicos primer paso para solucionar posibles conflictos. La conflictividad y el escaqueo son dos de los principales actitudes de estas personas. Así, un 62 de los encuestados denuncian a los holgazanes la mitad de los cuales pierden el tiempo intencionadamente En tercer lugar se sitúan los incompetentes mientras que los que se dedican al fraude se encuentran inmediatamente después. La pérdida de tiempo, la desacreditación de los jefes y la arrogancia son otros aspectos subrayados. Para, Javier Prado, director de desarrollo de Adecco, si la empresa no tiene mecanismos que detecten este tipo de disfunciones, la clave definitiva está en la denuncia de los compañeros Algo complicado por el corporativismo mal entendido, nadie quiere aparecer como un chivato Frente a esto, Prado aboga por garantizar la confidencialidad puesto que un empleado en conflicto termina haciendo peores profesionales al resto En opinión de los responsables del informe, si se logra eliminar al tóxico, florecen las virtudes del resto del equipo. Pero, si se mantiene a un individuo de esas características, a la larga, el despido sale más caro y los jefes hacen un ridículo absoluto, pagando un coste de liderazgo y credibilidad que se podían haber ahorrado Algo similar a lo que hoy debe andar preguntándose Ron Dennis. Denuncia y confidencialidad Si no estás contento, hay vida fuera de la empresa Vanesa trabajaba en una residencia de la Tercera Edad en un pueblo de Huelva. Durante cuatro años, ella y sus compañeros tuvieron que soportar maltratos e insultos por parte de una de las auxiliares. El caso se complicó aún más cuando los responsables del centro nombraron a dicha auxiliar jefa de equipo. La situación se volvió insostenible afirma Vanesa, quien recuerda cómo pese a avisar de su forma de ser, nadie nos hizo caso ¿El resultado? Cuatro años después, la mayor parte de las auxiliares del centro terminaron por presentar su renuncia. Preferimos el paro a seguir soportando el mal ambiente laboral indica Vanesa. La empleada tóxica por su parte, continúa en su puesto. Para Javier Prado, las empresas tienen la obligación de crear herramientas, políticas y procesos que provoquen que tanto empresa como colaborador tengan la oportunidad de decirse qué esperan el uno del otro, y si una de las partes se siente defraudada en la satisfacción de las expectativas, reaccionar a tiempo para encontrar alternativas Porque, como señala el director de desarrollo de Adecco, si no estás contento, hay vida fuera de la empresa. No hay por qué amargar la vida a terceros, ni compañeros ni clientes