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10 ESPAÑA www. abc. es LUNES 12- -11- -2007 ABC El Rey refuerza, con su réplica al ataque de Chávez, su papel como Jefe del Estado La cumbre de Chile y las visitas a Ceuta y Melilla agotan la campaña antimonárquica de los últimos meses BLANCA TORQUEMADA MADRID. Con sólo cinco palabras ¿Por qué no te callas? se ha culminado el desbroce de la cizaña sembrada en los últimos meses alrededor de la figura del Rey, objeto de ataques espurios desde que los zapadores del sistema barruntaron que la Transición queda ya lejos y resulta fácil ensuciarla. Don Juan Carlos, reconocido en todo el mundo como figura de primera magnitud desde el intento de golpe de Estado del 23- F, ha sabido ahora sobreponerse y salir reforzado de una feroz campaña de descrédito a dos bandas (lanzada, por un lado, desde un flanco izquierdo amancebado con los más conspicuos separatistas, y, por el otro, desde el cinismo ultramontano de cierta derecha) para consolidarse como el más sólido referente de nuestro Estado de Derecho. Así lo demostraba, en la jornada de ayer, el hervidero de mensajes de apoyo a Su Majestad en el que se convirtieron los numerosísimos foros de internet en los que se daba cuenta de la intervención del Monarca en la última jornada de la cumbre iberoamericana. Su inapelable respuesta al adanismo populista de Chávez, aclamada sin apenas fisuras por los internautas (por los ciudadanos, en definitiva) se convertía en el broche idóneo para una semana de desagravios en la que ha sido el propio Don Juan Carlos quien se ha puesto al timón para, primero con la visita a Ceuta y Melilla, y después con su inequívoca defensa de los intereses españoles en Santiago de Chile, reivindicar la Nación, y, con ella, su papel como Jefe del Estado. La tormenta antimonárquica arreció hace unos meses cuando el discurso buenista del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero intentó minimizar, repetidamente, la importancia de los ataques al Rey y la quema de sus retratos a cargo de los maulets secesionistas de ERC. En ese momento, el Ejecutivo dejaba al descubierto sus vergüenzas (las de sus pactos de legislatura) que le vienen forzando, repetidamente, a Tres momentos esenciales que refuerzan la figura del Rey en la campaña antimonárquica. En una cena previa al Día de la Fiesta Nacional, el Rey lamenta el clima de crispación en torno a su figura (arriba, a la izquierda, junto a Esperanza Aguirre) veinte días después, realiza una histórica visita a Ceuta y Melilla, y reivindica la españolidad de ambas plazas (arriba) finalmente, para los pies a Chávez cuando éste atacaba a España (a la izquierda) El buenismo de La Moncloa hacer la vista gorda ante los excesos de sus socios. Como daño colateral, la paupérrima y lamentable respuesta gubernamental ante esta ofensiva separatista envalentonaba a supuestos paladines de España que convertían su patriotismo en un pingüe negocio, con las necesarias cuotas de ruido y polvareda a costa de sacudir al Rey por su supuesta pasividad ante el desmembramiento nacional. Nada más lejos de una visión de la realidad sosegada y ecuánime, pues el jefe del Estado se ha atenido a su función moderadora y representativa en todo momento. Pero, pese a ello, a finales de septiembre, el locutor Federico Jiménez pide la abdicación del Monarca. Sin aspavientos pero sin apartarse en ningún momento del pulso de los acontecimientos, el Rey aprovechó la solemne inauguración oficial del curso universitario en Oviedo, el pasado 1 de octubre, para reforzar en su discurso la defensa de la propia Institución: La Monarquía parlamentaria que sustenta nuestra Constitución- -dijo Don Juan Carlos- -ha determinado el más largo perio- do de estabilidad y prosperidad en democracia vividos por España Una afirmación irrebatible que generó, sin embargo, un nuevo debate: el propio José Luis Rodríguez Zapatero se empeñó en descafeinar esas palabras al estimar que el Rey las incluye en muchos de sus discursos a espaldas de que este tipo de consideraciones (si bien es verdad que no son raras ni excepcionales en las intervenciones públicas de Don Juan Carlos) en esa ocasión fueron enunciadas con una nitidez explícita que quería ser un aldabonazo y un lla- mamiento a la estabilidad en un momento crucial debido al acoso que estaba recibierno las institución monárquica. En la celebración de la Fiesta Nacional, el pasado 12 de octubre, un nuevo episodio, filtrado a la prensa, contribuye a enrarecer el ambiente. Durante la cena de gala de la víspera, el Rey, como anfitrión, lamenta ante sus invitados el clima de crispación en fecha tan señalada. El comentario suscita una respuesta de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Espe- La víspera del 12- 0