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ABC DOMINGO 11- -11- -2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 83 Jorge M. Reverte Escritor ADIÓS AL MEJOR DOCUMENTALISTA Y a en 1973, cuando sólo contaba con cincuenta años de edad, la que es una edad corta para todos aquellos que no sean Mozart y se dediquen a la creación, Woody Allen se mofaba del ego de Norman Mailer. Yo no soy un fanático de Allen, aunque le reconozca su talento, pero creo que Mailer tenía razón en tener un ego priápico. Porque había escrito algunas cosas de esas que dejan huella. Yo recuerdo que la primera (porque la he leído varias veces) lectura que hice de Los desnudos y los muertos me provocó un auténtico choque intelec- tual. Aquel tocho que devoré en pocas horas era uno de los textos más capaces de alterar mi sensibilidad de lo que había probado hasta el momento. Lo importante es que, años después, cuando insistí en su lectura con el ánimo de liquidar su influencia en mí, resultó más poderoso todavía. Aquello era mucho más que una novela, era una narración que provocaba sentimientos y sensibilidades de una envergadura tal que se quedó grabado en mi cabeza de forma indeleble. No voy a exagerar diciendo que aquella experiencia de lector se aproximara a Lev Tolstoi en Guerra y paz, pero había algo en común entre ambas novelas: la de mostrar la hondura de los sentimientos de muchos personajes distintos, la capacidad del paisaje para ignorar a los hombres, el discurso del tiempo, la influencia de los orígenes sociales, el lenguaje de cada uno, que las hacían convertirse en una experiencia vital. Mailer escribió alguna obra maestra más: La canción del verdugo, desde luego. Y ensayos nada despreciables, sobre todo, Los ejércitos de la noche, en los que la literatura aparece de una forma elíptica pero fundamental; o sea, la forma de contar las cosas y las gentes. No es imprescindible hacer comparaciones, pero a mí me parece pertinente en este caso. Creo que uno de los más importantes escritores norteamericanos del siglo XX fue Truman Capote. Pero también creo que existe una diferencia abismal en su apuesta por la literatura documental entre la de Capote y la de Mailer. Es una diferencia que atañe a la decencia. Mailer consiguió en Los desnudos y los muertos y en La canción del verdugo, daros un punto de vista moral que Capote, magistralmente, convirtió en inmoral en A sangre fría. De otras cosas hablaremos en otro momento. Porque, desde mi punto de vista no ha muerto uno de los mejores novelistas americanos del siglo, sino el mejor novelista documental. Mailer echa un pulso a Muhammad Ali en 1965, en un hotel de San Juan de los libros más inmensos que se hayan escrito sobre boxeo, un libro que es un canto del deporte como épica de la agonía, un libro que es un modelo de nuevo periodismo, un libro que relata la lucha que sostuvieron en Zaire Muhammad Alí y George Foreman por el título mundial de pesos pesados a quince asaltos, un libro que me fascinó toda la vida, a mí, que no gusto del boxeo. Tal ha sido el poder de su literatura. Bueno, de El combate y sus biografías, que no se diferencian en nada de este libro sobre el endiosamiento de Cassius Clay. La que dedicó a Marilyn Monroe, despachándose a gusto contra Arthur Miller y, de paso, desagraviándonos a los demás al hacernos confesar que todos teníamos envidia del dramaturgo, incluso le veíamos sus miserias porque fue el AP Juan Ángel Juristo Crítico LA ESCRITURA CORPORAL uando me he enterado de su muerte lo único que me ha venido a la memoria- -a la memoria de lector, la única fiable- -es el brutal, intenso, sentido físico que tenía su estilo, casi escultural, y de tal manera que siempre guardé esa sensación de su literatura no sólo por su primera novela, sino sobre todo por The fight, que aquí se tradujo por El combate, uno AP C único que logró casarse con la diosa; la que hizo del joven Picasso, donde lo físico, lo sexual, resalta como una fuerza determinante en el pintor español; la de Lee Harvey Oswald, un canto a los años kennedyanos que posee la melancolía de toda literatura volcada en imágenes corporales inolvidables. En esto fue el digno sucesor de Papá Hemingway, otro fascinado por el boxeo pero que logró sus mejores páginas escribiendo de pesca y toros. Cuando éramos reyes, se titula el documental que recogió aquel combate y donde Mailer aparece como uno de los caballeros custodios de aquel evento. Hoy bien puede decirse que fue uno de los reyes, junto a esos dos monstruosos boxeadores. Sólo que entonces no lo sabíamos.