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ABC DOMINGO 11 s 11 s 2007 ESPAÑA 25 PASEMOS PÁGINA Por fortuna, los populares, con algunas excepciones, han advertido al cabo que no era acertado comprometerse en exceso con la tesis de la conspiración blica del deterioro económico o el desgobierno creciente. El más diligente en decir lo que más le valiera haber callado ha sido José María Aznar. La ejecutoria política aznarista, brillantísima en muchos aspectos, ha quedado velada por la desastrosa gestión que se hizo de la crisis entre el 11 y el 14 de marzo. El ex presidente no ha salido del pasmo, como tampoco González salió del suyo tras el naufragio provocado por el GAL. El caso es penoso, si se quiere. Pero saltar de estas constataciones modestas, a la conclusión de que el PP se ha rebelado corporativamente contra la sentencia, raya en lo grotesco. Por fortuna los populares, con algunas excepciones, han advertido al cabo que no era acertado comprometerse en exceso con la tesis de la conspiración. Por dos razones. La primera, es la propia debilidad de la tesis. Los vanos que ha dejado la instrucción del sumario no autorizaban el itinerario bis que se han entretenido en tejer los urdidores de contubernios y misterios. Todos nos hemos dedicado alguna vez, lápiz en ristre, a unir los puntos en que está prefigurado el perfil de una casa o de un animal. Todos sabemos que la reconstrucción será tanto más libre, cuanto menor el número de puntos. En último extremo, es decir, cuando sólo se nos propone un punto, podremos dibujar lo que nos venga en gana: un oso pardo lo mismo que la torre Eiffel. Los maquiavélicos, hasta Álvaro Delgado- Gal n las películas de terror, la bicha espantable no se muere nunca de una vez. Antes del óbito definitivo nos sorprende con espasmos, pataletas, y galvanismos estertorosos. Tal ha ocurrido con la tragedia del 11- M tras el fallo de los tribunales. Al PP se le ha escapado más de una observación inconveniente. Y el PSOE y sus terminales han intentado convertir esas efusiones flatulentas en una ópera de Wagner. La reacción socialista resulta por entero comprensible- -no confundamos comprensible con justificable Lo que más conviene al Gobierno, y menos a la oposición, es empedrar el camino que nos falta hasta las elecciones con historias que aparten la atención pú- E Lo que más conviene al Gobierno, y menos a la oposición, es empedrar el camino hasta las elecciones con historias que aparten la atención pública del deterioro económico o el desgobierno creciente donde se me alcanza, se han dedicado a dibujar la torre Eiffel, o mejor, el castillo de Drácula. O sea, hipótesis espantosas, hipótesis que, de ser ciertas, condenarían por siempre, irreversiblemente, al rival político. Esta consecuencia infausta, es la segunda razón por la que ha sido un error no atajar desde el comienzo las especulaciones alocadas. No es lo mismo basar la oposición en discrepancias inspiradas en los apartados que componen una agenda política normal, que enzarzarse a propósito de una cuestión literalmente apocalíptica. Las cuestiones apocalípticas sólo admiten soluciones apocalípticas. Constituyen un semillero de discordias que habrán de ventilarse, a la postre, a través de la violencia. Ello sentado, mueve a enojo la falta de integridad con que la izquierda está explotando los desfallecimientos, más pretéritos que presentes, y nunca totales, del PP. El PSOE, recordémoslo, levantó también un castillo draculino entre el 11 y el 14, un castillo desde el que pudo organizar la derrota de la derecha; asistió impertérrito a las manifestaciones montadas ante las sedes populares; y no ha tenido el decoro de condenarlas, según consta en las actas del Congreso. El daño gigantesco que todos estos episo- dios causaron a la democracia, habría podido paliarse con una sabia política de reconciliación. Se ha verificado justo el proceso inverso. El PSOE ha mantenido viva la tesis de una confabulación programada desde las covachuelas del último gobierno Aznar; ha seguido cultivando la teoría mendaz de que existe una relación causal entre el atentado y la invasión de Irak; y ha desplegado una política de marginación de la derecha que entraba en sintonía explosiva con el mensaje implícito de que aquélla es proclive a coquetear con tácticas golpistas cuando intuye que su permanencia en el poder está en peligro. ¿Y el buen pueblo? ¿Qué ha hecho el buen pueblo, por emplear una expresión extraída del Antiguo Régimen? Una parte, la más adicta a la cadena de radio que todos conocemos, ha seguido con pasión el thriller cocinado por los maquiavélicos. Otra parte se ha alojado en los lugares comunes consagrados por el PSOE durante los días imperdonables. Y el resto, que es la mayoría, se ha dedicado a pensar en sus cosas. Mientras tanto, los profesionales porfiaban en deshacer el tejido civil. Las democracias mal gobernadas ofrecen analogías inquietantes con el Antiguo Régimen.