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ABC DOMINGO 11 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL REY EN SU SITIO AY momentos de la vida española en los que, cuando todos se ausentan, cuando nadie está en su sitio, cuando lo que debería funcionar no funciona, aparece el Rey. Con su autoridad moral y su jerarquía histórica manda, templa y para. Para un cuartelazo de unos militares sonacas, templa el desconsuelo de las víctimas del terrorismo o el diapasón crispado de una política fratricida, y manda callar a un gorila botarate que está insultando a un expresidentede España. Cuando el Gobierno se pierde o se achica en un mundo que su inepcia vuelve cada vez más anIGNACIO cho y ajeno, allí está el Rey. CAMACHO Cuando se necesita una mediación silenciosa o un arbitraje discreto que acolche un conflicto institucional, allí está el Rey. Cuando urge una gestión para que se ponga al teléfono alguien que no se lo descuelga a Zapatero, allí está el Rey. Cuando el Estado necesita una figura de prestigio que le otorgue la solvencia perdida en una política de vuelo pequeño y triste, allí surge el Rey como ultima ratio para sostener el respeto, el honor y la autoestima de una nación zarandeada. Pero por más orgullo que esto produzca, por más serenidad que el quite real aporte a una mermada acción de Estado, por más ascendiente que la Corona se gane entre una ciudadanía que la valora muy por encima de la clase dirigente, las cosas no deberían ser así. La defensa de los intereses de España corresponde al Gobierno de España. La protección de la dignidad de los españoles es una responsabilidad delGobierno que los españoles hemos elegido. Y si un golpista bananero insulta a una personalidad española, o si un grupito de dictadorzuelos mal reciclados descargan su matonismo chantajista sobre los intereses de las empresas españolas en América, o si un racimo de demagogos populistas se ciscan en el nombre de España para granjearse las simpatías de una chusma exaltada, el que tiene que poner pie en pared es el Gobierno de España. El que tiene que mandarlos callar es el presidente del Gobierno de España, al que se le llena la boca hablando del Gobierno de España, pero que se pone estupendo con el talante y las buenas maneras y los rodeos balbucientes de tolerancia, diálogo y buen rollito cuando se trata de defender al anterior presidente del Gobierno de España. Y claro, pues queda el Rey. Para levantar el dedo y decir tú te callas Para irse de una mesa en la que un puñado de fantoches con guerrera, a los que nuestra diplomacia acostumbra a tratar con una humillante deferencia, ofende la honorabilidad de unanacióndemocrática, de sus empresarios y de sus dirigentes públicos. Para erigirse en referencia de respeto. Para poner al país, con un par, en el sitio en el quenolo sabe situar su Gobierno. Y ahora que vengan los tiquismiquis ventajistas o los fanáticos victimistas a sugerir que no pinta nada, a prenderle fuego a su retrato o a protestar de que no lo hemos elegido. Que sí lo elegimos: fue refrendado en la Constitución vigente. Ése no es el problema. El problema consiste en que a los que de verdad hemos votado para representarnos no saben estar a la altura que les corresponde. H EL RECUADRO EL MEJOR POETA POPULAR DE ESPAÑA SCRIBIÓ, y usted se sabe esos versos hasta con música, que en Sevilla hay una casa y en la casa, una ventana. Lo que no escribió Rafael de León y Arias de Saavedra, conde de Gómara y marqués del Valle de la Reina, autor de Ojos verdes de Tatuaje y de todos los fustes, columnas, arquitrabes, tímpanos y metopas del Partenón de la canción, es que en Sevilla hay una calle que se llamó de antiguo de los Pergamineros, y luego San Pedro Mártir, y que en esa calle hay una acera, la de los pares. Y que en esa acera, con 34 años de diferencia, nacieron los dos mayores poetas populares del siglo XX español: en 1874, en la parte más cercana al Museo, nació Manuel Machado; en 1908, el 6 de febrero, en la parte más cercana a La Magdalena, Rafael de León. Juan Ramón Jiménez murió entre los flamboyanes en flor de Puerto Rico con el deseo de que Sevilla fuera nombrada Capital Universal de la Poesía. El destino escribió, en la antigua calle Pergamineros precisamente, el mejor diploma. No sé si Sevilla será Capital Universal de la Poesía. Pero esa acera de la calle San Pedro Mártir, entre el Museo de Triniá donde a diario iba Juan Miguel a copiar las maravillas de ANTONIO Murillo y Rafael, y la iglesia de la MagdaBURGOS lena, como se llamaba la cañí muy juncal de la que Jesús el platero fue amante rendido, sí es, desde luego, el Nacimiento del Río de la Mejor Poesía Popular Española. Como Asia a un lado y al otro Europa en la canción de Esponjead, Manuel Machado a un lado y Rafael de León al otro vinieron allí a este aire sevillano vestido de hermosura y luz no usada en los poemas que escribieron. Inadvertido pasó el centenario de Manuel Machado, aunque Jorge Luis Borges se preguntara, como algunos nos seguimos preguntando, si Manuel Machado tuvo un hermano. Mucho me temo que con los tiempos que corren, más inadvertido pase el de Rafael de León en esta España donde paradójicamente tantos se han quedado interesadamente con la copla, y con el manso de la copla, con los dineros que rentan sus canciones... Mucho me temo que igual que padecimos el hartazgo del Año Lorca nunca llegue- E mos a gozar el Año Rafael de León, autor de esos miles de canciones que endulzaron la vida de una España amarga y que aún siguen llevando belleza al MP 3, como antes a la radio de cretona. Y autor de una importante obra poética luego musicada en gran parte, donde sus sonetos del amor oscuro a los muchachos en flor los echo yo a pelear con los de García Lorca, que a ver quién gana. Rafael de León fue en vida despreciado por los poetas oficiales de su tiempo. Aunque pasó la guerra cautivo en Barcelona, entre una cheka y una prisión, por el terrible delito de ser liberal, monárquico e hijo de marqués, fue perdedor entre los vencedores de la cultura oficial del franquismo. Los poetas imperiales de Escorial y Garcilaso lo despreciaban. Y su propia clase social lo repudiaba, por su libre opción sexual. Aun siendo el mayor de su casa y heredero de los títulos nobiliarios, nunca fue admitido como maestrante en Sevilla. Rafael de León ganó mucho dinero con sus canciones musicadas por Quiroga o Solano, pero sufrió muchos desprecios, vejaciones y amarguras en vida. Me los confesó en 1980, cuando me confió el honor de preparar su primera biografía y la primera antología de sus poemas y canciones, la única que vio en vida. Se murió, por ejemplo, con la pena de que, a pesar de los deseos del alcalde andalucista Luis Uruñuela, aquella Sevilla cuyo nombre nunca se le cayó de los labios nunca lo nombrara Hijo Predilecto. Los socialistas y comunistas, que formaban el primer tripartir municipal con el PA, se negaron en rotundo. ¿A un marqués monárquico coplero y además mariquita- -dijeron entonces- -vamos a hacerlo Hijo Predilecto? ¿Dónde está- -se preguntaron- -el compromiso social de su poesía? Pues estaba, hijos míos, en la grandeza de sus coplas, que vuestras madres os cantaban y vuestras hijas siguen cantando. La España a la que Rafael de León le ponía los nombres de Andalucía y de Sevilla le debe en el centenario que se acerca la conmemoración de un gran homenaje popular y culto, a sus poemas y a sus canciones, a su figura. ¿No estamos con la Memoria Histórica? ¿Que más memoria queréis que las coplas con las que Rafael de León fue escribiendo, a la lima y al limón, las penas y alegrías de nuestra propia Historia?