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10- 11 S 6 LOS SÁBADOS DE a pasear- -lo ideal son 45 minutos enérgicos- -hay que salir antes que él, que siempre quede claro quién manda... Pero aunque su amo mande ellos están al quite y acaban conociéndonos más que nosotros mismos a su manera: Nos dan cien vueltas. Aunque los humanos conocemos a los perros, por comodidad o por interés nos hacemos los tontos y al final pueden convertirse en animales maleducados. Insisto en que hay que darles mucho amor, pero también necesitan disciplina y mucho ejercicio. Es importante valorar la energía de un perro antes de incorporarlo a nuestra vida para que no sufra y saber que necesita actividad. De todas formas, los perros nos dan muchas lecciones de integridad y lealtad. Forman parte de su naturaleza y los humanos las utilizamos mucho, pero sólo de boquilla en muchas ocasiones. En ellos no es cuestión de buenas palabras, sino de actitud LUGAR DE LA VIDA Camille Claudel unca había tenido delante unas esculturas que hicieran llorar como las de Camille Claudel. Estás delante de la versión en yeso de Sakountala que está mutilada porque la arrumbaron durante años en los sótanos de un museo como si nadie se hubiera apercibido entonces de la enorme tristeza y ternura que destila aquel gran yeso en el que dos amantes se reencuentran después de muchos años y se perdonan y se medio besan y se medio abrazan, y están desnudos y tienen un pie roto y parece que lloran aunque no se vea esculpida ni una lágrima en yeso ni después en mármol blanco. Es la escultura, toda ella, la que destila esa pena, esa inmensa tristeza del sueño imposible que Camille Claudel toca con sus manos. Es toda ella, con sus manos, fuerza. Como le asoma también en la barba de bronce, que parece un mar embravecido, en el busto que le hace a Rodin. Me parece algo único, la obra de Claudel, poder verla así, toda junta, desde el principio, cómo va cambiando, cómo nace y muere y renace, en los ojos de una niña que, asombrada, vuelve a mirar al mundo tras su propia muerte en vida. Porque esta mujer murió en vida al enamorarse de un genio al que idolatró hasta la locura y es al morir cuando nace con esa niña del castillo y luego con todo lo demás, y La edad madura en la que un anciano al que la vejez se lleva, tiene a una joven suplicando en el suelo que dicen que es la juventud, pero estoy con el hermano de Claudel en que es ella. Da pena toda la escultura, como dan pena las pequeñas piezas que hizo para poder seguir viviendo, la colección de Las chimeneas en las que, sin embargo, está también su genialidad, en la manera en la que una mujer se arrodilla para llorar al amor del fuego. Caminas por el salón de exposiciones de la Fundación Mapfre con el corazón en un puño, preguntándote casi con rabia si no fue absurda aquella obsesión por su amor y su obra, hasta que descubres en el pedestal, bajo los amantes que lloran sin lágrimas, su nombre un poco tembloroso, como si estuviera sollozando mientras lo esculpía: CAMILLE CLAUDEL. Y cuando sales a la calle en Madrid para buscar un taxi, comprendes, alegre y dolorosamente, que mereció la pena. N Mónica FernándezAceytuno Lo último: bailar (sin sonido y sin alcohol) en sitios escogidos iPod party... Bailar con las orejas Es el mobile clubbing Citas por internet congregan a grupos de jóvenes con sus iPods en lugares donde una fiesta estaría prohibida, pero nadie puede echarles porque la suya es una party silenciosa TEXTO: EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL EN LONDRES FOTOS: DAVID SALAS ABC l personal de seguridad de la Tate Modern, el principal museo de arte contemporáneo de Londres, se sorprendió de que tanta gente comenzara a concentrarse dentro del edificio al final de un viernes. Las sospechas de que algo iba a pasar se acrecentaron cuando, a punto de dar las siete de la tarde, decenas de personas rezagadas entraron corriendo para reunirse con las demás. A las 19.01 hubo la respuesta: todos comenzaron a bailar al mismo tiempo, cada uno con los auriculares de su reproductor MP 3 en los oídos. La imagen- -de hace unas semanas- -bien podía ser una instalación ideada por alguno de los artistas que exponen en la Tate: gente moviéndose a diferentes ritmos (cada cual con su propia selección de música) y en silencio. Eso les pareció a algunos visitantes que llegaron entonces al museo, conocedores de las extravagancias de sus galerías. Luego, en vista de que tal masa de gente no iba a ser lanzada a la calle, los congregados comenzaron a dar gritos al unísono de vez en cuando, animándose unos a otros. Y todo eso sin alcohol, pues la presencia de botellas o latas de cerveza habría aumentado el riesgo de desalojo. E Ese día fue en la Tate, otra vez anterior ocurrió a las puertas de la catedral de San Pablo, y también el vestíbulo de la estación de King s Cross ha sido escenario de esas convocatorias sorpresa. El mobile clubbing se ha puesto de moda para hacer amigos, bailar tu propia selección de música y hacerlo sin sentido del ridículo porque otros también se mueven sin que los demás oigan sus sones, gozar con la transgresión de montar una fiesta en un lugar insospechado, no tener que pagar entrada para divertirse y quedar con gente con la que luego marchar de convencional clubbing Una de las webs desde las que se organizan estas citas es dontstayin. com página en la que luego se cargan fotografías del evento. Ocupar vuestro sitio y sonreír a los otros clubbers en el momento en que el reloj marque las siete y un minuto, comenzad a bailar como nunca lo habíais hecho antes. Pasad la voz decía el mensaje previo colocado en la web. Por fin va a haber algo digno de verse en la Tate advertía un tal media barba medio dj mientras que Big D se quejaba de no poder entrar alcohol en el museo: no va a ser lo mismo sin una buena botella de tinto