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ABC SÁBADO 10 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA DE ALLÍ A LA ETERNIDAD E murió esta semana en el silencio de la soledad íntima de esos hombres que de repente se cansan de vivir y se abandonan calladamente al sueño eterno. Y eso que fue siempre un vividor, un aventurero experto en apurar a fondo los tragos de la existencia, acostumbrado al latido y excitante intenso del azar. Vivió mucho, bebió mucho, escribió mucho, amó mucho. Y además bien; de su pluma salió el guión de alguna de las mejores películas del siglo XX, y en sus brazos se derritió la belleza abismal de una de las mujeres más hermosas de ese tiempo vencido. Se llamaba Peter VierIGNACIO tel. Sobrevivió a la guerra, CAMACHO a las fieras de África, a la vanidad de Hollywood y hasta a la vulgaridad aplastante de la Marbella en que había exilado su talento, pero no pudo trascender a la melancolía y el desamor forzoso de la viudez. Su esposa se perdió hace veinte días en la pavorosa bruma de un Parkinson sin retorno, y él se fue a buscarla más allá de las sombras en un conmovedor gesto de terminal ternura; se ha marchado detrás de ella en busca de los recuerdos, de las pasiones, de los días perdidos y ardientes del esplendor en la hierba y la belleza en las flores. Se ha ido siguiendo la estela de polvo de una estrella. No una estrella cualquiera: la suya era Deborah Kerr. En los días luminosos en que Marbella era un espejo europeo del Tánger cosmopolita y tardocolonial de Bowles, Viertel y Deborah Kerr vivieron su serena pasión crepuscular entre un fondo de buganvillas y jazmines que perfumaban las noches del Mediterráneo. Eran los tiempos del Príncipe Alfonso y de Pepe Carlenton, cuando Jaime de Mora tocaba el piano en los boliches y Onassis atracaba su yate en un Puerto Banús que aún no había visto fondear a los jeques del Golfo. Gil apenas si era aún un triste presidiario, y esta pareja ya venía de vuelta de las alfombras rojas de esa California cuyas colinas floreadas se parecían remotamente a las de la Sierra Blanca. Él escribía al sol de la costa y ella remansaba entre las suaves olas de Los Monteros el huracán erótico de un célebre revolcón playero con Burt Lancaster que la había proyectado en la inmortalidad del mito. Ese tiempo ya nunca volverá; se lo tragó un agujero negro de corrupción y vulgaridad que transformó un paraíso que olía a damas de noche en una gris república bananera apestada por un potente tufo a sobornos gansgteriles y pringue de bronceador barato. Quizá por eso se han ido los dos juntos en pos de una eternidad silenciosa donde el tiempo no pese ni la belleza se marchite ni el genio naufrague en océanos de banalidad gritona y chapucera. Donde nunca degeneren los sueños ni se empequeñezca la esperanza. Donde la honda melancolía que empañaba sus claras miradas de ancianos escépticos se desperece en una risueña claridad sin nubes, en un horizonte sin grúas, en un trago sin fin o en un baile sin más música que las de una vieja complicidad enamorada. Que se callen por un momento las hienas de la crispación, que dejen de ladrar los perros de la discordia, que se apague el ruido estúpido de este infernal carrusel de exaltados: un minuto de silencio por el recuerdo de una época en la que aún había lugar para la elegancia del espíritu. S EL ÁNGULO OSCURO ALGOREANDO EN EL MATRIX PROGRE ER progre consisteen tener siempre razón; si la realidad te lleva la contraria, peor para la realidad. Como los sastres de la fábula, el progre viste de aire al rey y lo pasea desnudo por las calles, concitando las muestras de arrobo del populacho, que aplaude a rabiar sus habilidades indumentarias. Y, ¡ay de quien se atreva a denunciar la desnudez del rey! De inmediato, el progre lanzará sus anatemas contra el osado, lemontará una ordalía, lo desterrará a los márgenes de la sociedad, allá donde acampa la gentuza que nose avienea comulgar con ruedas de molino. A veces, las ruedas del molino progre son tan aparatosas e indigestas que hacen falta para embucharlas unas tragaderas como las de la prota de Garganta profunda pero quien no las tiene las finge y santas pascuas. El progre afirma, por ejemplo, que los biocombustibles son ecológicos y que son la energía alternativa del futuro; y no hay quien rechiste. Ahí tenemos al brasileño Lula da Silva, que está arrasando la selva amazónica para plantar soja a troche y moche y ha conseguido erigirse en paladín del medio ambiente sin despeinarse, el tío. El progre ha instaurado una nueva realidad paralela que nadie osa rebatir, una suerte de Matrix donde se puede viJUAN MANUEL vir plácidamente, con la condición de que DE PRADA no la pongas en entredicho. Pero el Matrix progre es mucho más elaborado que el urdido por los hermanos Wachowsky en su célebre trilogía: allí aún había la posibilidad de rebelarse contra los fabricantes de espejismos; en el Matrix progre, los fabricantes de espejismosposeen la habilidad de aparecer como redentores de la humanidad. Ahora el gran fabricante de espejismos del Matrix progre se llama Al Gore. El gurú del cambio climático es, desde luego, un tipo con una jeta de feldespato: hace apenas unos años, fue vicepresidente de un gobierno que se negó a firmar los protocolos de Kyoto; y hoy tiene redaños para exigirnos que apaguemos antes de acostarnos ese botoncito de la tele que cierra el flujo de corriente. Pero en el Matrix progre las hipocresías más chirriantes pueden pasar inadvertidas. También a los palurdos que, allá en los siglos más S oscuros del medievo, escuchaban las prédicas tremebundas de cualquier charlatán que les auguraba calamidades sin cuento si no renegaban de la lujuria les pasaba inadvertido que luego el charlatán, con el dinero recaudado en la prédica, se corriera una juerga en el burdel del pueblo vecino; o tal vez lo advirtiesen, pero consideraban que el charlatán estaba en su derecho a contradecirse. Al Gore, gran fabricantedeespejismos delMatrix progre, pretendequeapaguemos ese botoncito de lateleque cierra el flujode corriente antes de acostarnos, pero luego cobra doscientos mil pavos por endilgarnos su cháchara apocalíptica, dinero que talvez apoquineuna multinacionaleléctrica. Ynohace falta decir que Al Gore se desplaza por el Matrix progre en avión privado; pero hemos de pensar que su avión privado no gasta queroseno, tal vez funcione con soja, o a pedales. En su turné española, el gran fabricante de espejismos del Matrix progre ha dejado apóstoles convencidos y dispuestos a propagar sus embelecos, por supuesto mientras llenan la buchaca. En esto no hacen sino imitar a su maestro: y es que el progre ha descubierto que la explotación de la mala conciencia de la gente sometida, capaz de comulgar con las ruedas demolinomásaparatosas o indigestas, constituye un negocio pingüe. En la fábula del rey desnudo, los sastres se conformaban con pegarle un sablazo al mentecato que luego se pavoneaba en porreta ante sus súbditos; en elMatrix progre, los fabricantes deespejismos no sóloreclaman nuestra adhesión (que es un acto de fe, puesto que se trata de creer en lo que no vimos) sino también nuestro dinero. Quieren quenos mantengamos castos, quieren culpabilizarnoshasta porlostocamientosmás veniales (elbotoncito de la tele encendido) pero sobre todo quieren que demostremos nuestra contrición apoquinando, para que ellos puedan luego correrse su juerga en el burdel del pueblo vecino. Ellos saben bien que el dinero no florece en los campos que tan idílicamente celebran en sus odas ecológicas; pero, con tal de que el flujo de dinero no cese, ya puede perecer el mundo. Después de todo, ¿quién dijo que desearan salvarlo? El único mundo que les importa es el Matrix progrequehan creado, elMatrix progrequelos palurdos como usted y como yo sostenemos con nuestras tragaderas. www. juanmanueldeprada. com