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ABC JUEVES 8 s 11 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA LA CEBOLLA N jeque del Golfo Pérsico decide subir el precio del barril de petróleo hasta los casi cien dólares y pocos días después un ama de casa de Leganés o de Dos Hermanas ha de pagar el kilo de cebollas un veintidós por ciento más caro. En la economía cotidiana el efecto mariposa provoca auténticos terremotos a distancia, no siempre bien explicados ni explicables, sobre todo si los encargados de dar las explicaciones son los políticos. El presidente del Gobierno, que desconocía el precio de un café, no sabe descifrar la causa de la subida del pollo (tres euros IGNACIO el kilo) las naranjas, los toCAMACHO mates, los huevos o el atún en lata. Los gobernantes tocan un timbre para pedir una ensalada, y se la sirve en el despacho un camarero de guantes blancos en cuyo sueldo sí repercute el alza de la cesta de la compra. Las dos tardes del profesor Sevilla no daban para entender por qué se desbocan los alimentos mientras sube la Bolsa, de modo que Zapatero abre su sonrisa elástica para responder a una oposición encabronada que le interpela por el precio de las salchichas y los yogures, como Fraga clamaba por los garbanzos. Sea usted más feliz es la receta buenista del presidente a un senador quisquilloso que lleva en el bolsillo la lista de la caja del hipermercado. Be happy. Y cómo demonios puede ser más feliz un ama de casa a la que se le pone cuesta arriba el litro de leche y cuesta abajo la pensión o el sueldo de mileurista. A la alta política no le gustan las cuestiones pedestres, esa clase de problemas sencillos y concretos para la que los dirigentes suelen carecer de respuestas porque contradicen la retórica de la macroeconomía. Por eso cada vez se les ve menos por los mercados, donde antes iban a hacer populismo de campaña. Ahora no se quieren arriesgar a discutir con un pescadero. El debate de los presupuestos es un fárrago de conceptos que la gente común no entiende, y si los entendiese daría igual porque a los ciudadanos que van al súper les importan una higa los déficits de caja: ya sufren el suyo propio a la hora de pagar la cuenta del frutero. La inflación cabalga al galope sobre todo el menú de las familias españolas. Ha subido el desayuno (leche y pan de molde) el almuerzo (spaghettis, pollo, conservas de pescado) el postre (naranjas, peras de agua) y la cena (verduras y huevos) Los proveedores de argumentarios de urgencia procuran ofrecer proposiciones simples, y han dado en cargar la responsabilidad sobre el petróleo, un elemento distante y ajeno que evoca remotos millonarios con turbante. La culpa no es nuestra, el del petróleo, musitan los políticos con una convicción perfectamente resistible. Lo peor no es que no puedan frenar los precios, lo que no siempre está, en efecto, a su alcance, sino que se les nota que en realidad no saben por qué suben, y con frecuencia es bastante posible que ni siquiera les importe. Desconcertado por la terca resistencia de la realidad a su optimismo electoralista, el presidente Zapatero se encoge de hombros y entona, sin saberlo, las Nanas de la cebolla: No te derrumbes, no sepas lo que pasa ni lo que ocurre NANA DE U EXTERIOR LÍBANO, PIEZA CLAVE N el tablero de Oriente Próximo, Líbano es pieza decisiva. Si sus dirigentes y su sociedad civil se inclinan del lado del equilibrio, Líbano aportará un incalculable activo a la paz de la región. Si cae de mal lado- -desacuerdo, violencia- -todo será mucho más difícil, quizá imposible. Un nuevo factor de desacuerdo se sumará al clima de conflicto que domina hoy a Siria, Irak, Turquía, Irán, Afganistán, Pakistán... Un área de 4.000 kilómetros, desde el Tigris al Indo, con cientos de millones de fieles al islam, recibiría una sacudida sísmica. La capacidad desestabilizadora de Líbano es cien veces mayor que su pequeña dimensión. Pero su capacidad pacificadora es también muy alta. En Líbano, la Unión Europea ha dado un paso sin posible vuelta atrás. Las tropas siempre podrían retirarse, pero sería un reconocimiento de impotencia tal que equivaldría a renunciar a toda afirmación europea durante los próximos 500 años. Tras el verano de 2006, cuatro estados, Francia, España, Italia, Alemania, desembarcaban a 4.000 hombres en Líbano, llamados por el Gobierno de Fuad Siniora. Las aguas libanesas serían patrulladas, por la armada alemaDARÍO na. Alemania, en recuerdo de los años VALCÁRCEL 1930- 40, no quería intervenir en un conflicto entre árabes y judíos: pero el Gobierno de Berlín no se ausentó; aportó sus buques, casi un millar de marinos y marineros alemanes en el este mediterráneo, desde Turquía a Egipto, vigilan hoy la amenaza de tráfico de armas. Pero la aportación decisiva es la de los estados europeos, franceses, españoles e italianos, en apoyo de Finul, la Fuerza de Las Naciones Unidas en Líbano, integrada por pequeños contingentes irlandeses, chinos, indios, finlandeses... Desde los años cincuenta, la liberal población libanesa ha sido acosada por sus vecinos, Siria, Israel, ahora Irán: son fuerzas exteriores, poderosas, dedicadas a hostilizar al pequeño país. Han comprendido tarde la inutilidad de su esfuerzo. Líbano no se doblegará. Pero esos actores externos quieren, además, impedir todo acuerdo. La E Unión Europea les ha salido diplomáticamente al paso. Aquí, menos que en ninguna parte, puede buscarse una historia de buenos y malos. La fuerza francohispanoitaliana, que respalda a Finul, trata de consolidar las instituciones democráticas de Beirut. La vuelta de la paz a la región- -Líbano y sus vecinos Turquía, Israel, Siria- -cuenta mucho para los europeos. Hace unas semanas, el 20 de octubre, Bernard Kouchner, Miguel Ángel Moratinos y Massimo d Alema aterrizaban en Beirut. Los tres ministros europeos querían dar testimonio de su apoyo a la negociación sobre el nuevo presidente libanés. Por un pacto no escrito, los libaneses adscriben la presidencia a la minoría cristiana; la jefatura del gobierno a la minoría sunita; y la presidencia del parlamento a los chiítas. Francia, España e Italia- -también la armada alemana- -representan a la Unión Europea en su decisión de ayudar a Líbano a sacar adelante un histórico consenso: el nombramiento de un nuevo presidente marcará el compromiso europeo, sin vuelta atrás, con las amenazadas instituciones libanesas. Los cristianos, hoy en ligero declive, nombran por un pacto no escrito al jefe del Estado. La adecuada sustitución del presidente Emile Lahud, en el cargo desde 1998, es decisiva hoy. Lahud quiere partir, pero antes es necesario un acuerdo nacional sobre su sucesor. Ese acuerdo podrá arrastrar, en su virtuoso círculo, otros pactos necesarios: con los chiítas del sur, cuyo interlocutor es el presidente del Parlamento, Nabih Berri; con la dirección del Gobierno y del Ejercito libanés, esto es, el primer ministro Fuad Siniora y el movimiento del 14 de marzo; con las corrientes minoritarias pero determinantes de los drusos de Walid Jumblatt o los reformistas de Amin Gemayel. Estos sectores habrán de pactar con el chiismo de Amal y de Hizbollah y con su líder, Hasan Nasralah. Si se llega a un acuerdo, Líbano habrá dado un paso hacia la verdadera paz. Si el intento fracasa, sabemos lo que ocurrirá. Europa juega su carta se puede ganar. Y si se gana, no se darán las gracias a Kouchner, Moratinos o D Alema. Pero estos correosos políticos no necesitan que nadie les dé las gracias. Ellos sabrán qué han conseguido y eso bastará. La sociedad pluricultural y plurireligiosa de Líbano extiende sus ondas a miles de kilómetros.