Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 7 s 11 s 2007 MADRID 63 Madrid, mon amour Benjamin Biolay, uno de los compositores franceses más prestigiosos, inundó anoche la sala Heineken de su oscuro romanticismo POR CRISTINA ALONSO FOTO JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Escuchando a Benjamin Biolay se comprende por qué muchos aseguran que el francés es la lengua del amor. Rompiendo su imagen fría y distante, pero fiel a su característico aire bohemio y sombrío, el cantautor considerado el mejor compositor galo contemporáneo, sedujo con sus canciones, sus letras autobiográficas y su fusión de jazz y pop a los amantes de la nueva chanson francesa. En especial a las féminas, que le miraban embelesadas, hipnóticas, moviendo los labios al ritmo de su acento pausado y cerrando los ojos en los momentos más vehementes. Anoche, en la sala Heineken (Princesa, 1) el cantante presentó su cuarto trabajo, Trash yéyé Basura yeyé con el que ha conseguido expulsar los demonios de su anterior álbum, À l origine cuyo fracaso comercial le desmoralizó de tal forma que le generó una depresión. Es el típico músico que tienes que escuchar cuando tienes el corazón muy entero, porque si no sus canciones pueden acabar contigo comentaba ayer una joven madrileña que conocía gran parte de su repertorio. Según relataba ésta, su novio, francés, había recurrido a los temas de Biolay en su etapa de flirteo. Te sumergen en una atmósfera muy bonita explicaba. El compositor está considerado el nuevo Serge Gainsbourg, aquel que logró junto a Jane Birkin que el sensual te- Atmósfera sensual Biolay, ayer en su actuación en Madrid, obsequió a los espectadores con una dosis extra de erotismo ma Je t aime moi non plus sonara en todas las emisoras del mundo y se erigiera como una de las grandes canciones de amor. Con una camiseta negra y unos vaqueros, el autor se sentó frente a un piano negro junto al que reposaba, en el suelo, una guitarra. En la cuarta canción se levantó y, tímidamente, soltó un muchas gracias apenas inteligible, al que siguió un merci beau coup y una disculpa en su lengua materna por su escaso dominio del castellano. La velada fue íntima, intensa, silenciosa, rota sólo en ocasiones por estrepitosos aplausos. El ambiente se contagió de un romanticismo oscuro, en donde a la sensualidad y aparente vulnerabilidad del autor se sumaba su aire de galán parisino. A los que habían llegado buscando una noche apasionada, Biolay les obsequió con una dosis extra de erotismo. El clímax llegó en la canción número siete, con uno de sus temas más famosos, Mon Amour Mon amour m a baisé Mon coeur est brisé Mon air triste Mon âme soeur...