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ABC HISTÓRICA VISITA DE LOS REYES A CEUTA Y MELILLA ENTUSIASMO EN LA CALLE MIÉRCOLES 7- -11- -2007 ESPAÑA 13 muy conscientes de que sin la figura providencial de Don Juan Carlos I, las cosas hubieran sido peor y de otra forma, y hoy estaríamos lamentándonos todos Después de pedir al Rey que apoye a Melilla ante las instituciones del Estado para que ayuden a resolver los problemas de esta ciudad, Imbroda, que calificó la visita real como la página más importante en nuestra historia contemporánea quiso expresar en nombre de todos los melillenses la inquebrantable voluntad de permanencia en nuestra nación y nuestra adhesión y lealtad a la máxima encarnación de España el Rey y la Corona. Tras la entrega de la llave de la ciudad, los Reyes almorzaron una lubina con cuscús con las autoridades y los representantes de los distintos sectores de la sociedad melillense antes de regresar a Madrid. Si tanto ayer como anteayer, Don Juan Carlos hablaba en Ceuta y Melilla de un compromiso pendiente anoche volvió a La Zarzuela con la misión cumplida Algo muy importante para él, primero por su alto sentido del deber y segundo porque, de verdad, deseaba desde hace mucho tiempo visitar estas dos ciudades españolas situadas en el norte de África. Alarde de españolidad Casi la mitad de los 70.000 habitantes de Melilla se lanzaron a las calles, cubiertas por los colores de la bandera, para recibir a Don Juan Carlos y Doña Sofía ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS MELILLA. Indiferente a las protestas de Marruecos y orgullosa como nadie de ser una ciudad española desde hace 510 años, Melilla se volcó ayer para recibir a Sus Majestades los Reyes. De esta forma, casi la mitad de sus 72.000 habitantes, unos 30.000, según la Policía Local, salieron a las calles a dar la bienvenida a Don Juan Carlos y Doña Sofía. Aunque llevaban más de tres décadas- -lo mismo que el Monarca en el Trono- -esperando esta visita, lo cierto es que al final el anuncio del viaje les pilló el miércoles pasado por sorpresa. Así que, en cinco días, los melillenses tuvieron que trabajar a destajo para que todo saliera perfecto. Se cuidaron todos los detalles con tal celo que se dieron retoques de pintura, se podaron árboles e, incluso, se soltaron águilas para que ahuyentaran a las palomas y no afearan la visita. También se cerraron los colegios y los comercios para que todo el mundo pudiera disfrutar la visita, y las calles de Melilla amanecieron prácticamente cubiertas por los colores rojo y gualda de la bandera nacional. Cuatro mil metros de tela, cinco mil de guirnaldas, 20.000 enseñas y miles de retratos de los Reyes decoraban la ciudad para una jornada histórica de fiesta, a la que los melillenses respondieron no sólo con una gran organización, sino también, y sobre todo, con un entusiasmo que parecía querer superar al demostrado por los ceutíes en la jornada anterior. Los melillenses ya llevaban varias horas aguardando bajo un ardiente sol cuando llegaron los Reyes a la abarrotada Plaza de España y las 21 salvas de ordenanza, reservadas para el Jefe del Estado, anunciaron su llegada. Don Juan Carlos pasó revista a las tropas, representadas por una compañía mixta, integrada por la Legión, los Regulares y la Compañía de Mar, que protagonizó la parada militar y se llevó, también, muchos aplausos. Con gritos como Viva el Rey Viva España Viva España entera o Sí, sí, sí, los Reyes están aquí los melillenses recibieron a Don Juan Carlos y Doña Sofía en medio de un ruido ensordecedor, pero el momento más emotivo fue cuando los Reyes se asomaron al balcón del Palacio de la Asamblea. Profundamente emocionado ante ese espectáculo de españolidad y de lealtad, Don Juan Carlos se llevó la mano al pecho. Hasta tres veces tuvo que salir al balcón para saludar al pueblo, que reclamaba su presencia después de ochenta años sin recibir la visita de un Rey (la última fue en 1927, con Alfonso XIII y Victoria Eugenia) Personas de muy diverso origen y religión se dieron cita en la plaza unidas por el deseo de recibir a Don Juan Carlos y Doña Sofía. Reflejo de la sociedad melillense, entre los asistentes había cristianos, musulmanes, sefardíes, gitanos e hindúes, que son las cinco comunidades que conviven en esta ciudad desde hace siglos. La histórica visita, para la que se acreditaron 160 medios de comunicación, terminó con un almuerzo que los Reyes compartieron con más de 400 personas, representantes de todos los sectores de la sociedad melillense. Aunque no pudieron hablar detalladamente con todos ellos, Don Juan Carlos y Doña Sofía saludaron, uno por uno, a todos los invitados. Así terminó una visita histórica e irrepetible por todas las circunstancias. Diversidad de origen El Rey tuvo que salir hasta tres veces al balcón de la Asamblea para agradecer el cariño de los melillenses