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78 DEPORTES Primera división s Undécima jornada LUNES 5 s 11 s 2007 ABC El Atlético encalla en la defensa Nihat destroza a los rojiblancos en un partido vibrante que echaron a perder por la desconexión entre Leo Franco y Perea JOSÉ CARLOS CARABIAS MADRID. El Atlético encalló en un tarde que amaneció entre confeti. Un salto mortal, larga cambiada total, modificó el paisaje de un partido que arrancó con un gran fútbol de los rojiblancos. Pero la mala conexión entre la defensa encabezada por Perea y un portero en horas bajas, Leo Franco, arruinó la escalada del Atlético hacia los puestos altos del escalafón. Nihat destrozó a un Atlético que, pese a la derrota, apunta su mejor versión en años. El Calderón irradió una atmósfera electrizante, contagiosa durante veinticinco minutos. Un tramo que devolvió al Atlético a tiempos del doblete, felicidad desbordante. Había fútbol, entusiasmo en el césped, deleite en las gradas a rebosar, y un rival que a duras penas era capaz de mantenerse de pie sobre la lona. Todo empezó con un cabezazo de Pablo que abrió la lata de Viera. El Atlético puso rumbo a las estrellas. La confianza de un equipo en ebullición llenó el estadio. De repente, surgió un grupo atrevido, que defendía lejos de su portería, invocando a Guille Franco y Rossi al fuera de juego, un acordeón que tocaba y tocaba sin descanso, aguerrido en la presión y tolerante desde la grada. Falló Reyes un par de veces y la parroquia silenció los errores con palmas. Atlético de Madrid Villarreal 3 4 El Calderón se preparó para emociones fuertes, algo que no falta este año. Con el partido nivelado, Maxi falló un penalti que alentó los peores presagios. Aroma de sabores conocidos por la ribera del río. La capa del fatalismo y demás. Agüero rescató el optimismo en una falta lanzada de forma magnífica por Simao, al que Aguirre retiró luego del campo sin mucho sentido. 3- 2. Pero el mal había anidado en la guardia de protección rojiblanca. Todo lo que el equipo atlético había levantado durante minutos de paciente elaboración se marchó por los sumideros con la flojera de Perea, Pablo y, sobre todo, Leo Franco. El portero argentino cargó finalmente con las culpas del estadio. El tercer tanto del Villarreal fue la muestra palpable de que el asunto falla en la conexión entre defensa y portero. La galbana de Perea para atajar el balón no encontró respuesta en Leo Franco, remiso en la salida. Y Nihat clavó el primer cuchillo. El Calderón transmitió su desasosiego respecto a Perea y Leo Franco, y la enfermedad derivó en gangrena. Mientras Aguirre buscó soluciones con Luis García y Jurado- -nada mejoraron a Reyes y Simao- la defensa atlética era pura papilla por el centro. Un balón cruzado al corazón del área desnudó la tarde que empezó festiva. Nihat recibió solo y Leo Franco acudió al mano a mano con el rejón de muerte clavado en la espalda. El turco cruzó solvente y el Villarreal alzó todos los pulgares. El Atlético efervescente había encallado sin remedio. Atlético (4- 4- 2) Leo Franco; Seitaridis, Pablo, Perea, Pernía; Simao (Jurado, m. 75) Maniche, Raúl García, Reyes (L. García, m. 75) Maxi y Agüero. Villarreal (4- 4- 2) Viera; Ángel, Godín, Fuentes (Cygan, m. 46) Capdevila; Cani, Senna, Bruno (Josico, m. 57) Pires; Rossi (Nihat, m. 45) y Guille Franco. Árbitro Undiano Mallenco. Amonestó a Pablo, Pernía, Raúl García, Maniche, Perea y Cani. Goles 1- 0, m. 9: Pablo. 2- 0, m. 25: Simao. 2- 1. m. 30: Rossi. 2- 2, m. 41: Fuentes. 3- 2, m. 60: Agüero. 3- 3, m. 69: Nihat. 3- 4, m. 88: Nihat. Así jugó el Atlético Leo Franco: mal. Seitaridis: mal. Pablo: regular. Perea: mal. Pernía: regular. Reyes: regular. Maniche: bien. Raúl García: bien. Simao: bien. Maxi: mal. Kun Agüero: bien. Jurado: sin calificar. Luis García: s. c. El técnico: Javier Aguirre: regular. A veces es mejor no hacer cambios. Reyes y Simao eran de lo mejor del equipo. Lo mejor: El empeño por atacar, que es constante. Las ocurrencias del Kun Agüero. Lo peor: La falta de forma de Perea. La desconfianza de Leo Franco. La zaga, muy floja. El tramo perteneció por entero al Atlético. Agüero ejerce un magnetismo singular sobre el juego. Sus compañeros le buscan, los adversarios se arremolinan en torno a él y del estadio prende un chispa especial en espera de alguna ocurrencia. El argentino no defrauda en este periodo iluminado de su carrera. Siempre da la sensación de que sucederá algo distinto con el balón en sus pies. El fútbol trajo los goles. Fue sintomático el segundo tanto. Un toque, dos, tres, cuatro, paciencia en la elaboración hasta la irrupción de Simao, estelar en el recorte hacia fuera a pie cambiado y zapatazo a la escuadra. Euforia desatada por el Manzanares. Y de repente, como si el cuento desapareciese por ensalmo, el viento cambió de signo. En quince minutos, el Atlético que había hechizado tiró por tierra el botín. El otro partido arrancó en una carrera de De Rossi, que penetró como una piedra en el agua entre Pablo y Perea, blandos hasta la exageración toda la tarde. El gol activó al Villarreal y apagó la antorcha atlética. Lo demás es conocido. Repentina sensación de cenizo, balones humeantes que quemaban en los pies de Maniche, Raúl García, Reyes o el Kun y la tostada que cae del lado de la mantequilla. Leo Franco cantó en un córner, el balón tembló en una pierna atlética y Fuentes remachó a placer. Empate a dos y vuelta a empezar. Raúl García intenta rematar ante Viera y Fuentes OJO CRÍTICO yes y Simao es fusilar a Raúl García y Maniche. Es una temeridad afrontar un partido con dos centrocampistas, pero más ante un Villarreal que es ahí donde mastica todo su fútbol. Ya le pasó en Barcelona. Para plantarte sólo con los dos medios centro tienes que tener en las bandas dos hombres solidarios, que apoyen al medio constantemente y hagan las coberturas defensivas que el bloque necesite. No es el caso. Y un apunte que merece una mínima reflexión. Posiblemente extasiados por la euforia de estar en zona de Champions ayer en televisión unos aficionados, preguntados antes del partido sobre si el Atlético era mejor sin Torres, contestaban afirmativamente y casi le ninguneaban. Supongo que después de la derrota a lo peor ya no pensaban lo mismo, pero en cualquier caso se debería exigir más respeto para el que ha sido su jugador- símbolo en los últimos años, el único que asumió siempre su responsabilidad aún siendo un niño y además ha permitido con su traspaso que en parte se conforme ese equipo que ahora tanto gusta a algunos, aunque le metan tres casi todos los días. Enrique Ortego TRADICIÓN Y EL CULTO A TORRES uy propio del Atlético este gatillazo Son tantas las ocasiones a lo largo de su historia y sobre todo en los últimos años que pierde el partido que tiene que ganar para acercarse al objetivo marcado- -sea cual fuere- -que no extraña un nuevo fiasco. Y mucho menos cuando defensivamente el equipo es un auténtico desastre. En la búsqueda de responsables no sólo hay que señalar con el dedo a los jugadores. También al técnico. Los fallos en los goles de Perea, de Leo, de Seitaridis... fueron meridianos. Pero algunos de esos errores individuales se podrían evitar con un planteamiento táctico que reforzara el concepto defensivo. Colocar en las bandas a Re- Así jugó el Villarreal Viera: regular. Ángel: regular. Godín: regular. Fuentes: regular. Capdevila: bien. Cani: regular. Senna: bien. Bruno: regular. Pires: bien. Rossi: bien. Guille Franco: bien. Cygan: regular. Nihat: bien. Josico: regular. El técnico. Manuel Pellegrini: bien. El equipo tiene consistencia. No se viene abajo. Nadie parece echar en falta a Riquelme. Lo mejor: La solidez de Cani y Senna en el centro del campo. La eficacia de Nihat. Lo peor: Muy flojo en defensa. Equipo mecanizado, sin imaginación. M