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70 CULTURAyESPECTÁCULOS LUNES 5 s 11 s 2007 ABC Azaña, la memoria recuperada 6.283 páginas integran en siete tomos sus nuevas Obras Completas, en una edición monumental de Santos Juliá, que mañana presentará Zapatero. El último volumen se dedica a sus escritos inéditos ANTONIO ASTORGA MADRID. Si hace una década el entonces presidente del Gobierno José María Aznar presentaba los cuadernos robados de Manuel Azaña (1932- 33) y entregados por Carmen Franco, mañana el presidente del Gobierno Rodríguez Zapatero apadrinará las nuevas Obras Completas (O. C. de Azaña, compiladas por el catedrático Santos Juliá, y publicadas por el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Edificadas sobre los pilares en la tierra de las O. C. reunidas hace cuatro décadas por el profesor Juan Marichal en México- en la que tantos españoles aprendimos a conocer a Azaña reconoce en el prólogo Santos Juliá- este nuevo proyecto ha despertado del sueño eterno en bibliotecas, hemerotecas y archivo personal de Azaña libros, discursos, opúsculos, artículos, conferencias, entrevistas, diarios, epistolario, notas, y folletos fundamentales, como El problema español o Apelación a la República Y hoy se presenta la única grabación de su último discurso. De los papeles conservados por Azaña, incautados por la Gestapo en 1940, y aparecidos en 1984 en la Dirección General de Seguridad en Madrid, se beneficia ampliamente esta nueva edición de O. C. como los textos manuscritos de sus oratorias en la Academia de Jurisprudencia y el Ateneo entre 1902 y 1930. O papeles que conservó Azaña, nunca presentados en público- -cuartillas, cuadernos, lecciones... que fueron microfilmados y que constituyen la materia inédita que ve la luz. La calidad del film sumada a la confusa caligrafía azañista hacen incurrir a quienes manejaron originales en errores de transcripción. Santos Juliá menciona dos ejemplos: en la transcripción de una de sus cartas puede leerse: No sé nada de Giral. Supongo que no se ha envenenado más Pero lo que dice Azaña es: No sé nada de Giral. Supongo que no se ha embarcado aún En otro misiva escribía el presidente de la Repúbli- Homenaje a Manuel Azaña, el sábado, delante de su tumba en el cementerio de Montauban (Francia) ca; Yo no voy a ese banquete por falta de recursos y de paciencia para ver a tanto vanguardista junto cuando quiso decir: Yo no voy a ese banquete por falta de recursos y de paciencia para ver a tanto periodista junto fancia: Una noche fueron a despertarme a la mitad de mi sueño y envuelto en una manta fui en brazos de la criada a la alcoba de mi madre Acercáronme a la cama y caí en brazos de mi madre, que fue como caer en un lago de aflicción, de amarguísima pena. Yo lloraba también Algo murió entonces y se rompió dentro de mí, saltando en mil pedazos, disolviéndose, que no ha vuelto a renacer jamás El protagonista de la novela cuenta luego un sueño no menos angustioso que aquel recuerdo. Va subiendo Jerónimo una magnífica escalera en espiral, con muros y peldaños de una piedra azul resplandeciente. Delante de mí iba mi madre diciéndome: corre, corre, Jerónimo, ¿a que no me coges? Y yo apretaba el paso con mucho gozo, viendo desaparecer a cada revuelta el borde de su vestido, oyendo el familiar tintineo de sus llaves. AFP Relato inédito En La vocación de Jerónimo Garcés (1904) un joven Azaña pone en boca de este personaje el más doloroso recuerdo de in- Corríamos celebrando con muchas carcajadas la diversión, subiendo sin cesar; mas, bruscamente, ocurrió una cosa horrenda Los muros se estrechaban hasta aplastar al niño, los peldaños se hacen cada vez más altos, la voz de la madre se aleja y se apaga: Hijo, hijo, ¿no vienes? corre, corre... ¡Imposible! Explica Santos Juliá, en el prólogo, que este joven que así veía en sueños a su primer per- Miguel García- Posada Crítico literario LIBERAL, LAICA Y DEMOCRÁTICA UNA ESPAÑA L a publicación de una nueva edición de las Obras Completas de Manuel Azaña es, de entrada, y en espera de conocer el nuevo corpus, noticia de extraordinaria importancia cultural. Cultural más que política porque el legado doctrinal del segundo y último presidente de la II República Españo- la es hoy, y desde hace años, suficientemente conocido, y ha sido reivindicado tanto desde la izquierda como desde la derecha, aunque no se le podrá invocar por las periferias centrífugas: la concepción española de Azaña era liberal, democrática y laica, pero firmemente unitaria, ni siquiera federal. El hombre que ideó los estatutos de autonomía tenía las ideas muy claras al respecto. A finales de los años sesenta se publicó en México, a cargo del benemérito Juan Marichal, la primera edición de las Obras Completas en cuatro tomos, que circuló por España en la semiclandestinidad; aquel lóbrego paisaje autoritario tenía vericuetos semitolerados por donde podían circular, pese a todo, los productos más conflictivos. No eran, con todo, obras de- finitivas. Para empezar faltaban los tres cuadernos del diario de Azaña, correspondientes a los años 1932- 1933, que fueron sustraídos a Cipriano Rivas Cherif en Ginebra por un diplomático simpatizante de la España nacional, y que la hija del dictador, Carmen Franco, devolvió al Gobierno, presidido por José María Aznar, en 1996 y la editorial Crítica publicó al año siguiente. Pero faltaba todavía la edición de los papeles requisados por la Gestapo en Francia, en 1940, y que obraban en la Dirección General de Seguridad, donde aparecieron en 1984. Con todos estos materiales, la edición que se anuncia alcanza los siete volúmenes. Es de prever una favorable acogida, aunque Azaña, como escribió Unamuno, fue un escritor sin lectores, y yo mismo he podido ver en librerías de viejo primeras ediciones de sus obras que al cabo de muchos años seguían sin venderse. Fue Azaña, con Cánovas del Castillo, el político más importante de la España moderna, aunque cometió un error especialmente grave al rehusar la jefatura del Gobierno al filo de la Guerra Civil, que acaso él hubiera podido evitar. Es, sin discusión, el mejor orador español de los tiempos modernos- -sus discursos son un prodigio de construcción y de eficacia- -y un prosista de extraordinarias cualidades, como acreditan sus diarios, formidables de sagacidad y brillantísimos en su armadura intelectual y estilística, y que pasman si se considera que están escritos a vuelapluma, sobre el curso mismo de los acontecimientos.