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ABC LUNES 5 s 11 s 2007 MADRID 47 Un colegio y una piscina de Rivas ocupan terrenos de la Cañada Real El asentamiento está separado sólo por unos metros de las viviendas de Covibar C. HIDALGO MADRID. Tienen la Cañada Real Galiana (sus construcciones ilegales) a un puñado de metros de sus casas, de un colegio público y de las piscinas de la cooperativa. Así viven los vecinos del barrio de Covibar, en el término municipal de Rivas Vaciamadrid. Lo explicaba el propio Félix Rodríguez, presidente de la Asociación de Vecinos de la Cañada Real, en una entrevista que, junto con el arquitecto de la organización, Ángel García, ofrecía a Efe. El Colegio Público El Olivar tiene metido un 70 -80 del patio, que incluye un edificio polideportivo. Además, en el año 75, cuando Rivas Urbanizaciones comenzó a desarrollarse, se construyeron dos torres de 10 o 12 plantas en terrenos de la Cañada afirmaba Rodríguez. El arquitecto apostillaba: Yo he hecho un plano basado en fotos aéreas y el Ayuntamiento de Rivas tiene dentro de la Cañada unos 25.000 metros cuadrados Sobre los futuros desalojos, proponen a las administraciones comprar los terrenos sobre los que se asientan sus casas y valoran de forma positiva la futura vigilancia de los agentes forestales. La distancia existente entre el colegio, la piscina y las torres de pisos es mínima. Es más, sirve de atajo para entrar en esa zona de la Cañada, sin tener que pasar por su acceso desde la carretera de Valencia (A- 3) Por la zona puede verse el trasiego de vecinos del asenta- La Cañada Real Galiana está compuesta por centenares de infraviviendas ilegales miento ilegal que acuden a la zona de Covibar, por ejemplo, a comprar el pan. Hay, incluso, una plaza, colindante con las infraviviendas, que se llama de la Cañada Real. El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid es uno de los afectados por el trazado de esta Cañada, tan polémica y tan en boga siempre, pero especialmente desde el pasado 18 de octubre. Aquella mañana, una veintena de agentes de la Policía Nacional y de la Municipal resultaron heridos en una batalla campal con los JAIME GARCÍA Juan Miguel Hernández León Arquitecto LA ESPERANZA DEL ARQUITECTO l escuchar las reclamaciones de arquitectos y artistas que exigen la rectificación de la Comunidad de Madrid en su decisión de apartar a Juan Navarro Baldeweg de la dirección de obra del Teatro del Canal, me vienen a la memoria unos párrafos de un antiguo tratado de arquitectura: E fare varii disegni nella sua mente sopra al generamento che lui ha fatto col padrone, secondo la voluntà sua Así terminaba la justificación de Antonio Averlino el Filarete del tiempo necesario, unos nueve meses, para la gestación del proyecto de arquitectura. En esta analogía el arquitecto era la madre, y el varón fecundador, el Príncipe. Con lo que se reconocía, de igual manera, la existencia de una res- A ponsabilidad compartida en el inicio y nacimiento de la obra arquitectónica. Lo que hoy definiríamos como la voluntad política necesaria para que aquella vea la luz. En el mismo momento que se acoge con aplauso unánime la inauguración del nuevo Prado no se debería olvidar su compleja gestación y desarrollo, a fin de reconocer que este no hubiera sido posible sin el apoyo y compromiso de varios gobiernos sucesivos, incluso de diferente composición ideológica. Porque el príncipe contemporáneo (afortunadamente para la democracia) puede o suele cambiar con un calendario que no acostumbra a coincidir con el tiempo de la obra. Y entonces esta puede quedar huérfana, o lo que es casi peor, con un padre adoptivo que maldita la gana que tiene de soportar a ese vástago no deseado. Lo que se desprende de esta metáfora resulta más verídico que las inconsistentes argumentaciones para justificar la separación de Juan Navarro de su responsabilidad y derecho de autoría en el Teatro del Canal, y que a cualquier profesional con experiencia le suenan tan falsas. ¿O es que alguien descono- ce las desviaciones presupuestarias y el desarrollo conflictivo de obras como el Guggenheim de Bilbao, la pirámide del Louvre, o la Opera de Sidney entre otras obras singulares? ¿O hay algo más que desafecto paternal en éste caso concreto? La consecuencia ya no es sólo la del daño irreparable que se le produce a un arquitecto y artista de reputación tan consolidada internacionalmente como la de Navarro Baldeweg, sino también en la pérdida, una vez más, de una oportunidad cultural y de reactivación urbana como esta. Porque la paradoja última (abandonada la obra por el padre legítimo) es que la esperanza del arquitecto se llama Esperanza. vecinos de la Cañada que se encuentran en terreno del distrito madrileño de Vicálvaro y de la zona de Rivas en cuestión. Esta situación ha levantado una polvareda sin precedentes. Además de las previsibles críticas entre las distintas administraciones madrileñas, el Gobierno de Marruecos, al calor de la polémica por la visita de hoy de Sus Majestades los Reyes a Ceuta y Melilla, enarboló los hechos ocurridos en la Cañada como un nuevo agravio de España hacia el país norteafricano. Ayer, el vicepresidente primero de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, pidió al ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, que rectificara las acusaciones contra el PP sobre este asunto. González instó a Moratinos a aclarar los términos de la conversación que mantuvo con el titular de la diplomacia marroquí, Tayeb Fassi Fihri. Según publicaban varios medios de comunicación, el político marroquí dijo en el Parlamento de Rabat que el ministro de Zapatero le confesó que los acontecimientos ocurridos en la Cañada Real son culpa de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Confío en que estas manifestaciones sean producto de un malentendido, ya que el ministro sabe perfectamente que los hechos que se han producido son consecuencia de una resolución judicial y que las competencias policiales son de su Gobierno, no de la Comunidad de Madrid explicó el número dos de la Comunidad. Explicaciones a Moratinos