Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 OPINIÓN LUNES 5 s 11 s 2007 ABC EL REY EN EL CENTRO DEL TABLERO, Y EL ÚLTIMO TRANVÍA DE RAJOY Ha sorprendido que este viaje se haya organizado en plena campaña preelectoral, aunque todo apunta a que La Moncloa no calculó bien el alcance de su jugada bir al último tranvía de la conspiración, agarrándose a la sábana del fantasma de la autoría intelectual La rendija por la que se ha vuelto a colar el vendaval de las mentiras, maquinaciones y sospechas infundadas con las que notorios dirigentes del PP han pretendido tapar, a lo largo de tres años y medio, su directa responsabilidad política en el fracaso electoral de las elecciones de 2004- -tras la pésima gestión de la crisis de los atentados- -y en las consecuencias de aquella derrota, para el PP y para España, porque de aquellos errores vino ese regalo infantil, muñeco diabólico que se llama Zapatero. En vez de aprovechar la oportunidad que le deparaba la justa y verdadera sentencia sobre la autoría islámica del 11- M para distanciarse de los errores del pasado, Rajoy, cediendo a presiones internas y al combo mediático- -que ha convertido el 11- M en un espurio negocio editorial- ha regresado al campo de la derrota y sembrado dudas sobre la masacre. Y, también, sobre su dañado liderazgo, dando a alas aquellos que no sólo pretendieron incluir a ETA en la autoría de los atentados, sin la menor prueba e indicios, sino que además han puesto en tela de juicio a los tribunales- -siguen en ello- -y a las fuerzas de seguridad. Al tiempo que se convertían en defensores de los terroristas, llegándose al esperpento de presentar al criminal cooperador necesario Trashorras como héroe nacional que avisaba a los españoles de la maquinación de un presunto ¡golpe de Estado! como nos lo presentó el diario El LA CRÓNICA DEL LUNES Pablo Sebastián OS Reyes de España viajan a Ceuta y Melilla en un acto de reafirmación de la unidad y la soberanía nacional de ambas plazas y ajenos al ruido ensordecedor de una y otra orilla del Estrecho: la algarada marroquí, que habla de provocación, orquestada por el Gobierno del país vecino, y el ruido hispano, fruto, por una parte, del entusiasmo que en ambas ciudades despierta la visita regia, y, por la otra, como consecuencia de la bronca nacional que ha marcado la legislatura y que encontró, en la sentencia justa y verdadera del juicio del 11- M, la oportunidad para reabrir la herida más profunda que el terrorismo ha causado en el cuerpo español. Ha sorprendido que este viaje se haya organizado al final del mandato del gobierno de Zapatero y en plena campaña preelectoral, sabiendo que iba a tener lógicas repercusiones políticas en España y en Marruecos. Aunque todo apunta a que el Palacio de la Moncloa no calculó bien el alcance de su jugada, con la que esperaba hacer españolismo- ¡a buenas horas! -copiando, precisamente, una especialidad marroquí como es la de sacar provecho de las históricas diferencias entre ambos países. Utilizando, ahora, Zapatero el prestigio y la firmeza del Rey Don Juan Carlos, quien, desde el centro del tablero de la política española, se ha visto, en las últimas semanas, en la obligación de: reivindicar el papel de la Corona en la transición, poner en valor la Constitución Española de 1978, subrayar la estrecha relación de la democracia y la libertad de expresión, y de reafirmar, como hoy volverá a hacerlo en Ceuta y Melilla, la unidad nacional. Cuestiones todas ellas que han sido zarandeadas a lo largo de la legislatura por el mal gobierno de Zapatero, que ha jugado con gran ligereza y sobrada temeridad con asuntos fundamentales para la estabilidad y la convivencia ciudadana. Lo que debía de haber provocado la merecida y justa respuesta del Partido Popular ante el conjunto de los españoles, ofreciéndose como la única y obligada alternativa a una peligrosa deriva, que puede que no haya hecho nada más que comenzar si Zapatero renueva el poder, lo que al día de hoy nadie puede descartar. Y menos aún después que, tras la sentencia del 11- M, el líder del PP y de la oposición, Rajoy, haya decidido su- L Los del PSOE, que están necesitados de ocultar el desastre de gestión de su gobierno, no han perdido la oportunidad de utilizar en su beneficio electoral los errores del PP Mundo en su portada, meses atrás. ¿Qué otra mente prodigiosa, además de la de cualquier criminal, tocado por el fundamentalismo islámico y yihadista, como la de los condenados por la Audiencia Nacional o los del suicidio de Leganés, hacía falta para urdir los atentados del 11- M, y manejar una tecnología tan primaria y casera como la utilizada en los trenes de la masacre de Madrid? Naturalmente, los del PSOE, que están con el agua al cuello y necesitados de ocultar el desastre de gestión de su gobierno y su intentona confederal, a medias con ETA y el nacionalismo radical, no han perdido la oportunidad de utilizar en su beneficio electoral estos errores del PP. Y lo hacen con la misma fiereza y malas artes políticas con las que sacaron partido electoral de anteriores desvaríos del PP en la crisis del 11- M, y en la guerra de Irak. Dejando el PP a muchos españoles en la mayor orfandad- -Martinmorales lo dibujó ayer con meridiana claridad en ABC- y quedando Rajoy, salvo que consiga un milagroso vuelco en la campaña electoral, a merced de quienes, desde hace tiempo, no apostaban por su victoria y aspiran a sucederle en el partido. Y de quienes, desde los conspiranoicos medios de comunicación, pretenden definir y controlar la ideología y la estrategia del centro derecha español. Los conductores ebrios de ese fantasmal tranvía del PP, llamado deseo, que pretenden convertir en realidad y que viaja sin frenos y en busca del choque frontal con el AVE que las huestes de Zapatero tienen aparcado en la Ciudad Condal. -Lo hemos pasado muy bien estos días. Ahora a la ciudad a reemprender la tarea de esperar el puente de La Inmaculada.