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4 OPINIÓN LUNES 5 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro LA ECONOMÍA, CONTRA ZAPATERO ON la legislatura prácticamente terminada, elGobierno ha emprendido una campaña de imagen con los resultados económicos que supone un desconocimiento doloso de la situación real. El PIB ha crecido un 3,7 por ciento en el tercer trimestre, una buena tasa, aunque cuatro décimas menos que en el primero: hemos pasado de crecer de un ritmo del 4 por ciento a principios de año a apenas el 2,5 por ciento después del verano. Este perfil de agotamiento del ciclo expansivo se observa en todos los componentes de la demanda: consumo privado, inversión en bienes de equipo, construcción y exportación. La crisis se extiende también a la creación de empleo, donde ha vuelto a crecer el paro ante la incapacidad para incorporar al trabajo a la población emigrante, y ha llegado incluso a los indicadores más cercanos al ciudadano, como las ventas en grandes almacenes, la matriculación de automóviles, la concesión de préstamos o el consumo de gasolina. Al agotamiento del ciclo hay que añadir el inesperado y dramático repunte de la inflación, nueve décimas en octubre, hasta el 3,6 por ciento, lo que ha obligado a revisar las previsiones de finales de año hasta niveles cercanos al 4 por ciento, con el consiguiente coste en pensiones, cláusulas de revisión salarial y pérdida de competitividad. Con todos estos datos, y a pesar del optimismo antropológico del presidente y de sus campañas de imagen, no es de extrañar que los españoles encabecen la liga europea de pérdida de confianza económica tras la crisis financiera, como acaba de reflejar el índice de sentimiento económico de la Comisión Europea, que ha caído en España 2,6 puntos. Queda de manifiesto que, también desde el punto de vista económico, ha sido una legislatura vacía, sin más pretensiones que la continuidad. Pedro Solbes ha sido un buen ministro de Hacienda en comparación con sus otros compañeros de Gabinete, y ha conseguido evitar algunos de sus peores excesos, lo que no le ha resultado muy difícil, pues la recaudación fiscal ha aumentado el doble que el PIB nominal, con lo que podía repartir la abundancia para saciar la voracidad nacionalista y de los ministros populistas. Sin embargo, la presión fiscal ha aumentado dos puntos, porque en esa extraña cohabitación negativa de todos contra el PP lo que no cabía era aprovechar la bonanza para reducir impuestos y cotizaciones sociales, aunque ambos sean de los mayores de Europa. Solbes nunca ha ejercido de vicepresidente económico. No le han dejado el presidente, ni su Oficina, ni su propio carácter. Por ello tenemos hoy una economía más intervenida, en la que ha aumentado el peso discrecional y restrictivo de la iniciativa privada de las distintas administraciones públicas, hasta el punto de haber sido amonestados repetidamente por la Comisión Europea. Termina una legislatura en la que el continuismo macroeconómico- -que llega a su fin por inacción gubernamental- -no puedeya compensar la caída en picado de la credibilidad y el prestigio económico de España como economía abierta y sometida al imperio de la ley. C PUERTA PARA MORATINOS L lamentable episodio de la repatriación de una parte de los españoles apresados en Chad es la gota que colma el vaso de la incompetencia del Ministerio de Asuntos Exteriores. Al margen de la responsabilidad en que hayan incurrido los tripulantes del avión fletado por la ONG francesa Arca de Zoé, España es un estado soberano cuya representación no puede quedar en manos de un jefe de Estado extranjero, que ha tenido el gesto de traer a Madrid en su avión, camino de París, a las cuatro azafatas españolas. En cuanto a los pilotos, se desconoce aún cuál es el futuro que les espera en un país cuyas garantías procesales no están acreditadas para juzgar un caso tan complejo como el presunto secuestro de menores bajo apariencia de una operación humanitaria. La implicación personal de Nicolas Sarkozy contrasta con la pasividad de Rodríguez Zapatero y la ineficacia absoluta del Gobierno. Miguel Ángel Moratinos es una persona afable y de trato correcto, pero ha confirmado en los últimos días su manifiesta incapacidad para seguir al frente de la diplomacia española. El ministro, pura y simplemente, no da la talla. Obligado a ejecutar una política exterior impropia de una potencia de nuestro nivel, el equipo de Exteriores no logra ni siquiera guardar las formas. Mientras las relaciones hispano- marroquíes alcanzan un punto de máxima tensión y el Reino alauí llama a consultas a su embajador en Madrid, Moratinos disfruta de su tiempo libre en Marruecos, asistiendo a una gala flamenca de Juan Peña El Lebrijano En el asunto de Chad no se le ha ocurrido que sería oportuna su presencia en ese país, a diferencia del jefe del Estado francés, que ha dedicado muchas horas a una gestión culminada con un éxito para su liderazgo político y diplomático, al tiempo que practica la generosidad hacia el Ejecutivo español. Moratinos es un ministro de bajo perfil político en el marco de un Gobierno cuyo presidente rehúye la política exterior siempre que puede. La consecuencia es una notoria pérdida de la influencia de España en el mundo: Estados Unidos no quiere saber nada de La Moncloa, jugamos en segunda división dentro de la Unión Europea y fraca- E san una tras otra las apuestas personales de Zapatero, que ni siquiera ha sabido encauzar ante Rabat la histórica visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. Al titular de Exteriores le fallan incluso sus propios proyectos. El plan África no ha servido para nada, como se demuestra ahora de forma evidente. La retórica sobre la cooperación al desarrollo no sirve de nada si los hechos no confirman las buenas palabras. El estado lamentable de las sedes diplomáticas y consulares en muchos países africanos- -entre otros, Mauritania, Angola o Ghana- -es buena prueba de la desidia de un departamento incapaz de ejecutar su propio presupuesto para mantener el decoro exigible en nuestras legaciones. Es fácil comprobar que el anexo de inversiones del Ministerio de Asuntos Exteriores anuncia proyectos que nadie se molesta en llevar a la práctica mientras se gasta el dinero en obras improvisadas y no siempre oportunas. Es frecuente que se envíe a estos países a funcionarios sin experiencia, y faltan muchas veces los medios más elementales para desarrollar una presencia activa. Cuando llegan los problemas, la consecuencia de tanta torpeza es el deterioro de la imagen internacional de España. Francia tiene que hacerse cargo de nuestros nacionales en Yamena, en una situación que era impropia- -y todavía lo es, en el caso de los pilotos- -de unos ciudadanos de la UE que merecen las garantías propias de un Estado de Derecho. El ministro de Asuntos Exteriores de un país importante no puede estar de puente mientras están en juego los intereses de la nación, ya sea en asuntos de largo alcance, como Ceuta y Melilla, o en circunstancias particulares pero muy sensibles de cara a la opinión pública, como ocurre en Chad. No puede justificarse toda una legislatura con ocurrencias como la alianza de civilizaciones y amistades con dictadores de segunda fila. Moratinos ha pretendido esta vez eludir su responsabilidad y dejar el asunto en manos de sus subordinados, culminando así una pésima gestión al frente de la diplomacia española cuya única salida es el cese o la dimisión. PAKISTÁN, AL ROJO VIVO A declaración del estado de emergencia en Pakistán representa la lamentable confirmación de los peores presagios. Si las cosas estaban mal, o muy mal, el paso que ha dado el general Musharraf es una apuesta que difícilmente resolverá los problemas de fondo de su país y que, por el contrario, puede llevar a Pakistán a una situación apocalíptica. El general- presidente, del que no se puede olvidar que llegó al cargo a través de un golpe de Estado, ha considerado que ante la compleja situación que tenía que afrontar- -agravada por la intensificación de los ataques terroristas, una insurrección de grupos vinculados a los talibanes en la frontera con Afganistán y el acoso implacable de la oposición política y de los jueces- -no tenía otra salida que dar este paso, cuya primera consecuencia ha sido la suspensión del proceso electoral que debía haber tenido lugar el próximo mes de enero. Es evidente que Musharraf se ha visto ante la disyuntiva de elegir entre lo malo y lo peor, y ha elegido lo segundo, puesto que utilizar medidas extraordinarias o ilegales para luchar contra el terrorismo no hace más que vestir de justificaciones a los criminales. La situación que vive Pakistán- -país que cuenta con arsenal nuclear- -es potencialmente tan peligrosa como la crisis que se avecina con Irán y sus proyectos atómicos. L Con la OTAN empantanada en Afganistán, cualquier situación incontrolada en Pakistán podría desembocar en un escenario extremadamente comprometido para todos. Es ahora cuando se ponen de manifiesto las consecuencias de tantos años de confusión e incluso de miopía deliberada ante lo que estaba pasando allí: durante demasiado tiempo, las autoridades paquistaníes, y especialmente sus poderosos servicios secretos, han estado jugando con fuego a cuenta de la situación política en esta parte del mundo. Sus coqueteos con los talibanes y sus aliados, su empeño por no destruir del todo las fuentes doctrinales del terrorismo islámico- -millones de jóvenes musulmanes de todo el mundo han pasado por las escuelas coránicas de Pakistán antes de dar el paso de coger las armas en Afganistán- -y por hacer exactamente lo contrario de lo que el sentido común y la comunidad internacional estaban pidiendo tenía un precio que ahora puede que tengamos que pagar con intereses atrasados. Musharraf debería reconsiderar su decisión cuanto antes, volver a poner al país en el camino de la democracia y buscar la vía pacífica de los cambios, mientras que todos los demás actores políticos- -incluyendo a la ex primera ministra Benazir Buto- -harían bien en aportar sensatez y sosiego a la crisis en vez de arrojar más gasolina al fuego.