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ABC LUNES 5 s 11 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ¿OTRA MARCHA VERDE? Los complejos de la derecha y los negocios de la autotitulada izquierda han establecido como norma un forcejeo en el que, de modo sistemático, España nunca planta cara para hacer ver al vecino su endeblez e insignificancia, dándole a entender que hemos comprendido- -y no vamos a tolerar más- -el juego fijo entre el victimismo pedigüeño y la amenaza constante, viejos trucos de zoco... UELGAN excusas, recuerdos de Estopiñán y Pedro Navarro o parangones con los viajes de los Reyes a otros lugares de España. La mera respuesta en esos términos ya significa entrar a discutir algo que, de suyo, está fuera de discusión, caer en el juego del contrario. Y dejemos el retruécano de que- -ojalá- -el recibimiento no sea como los de otras ciudades españolas por ejemplo Gerona o Vitoria. No lo será. No habrá chusma ninguna quemando fotos, ni políticos locales del partido del gobierno justificando el insulto y el delito Todos somos Rubianes dijo Montilla) La necesidad obra milagros y si en otros puntos de España algunos habitantes- -de a poquitos o en pandilla- -pueden jugar a no ser españoles porque sale gratis y hasta se trincan bicocas de pedrea, en Ceuta y Melilla ser español es una mezcla de supervivencia y afectividad poco y mal correspondida desde la Península. En mi primera visita a Ceuta, hace muchos años, me alojé en una humildísima pensión que lucía en la salita un recorte de revista al que se había dispuesto un altarcito, con sus velas y todo, y en la foto aparecía, vestida de novia, María del Carmen Martínez- Bordiú. Las críticas y burlas fáciles ante aquella muestra de emotividad elemental serían, sencillamente, miserables: por aquel cordón umbilical la dueña de la casa respiraba y reafirmaba cuál era su mundo, su identidad y su amor. Infeliz del español que no la comprenda. l gesto del Rey llega en un momento de necesaria clarificación política en nuestro país. No importa que Rodríguez vaya a utilizarlo en el marco de su campaña por fingir un patriotismo que no siente y que desprecia, ni siquiera que los Reyes se hayan hecho esperar en demasía, responsabilidad de todos los gobiernos habidos desde 1975: no les ofrecerán comida recalentada como a huéspedes tardones, sino una explosión de júbilo que recordarán mientras vivan, porque en Ceuta y Melilla las gentes no entienden la mezquindad o el crimen que se practican en otras regiones mucho más favorecidas. La distancia o el corte que la Geografía les impone, los salvan a diario con el entusiasmo y convicción de que carecen aquellos a quienes les viene todo rodado dentro de una nación a la que detestan pero a la que exprimen incansables. Mas la acogida calurosa no puede cegarnos hasta desconocer el clima de incertidumbre creciente que anida entre las poblaciones involucradas, a medida que aumenta el número de musulmanes: en Ceuta- -en 1940- -el 7 por ciento, en la actualidad, el 40. Por numerosos que sean los gorros raros y las pañoletas islámicas que nos muestre la televisión en el día de hoy, el asunto de la lealtad de estos residentes no está nada claro, por más que deseemos su integración y participación en nuestra comunidad nacional: también nos enseñaban en la tele a los procuradores saharauis del franquismo y ya ven en qué quedó la mascarada. Hay graves problemas de fondo, en inversiones y en status jurídico, pero sobre todo en una definición rotunda del gobierno de España que haga perder cualquier esperanza de cosoberanía o rendición ante Marruecos, pero albergamos dudas. Que el autor H de un libro en que se proponía la entrega a Marruecos de las dos ciudades sea una de las musas inspiradoras de la política exterior de Rodríguez, sólo puede constituir motivo de alarma: lo que el ilustre diplomático- -tan dadivoso como irresponsable con vidas y haciendas ajenas- -estaba sugiriendo no sólo implicaba al territorio, propiedades, economía y borda libre para por ella aventar la historia de España, en especial afectaba a los cien mil españoles allí residentes, devueltos a la Edad Media. El Túnel del Tiempo no ofrece alternativas, porque ¿estaría el estupendo proponente dispuesto a aceptar que, en su vida cotidiana, el mero hecho de tomarse una cerveza se convierta en un conflicto y en todo caso en motivo de intranquilidad? Como temo que la metáfora de la cerveza no sea comprendida, adrede, por algún lector, aclararemos que con ella nos referimos a cualquier actividad lúdica, social, cultural o religiosa ajena al islam. Si a ello se añaden el sometimiento a una tiranía tercermundista y la pavorosa extorsión sistemática de la burocracia marroquí, se entenderá que a ceutíes y melillenses sólo restaría huir a la Península, para vivir prendidos de la ubre de la Seguridad Social. Un futuro poco envidiable que no más merecen los promotores de la Alianza de Civilizaciones, cuidadosos siempre de no recibir los beneficios de sus ideícas. o hay necesidad ninguna de explicar por qué el Rey puede y debe visitar ambas ciudades, máxime si el sultán marroquí se desplaza cuando le peta al Sahara Occidental, cuya ocupación consiguió su augusto padre mediante la Marcha Verde, aquel golpe de mano perpetrado por el amigo marroquí, luego convertido en hermano y en no sé cuántas cosas más, aprovechando la larga agonía de Franco y la amenaza de inestabilidad que el choque implicaba para la Transición en ciernes. El gran problema de Ceuta y Melilla reside en que, en un futuro previsible, Marruecos no va a renunciar a su reivindicación territorial, tan útil como es para canalizar el desconten- to social y reconvertirlo en odio antiespañol. En estos días la prensa marroquí azuza recordando los sucesos de Madrid ¿A cuáles se refieren? ¿A los 192 asesinados por criminales musulmanes, en su mayoría marroquíes? l argumento histórico (el tiempo de pertenencia a España: 1497 y 1581 respectivamente) puede valer si se apoya en realidades económicas y humanas, pero por sí solo no detendría ni a un morito vendedor de chicles y caramelos. Tampoco podemos esperar nada de la ONU y sus resoluciones número tal y apartado cual; ni de la OTAN, que excluye la defensa de Ceuta y Melilla; ni de la UE, con una Francia tan interesada por penetrar y mantenerse en Marruecos como por debilitar a España en cuanto terreno se pueda, aunque ya no sigan los procedimientos zafios de Giscard, Mitterrand o Chirac. Y no sobra indicar que la opinión pública mundial se obnubila ante el mapa: como en alguna ocasión hemos señalado, la Geografía puede resultar sumamente engañosa. Nos quedan, pues, nuestros propios medios- -que son muchos frente a los de Marruecos- nuestra capacidad de presión o respuesta ante agresiones armadas o de cualquier tipo y, de manera muy especial, la dureza de nuestra determinación. De esos factores depende el futuro de Ceuta y Melilla y fuerza es reconocer que los gobiernos de España no se han lucido en la contestación a las sempiternas marrullerías y chantajes del Majzen. Con la excepción del gobierno de Aznar, que combinó firmeza y prudencia- -en nuestra opinión, demasiada en el campo de la inmigración ilegal- los restantes gabinetes sólo se dejaron torear por los sultanes y los visires y chambelanes que designaban y designan. Los complejos de la derecha y los negocios de la autotitulada izquierda han establecido como norma un forcejeo en el que, de modo sistemático, España nunca planta cara para hacer ver al vecino su endeblez e insignificancia, dándole a entender que hemos comprendido- -y no vamos a tolerar más- -el juego fijo entre el victimismo pedigüeño y la amenaza constante, viejos trucos de zoco. Ahora nos amenazan con boicotear los productos españoles: no sé si nuestra economía podrá resistir tal envite. Me recuerdan a un amigo que, para dañar al imperialismo americano, resolvió no tomar más Coca- Cola: desde entonces la hacienda de los yanquis no levanta cabeza y así les va con las hipotecas, la caída del dólar y las patas de gallo de Melanie Griffith. Frente al bloque sin fisuras que presentan los marroquíes, todos coreando las mismas consignas, que- -recordamos y no va de broma- -incluyen hasta Toledo, nosotros ofrecemos una división escandalosa, empezando por un jefe de gobierno que, con su sonrisa de lo que sea, se fotografió ante un mapa de Marruecos que comprendía Canarias. O infundimos convicción a nuestros gestos y palabras o el futuro de melillenses y ceutíes se venderá en almoneda: los espectros de Allal el- Fasi y Abd el- Jaleq Torres requieren enemigos más serios. E E N SERAFÍN FANJUL Catedrático de la UAM