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ABC DOMINGO 4- -11- -2007 El músico Rufus Wainwright comienza hoy en Barcelona su gira española 87 posa. Nada más lejos de la realidad, pues él siempre estuvo unido a la costurera Rose Beuret, con quien tuvo un hijo. Ni siquiera le hizo cambiar de opinión el embarazo de Camille, quien se vio obligada a abortar. Aunque hubo un primer intento de separación en 1893, fue 1898 el año de la ruptura definitiva entre ambos, materializada por Claudel en La edad madura Rodin se opuso al encargo del bronce de esta obra por el Estado. Para muchos fue precisamente, tras su ruptura con Rodin, cuando nace la Claudel más creativa, cuando ella hace sus mejores trabajos, presentes todos ellos en la exposición: La Valse Clotho -en ambas obras Claudel rompe ya con el estilo y la temática de Rodin; se libera al fin de él- Les canseuses La Vague La petite Châtelaine (ejemplo de su virtuosismo en la talla del mármol) Entra en su vida el compositor Claude Debussy, una relación también destinada al fracaso. La intensa luz de aquella mujer guapa, vital y divertida se fue apagando. Camille vivía sola, apartada de su familia, encerrada en su estudio con sus gatos, rodeada de suciedad, destruyendo casi todo lo que creaba... Se sentía utilizada, engañada, de c ep cion ad a. En 1905 tuvo lugar su última gran exposición en vida. Pero aquel ciclón creativo, tras la ruptura con Rodin, dio paso a una grave crisis de inspiración: se dedica a realizar figuras de pequeño formato destinadas a decorar interiores, también presentes en la muestra. Es el caso de Mujer junto a una chimenea No faltan en la exposición retratos de Camille realizados por Rodin (abren la muestra) ni bustos del maestro modelados por su pupila. Su familia se ve obligada en 1913 a encerrarla en un psiquiátrico, donde permaneció los últimos treinta años de su vida. Primero estuvo recluida en Ville- Évrard, al este de París. Después fue trasladada a Montdevergues, junto a Aviñón. Tras Implorante, de rodillas, humillada Paul Claudel, hermano de la artista, habla así de La edad madura (bajo estas líneas) la obra más famosa de Camille, en la que se retrató junto a Rodin y su vieja amante, Rose Beuret, a la que dibujó con el rostro de la muerte: ¡Mi hermana! ¡Qué existencia tan trágica! A los treinta años, cuando se dio cuenta de que Rodin no quería casarse con ella, todo se derrumbó a su alrededor y su razón no resistió. Es el drama de L Âge mûr ¡La edad madura! Mi hermana Camille implorante, humillada, de rodillas, esa soberbia, esa orgullosa, así se ha representado una vida extremadamente dolorosa- -escribe su hermano Paul- ha desembocado en un fracaso completo. Todos esos maravillosos dones que le había repartido la naturaleza no han servido más que para causar desgracia Camille Claudel, la mujer que revolucionó la escultura de su tiempo, muere en 1943. En una de sus cartas desde el psiquiátrico escribe desesperada: Reclamo la libertad gritando a pleno pulmón... Merecía algo más que esto Más información en: http: www. mapfre. com TODA MI ALMA TE PERTENECE... Mi feroz amiga, Mi pobre cabeza está muy enferma y ya no puedo levantarme por la mañana. Esta tarde he recorrido (horas) sin encontrarte nuestros lugares. ¡qué dulce me resultaría la muerte! Y qué larga es mi agonía. Por qué no me has esperado en el taller. ¿Dónde vas? cuánto dolor me estaba destinado. Tengo momentos de amnesia en los que sufro menos, pero hoy el dolor permanece implacable. Camille mi bienamada a pesar de todo, a pesar de la locura que siento acercarse y que será obra tuya, si esto continúa. ¿Por qué no me crees? Abandono mi Salón, la escultura. Si pudiera irme a cualquier parte, a un país en el que olvidara, pero no existe. Hay momentos en que francamente creo que te olvidaría. Pero de repente, siento tu terrible poder. Ten piedad malvada. Ya no puedo más, no puedo pasar otro día sin verte. De lo contrario la locura atroz. Se acabó, ya no trabajo, divinidad maléfica, y sin embargo te quiero con furor. Mi Camille ten la seguridad de que no tengo ninguna amiga, y de que toda mi alma te pertenece. No puedo convencerte y mis razones son impotentes. Mi sufrimiento no te lo crees, lloro y lo pones en duda. Ya no río desde hace tiempo, ya no canto, todo me resulta insípido e indiferente. Ya estoy muerto y no comprendo las fatigas que he pasado por unas cosas que ahora me son indiferentes. Déjame verte todos los días, será una buena acción y quizá me venga una mejoría, porque sólo tú me puedes salvar con tu generosidad. No dejes que la horrible y lenta enfermedad se apodere de mi inteligencia, del amor ardiente y tan puro que te tengo en fin piedad querida mía, y tú misma serás recompensada. Rodin Te beso las manos, amiga mía, a ti que me regalas goces tan elevados, tan ardientes, junto a ti, mi alma vive llena de fuerza y, en su locura de amor, el respeto hacia ti está siempre por encima de todo. El respeto Busto de Rodin (yeso patinado) obra de Camille Claudel que tengo por tu carácter, por ti mi Camille, es la causa de mi violenta pasión, no me trates despiadadamente te pido tan poco. No me amenaces y déjate ver que tu dulce mano me muestre tu bondad y me la dejes algunas veces, para que la bese en mis transportes. No lamento nada. Ni el desenlace que me parece fúnebre, mi vida caerá en un abismo. Pero mi alma ha tenido su florecimiento, tardío por desgracia. Ha sido preciso que te conozca y todo ha cobrado una vida desconocida, mi desvaída existencia ha ardido en un fuego de alegría. Gracias porque a ti debo toda la parte de cielo que he alcanzado en la vida. Posa tus queridas manos sobre mi rostro, que mi carne sea feliz que mi corazón vuelva a sentir que se derrama tu divino amor. Con qué entusiasmo vivo cuando estoy junto a ti. Junto a ti cuando pienso que todavía tengo esa felicidad, y me compadezco, y en mi cobardía creo que he terminado de ser desgraciado que estoy al final. No tanto que no haya un poco de esperanza tan poca una gota es preciso que aproveche la noche, más tarde, la noche después. Tu mano Camille, no la que se retira, no hay felicidad al tocarla si no es prenda de un poco de tu ternura. ¡Ay! divina belleza, flor que habla, y que ama, flor inteligente, querida mía. Tan buena, de rodillas, ante tu bello cuerpo que abrazo. R (Carta enviada por Auguste Rodin a Camille Claudel. Museo Rodin de París) Se apaga su intensa luz