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64 MADRID La Cava Alta y la Cava Baja, de moda DOMINGO 4 s 11 s 2007 ABC Un repertorio de 40 locales en poco más de 300 metros Antaño refugio de malhechores, la historia de la Cava Baja empezó a cambiar cuando en ella se fijó Lucio Blázquez POR C. ALONSO FOTOS DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Una antigua trinchera curva de 302 metros, oscura, sin luz, refugio de bandidos y en la que los carruajes apenas se atrevían a detenerse. Así fue la Cava Baja, que se extiende paralela a su hermana, la Alta, y que hoy se ha convertido en una calle gastronómica a nivel internacional, pasando de cobijar a pícaros y maleantes a servir de morada a cuarenta heterogéneos locales donde saciar el hambre y la sed. Hace unos sesenta años, cuando a esa tenebrosa calle ya habían llegado las fondas, tabernas y hospederías, a ella arribó un tal Lucio. Un adolescente de 14 años que empezó a trabajar de botones en el Mesón del Segoviano, regentado por una mujer llamada doña Petra. El hecho de que los hijos de ésta salieran arquitectos iba a cambiar para siempre la historia de la Cava Baja. Llegado el momento, sus vástagos prefirieron diseñar edificios a calentar fogones. Pero allí estaba aquel Lucio, de apellido Blázquez, para hacerse cargo del negocio. El mejor relaciones públicas de toda España explica su hijo. Hoy, Casa Lucio y sus huevos estrellados se han convertido en el gran referente de la Cava Baja, que se extiende desde la plaza de Puerta de Moros a la del Humilladero. Su fundador, de 73 años, sigue allí, día tras día, dando un cordial que aproveche tanto a anónimos como a personalidades. La última, Roger Federer, quien llamó hace un tiempo al restaurante para reservar mesa y un joven contestó al otro lado: Lo siento, pero está completo El tenista número uno del mundo fue resarcido hace unos días con jamón, unas rebanadas de pan con tomate, boquerones y arroz con leche. Vecinos desvelados por los ruidos nocturnos Los vecinos que residen en las inmediaciones de las Cavas conviven las noches de los fines de semana con los ruidos propios de una zona de ocio a la que acuden cientos de personas. Aunque ya estaban acostumbrados a los clientes, bastante tranquilos de los restaurantes, últimamente son los cánticos nocturnos los que desvelan su descanso. La gente grita, canta sevillanas, himnos de fútbol, cualquier cosa. Esta calle es de paso hacia los bares de La Latina y el cachondeo no para en toda la noche se quejaba Carmen, una vecina de la Cava Baja. Aunque el reguero de gente es constante y no cesa hasta el amanecer, los vecinos destacan que, al menos, no tienen que sufrir grandes aglomeraciones de personas al aire libre, mucho más ruidosas, ni se trata de una zona conflictiva. Es muy raro que haya peleas o robos, y eso se agradece comentaba Carlos, un residente de la calle. 00: 20 La taberna Matritum se sitúa en la Cava Alta y ofrece más de 350 variedades de vino Federer se quedó sin mesa Quien nunca se quedó sin mesa en Lucio fue el Premio Nobel Severo Ochoa. Una placa de bronce en la pared con su perfil en relieve, en una esquina, sobre una de las mesas, recuerda a todo el que se acerca que aquel era su rincón. La tortilla de cinco kilos Lucio también formó parte de la historia del restaurante El Schotis, el más antiguo de la calle, desde abril del 62 explica, orgulloso, José Luis, uno de sus seis dueños. Entre decenas de fotografías en blanco negro y sepia que abarrotan las paredes y en las que se ve a José Luis posando con personajes tan dispares como José María Aznar, Sara Montiel o Cantiflas, se alza uno de los platos típicos de la casa: la tortilla de patata de cinco kilos y treinta huevos, cuya receta secreta ha sobrevivido catorce años. 22: 10 Javier, hijo de Lucio, posa en el famoso comedor junto al rincón de Severo Ochoa En la calle hay dos tipos de negocio, los de toda la vida, como Casa Lucio, El Schotis, Julián de Tolosa o La Posada de la Villa, y los más recientes, enfocados hacia el tapeo explica Ángel Martín, director de la franquicia Bodegas Galiana, quien ha abierto uno de estos locales en la Cava hace justo un año. En su negocio, una pareja puede gastarse desde nueve euros por persona si come de menú u opta por unas tostas hasta treinta euros si elige, por ejemplo, un entrecot de la carta. Algo menos que en La Posada de la Villa, uno de esos restaurantes de toda la vida y en el que triunfa el cocido madrileño en lumbre baja o el asado de cordero en horno de leña de encina. El encargado, Antonio Pino, que también representa a un restaurante tan legendario como Las Cuevas de Luis Candelas, opina que, según pasa el Aquí sólo 1,20 céntimos son necesarios para abonar una cerveza, que trae de regalo un pedacito de este manjar español. Pero no sólo de tortilla vive El Schotis. Aquí tenemos los mejores boquerones, callos y croquetas explica este pequeño hombre de chaleco gris, quien recuerda con entusiasmo el día en que Don Juan Carlos y Doña Sofía degustaron en su comedor el solomillo de su cocina.