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62 MADRID www. abc. es madrid DOMINGO 4- -11- -2007 ABC 22: 15 Viernes noche. Un grupo de Bilbao espera mesa tomándose el aperitivo en la calle Las dos Cavas el alma nocturna de La Latina La Cava Baja y la Cava Alta, donde se concentran decenas de bares, restaurantes y pubs, se han alzado como uno de los epicentros de la noche madrileña POR CRISTINA ALONSO FOTOS DANIEL G. LÓPEZ MADRID. Once de la noche, viernes. Un vagón de Metro de la línea 5 hace su parada en La Latina. Se abren las puertas y una marea humana invade el andén. Casi todos con un mismo destino: La Cava Baja y sus cuarenta bares, restaurantes y pubs. En la paralela de arriba, también aguarda la Cava Alta. Hay quien prefiere llegar en coche. Veinticinco minutos buscando aparcamiento se queja Antonio, de Pozuelo, y al que hoy le ha tocado ser el conductor del grupo. Como mucho, dos cañitas, que luego hay que soplar comenta. Otros, los más, van llegando a pie. En la Cava Baja, el tumulto viene y va. Varios hombres trajeados se cruzan con dos jóvenes con piercing en la ceja y una litrona de cerveza. Tres chicas indican una dirección a dos turistas italianos que tienen antojo de huevos fritos. Entre el gentío, también niños pequeños, de la mano de sus padres, que desaparecen tras la puerta de algún restaurante. ¡Mirad qué tapas! exclama un hombre de 40 años a sus compañeros de cañas al pasar por una taberna vasca abarrotada que deja a la vista sus manjares. Un poco más allá, un turista anglosajón despistado interrumpe el paso de una pareja con un excuse me... ¿Cuánto hay que esperar para una mesa de cuatro? pregunta un joven asomando la cabeza por la puerta de un mesón. Media hora, quizá algo más responde el camarero. El grupo desiste y decide probar suerte en algún otro local. Absurdo Mayor Pl. de la Villa preguntar en Casa Lucio, el restaurante más emblemático de la Cava Baja. Imposible. Tenemos fama de no tener mesa, pero es mentira. Lo que ocurre es que todo el mundo quiere venir el mismo día explica con gracia y una sonrisa Javier, hijo del propietario. A la entrada, un gran coche oscuro y con las lunas tintadas se detiene. Algún curioso ralentiza su paso para ver quién se esconde en el A la caza de una mesa El cliente tipo tiene entre 30 y 40 años, de renta media- alta y gasta unos 35 euros entre cena y copas Plaza Mayor Sac Segovia Cuchilleros Pl. del Alamillo Pl. de la Paja Segovia Pl. Puerta Segovia Cerrada Just Toledo San o Lechuga Salvador ram ento Pl. Conde Miranda Pl. Santa Cruz Pl. Conde Barajas Concepción Jeronima Baj a fal Nuncio Almendro Cost. San Pedr Cole d Re on dil la Plaza de la Cebada ABC Don Pedro Pl. Puerta de Moros Plaza Humilladero do Pl. San Andrés Ca va Ca va Alta Gra giata Catedral de San Isidro Millán San Duque Tole de Alb a interior. A ver si van a ser el Bardem y la Penélope bromea uno de ellos creando más expectación. Sale una pareja sexagenaria, elegantemente vestida, pero desconocida. Mala suerte. Javier y Estíbaliz no encuentran sitio. Quieren una mesa en La Tomasa, uno de los locales en los que arranca la calle. Y allí esperan, junto a una farola y un buzón de correos, atentos al más mínimo movimiento de los que están sentados. Reconocen que han llegado un poco tarde, pero como el frío aprieta no imaginaban que tendrían que pedir la vez. A Ramón y Amparo también les ha tocado esperar, esta vez a las puertas de la taberna Los Huevos de Lucio. Las hermanas Amaya, Edurne y Josune, de Bilbao, y sus respectivos acompañantes no han querido perder más tiempo en el restaurante. Ayer ya cenamos por aquí y, hoy repetimos explican con un inconfundible acento del norte. Hemos probado unas gambas que estaban más fres- cas que las que nos tomamos en Huelva confiesa una de ellas entusiasmada. Minibotellón en la plaza Para los que vienen ya cenados de casa, el reto es otro. Lograr encontrar un bar en el que pasar la noche. Hay quien buscando tranquilidad ha comprado alguna botella de alcohol en un chino cercano y se la bebe en la plaza de la Puerta Cerrada, donde varios grupos de jóvenes con vasos de plástico salpican la plaza. Congelados nos estamos quedando aquí, igual que los cubitos de hielo comenta un chaval que esconde parte de su cara bajo el cuello de cisne de su jersey y que está a punto de empezar a tiritar. Frío no, sino calor, es lo que se respira en uno de los tablaos flamencos de la Cava, en el que prácticamente no se puede ni entrar. Allí, un grupo de seis personas ha echado mano de la guitarra y el eco de las palmas llega hasta la calle. Unos amigos de Irlanda se atreven con un improvisado baile de sevillanas en mitad de la acera sin San Cavauel Mig o San An drés