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22 ESPAÑA HISTÓRICA VISITA DE LOS REYES A CEUTA Y MELILLA EL FACTOR FRANCÉS DOMINGO 4 s 11 s 2007 ABC La diplomacia francesa ha demostrado ser un firme aliado marroquí sin echar por tierra sus intereses en Argelia tas saharauis. La diplomacia española ha visto también cómo el distanciamiento con Washington ha ido en aumento, hasta llegar a los famosos cuatro segundos de cruce de saludos entre Zapatero y George Bush en la última asamblea general de la ONU. EE. UU. es un factor clave para el equilibrio en el Estrecho. España tiene además que torear por su cercanía geográfica a Marruecos con varios problemas que afectan en mucho menos medida a Francia, como la inmigración, el terrorismo, el tráfico de drogas o la reivindicación de los territorios españoles en el norte de África. Esto último, con la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla de telón de fondo, ha sido uno de los detonantes de la crisis. Esta proximidad física, que sobre el papel debería haber beneficiado a España, tampoco ha servido en cuestiones como intercambios comerciales, entrada de turistas y la expansión del español, en las que Francia sigue a la cabeza. España cuenta en Marruecos con la mayor red de colegios e institutos en el extranjero, se abren nuevos centros del Instituto Cervantes- -ya hay seis- crecen las exportaciones e importaciones y la instalación de empresas españolas. Las autoridades españolas se estaban abriendo camino con el enorme impulso que el Gobierno socialista trata de dar a las relaciones bilaterales. Pero cualquier chispa se ha demostrado que puede incendiar las relaciones, como ocurrió entre 2001 y 2002 y como ha sucedido ahora con la llamada a consultas del embajador. Problemas cercanos Mohamed VI y Nicolas Sarkozy en la visita del presidente francés a Marraquech a finales del mes de octubre AFP España y la pinza Rabat- París Cuando Francia tuvo que decantarse, lo hizo por Marruecos. Y siempre lo hará. París y Rabat han formado una pinza de intereses comunes y mantienen unas relaciones bilaterales mucho más estables y apacibles que las hispano- marroquíes POR L. V. CORRESPONSAL RABAT. El Gobierno de José María Aznar se llevó una amarga sorpresa cuando en pleno conflicto del islote de Perejil, en julio de 2002, vio que Francia se ponía de parte de Marruecos. El ex presidente reconoció en el libro Vecinos alejados del periodista Ignacio Cembrero, que el Rey Mohamed VI recibió el respaldo del entonces presidente francés, Jacques Chirac, que llegó a insinuar a Madrid que lo mejor para acabar con el problema era entregar a Marruecos Ceuta, Melilla y el resto de territorios norteafricanos. En 1956, España y Francia echaron el cerrojo a sus respectivos Protectorados y Marruecos existe desde entonces como país independiente. Pero la salida de París fue menos traumática- -más inteligente, explican algunos marroquíes- -que la española. Y eso, con el paso de los años, ha acabado influyendo en las relaciones bilaterales. Marruecos intenta mantener a ambos países como firmes aliados, sobre todo por sus aspiraciones a acercarse cuanto más mejor a las instituciones de la Unión Europea. En noviembre de 2005, Mohamed VI tuvo como invitados a ambos jefes de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y Dominique de Villepin, en la ceremonia que conmemoró el cincuenta aniversario de la independencia del Reino. A pesar de todo, los problemas de Francia en sus relaciones bilaterales no son los mismos que los de España. Ni de lejos. El presidente francés, Nicolas Sarkozy, acaba de firmar a finales de octubre en su visita oficial al Reino alauí acuerdos por valor de 3.000 millones de euros. Dos tercios de ese dinero servirán para hacer realidad el proyecto del tren de alta velocidad francés en la nueva línea que se construirá entre Marraquech y Tánger. Y eso que Rabat ha preferido finalmente la oferta de Washington para comprar aviones F- 16 de segunda mano antes que los nuevos Rafale de la factoría francesa Dassault. Sarkozy se desplazó también al nuevo puerto Tánger Mediterráneo, construido a pocos kilómetros de Ceuta y que aspira a hacer la competencia al de Algeciras, sobre todo en el tráfico de contenedores. La diplomacia francesa ha demostrado que es posible mantenerse como un firme aliado marroquí en todos los aspectos sin necesidad de echar por tierra sus intereses en Argelia, por más que la independencia en 1962 del gigante magrebí fuera mucho más sangrante que la de Marruecos. El Gobierno de Zapatero ha visto sin embargo cómo las cosas no han rodado tan bien con los argelinos, escocidos porque Madrid ha apostado el todo por el todo en Rabat y ha dado la espalda a los independentis- Comunicaciones por satélite sospechosamente saturadas durante la crisis de Perejil Pasado el trago de Perejil y con el comienzo del deshielo de la crisis con Marruecos, la diplomacia española fue cauta a la hora de referirse públicamente a lo ocurrido durante el conflicto del islote. El Gobierno francés, con su entonces ministro de Exteriores, Dominique de Villepin, no fue precisamente una ayuda para España. Todo lo contrario. La madrugada en que las tropas especiales españolas aterrizaron en Perejil para recuperar el status quo las comunicaciones por satélite con las tropas y la flota aparecen sospechosamente saturadas. Todas las miradas apuntan a Francia, según fuentes diplomáticas. Los franceses llegaron incluso a bloquear una declaración unánime de la UE en la que los Quince debían haber apoyado a Madrid. Los asesores del jefe de la diplomacia gala le advirtieron que estaba contraviniendo la doctrina que mantenían en pie desde que el presidente François Mitterrand apoyara a Margaret Thatcher en 1982 durante la Guerra de las Malvinas. A pesar de que Argentina había acudido al mercado francés a comprar armas. En ese momento se fija la llamada doctrina Mitterrand siempre se apoyará a un socio europeo en un contencioso inetrnacional. Esa doctrina del Estado francés se mentuvo hasta que Jacques Chirac y Villepin se la saltan para dejar tirada a España en la crisis de Perejil. Finalmente, el entuerto del islote, gravísimo, tuvo finalmente que ser resuelto por un tercero, dado que en el UE no había unanimidad por la grieta francesa. Y ese tercero fue Estados Unidos por medio de su secretario de Estado, Colin Powell. Pero ahora Washington no es el aliado sólido dispuesto a echar una mano.