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4 OPINIÓN DOMINGO 4 s 11 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro VIVIENDA, OCURRENCIAS Y OPORTUNISMOS NA nueva encuesta del CIS revela que la vivienda sigue siendo el problema prioritario para una gran mayoría de los ciudadanos. Es lógico, si se tiene en cuenta la repercusión social y económica de unos precios disparatados que impiden la independencia de los jóvenes respecto del hogar familiar y gravan las economías domésticas con hipotecas en las que muchos españoles se dejan una parte sustancial de sus ingresos. El artículo 47 de la Constitución reconoce el derecho a una vivienda digna y adecuada, pero- -por desgracia- -los poderes públicos no han conseguido frenar el valor del suelo, que alcanza cifras prohibitivas y repercute decisivamente en el precio final. La respuesta del Gobierno ante una situación tan compleja oscila entre las ocurrencias sin contenido y el oportunismo puro y duro. Rodríguez Zapatero recuperó un ministerio que carece de competencias en el marco del estado autonómico y puso a su frente a María Antonia Trujillo, que consiguió el dudoso honor de ser la primera por la cola en la valoración de los ministros durante toda la legislatura. Aunque Carme Chacón tiene mejor imagen y se muestra más prudente en sus declaraciones públicas, las cosas siguen igual o peor que antes: ya no se habla de soluciones habitacionales sino que se aprueban medidas electoralistas como las ayudas de 210 euros mensuales a los jóvenes entre 22 y 30 años para que alquilen una vivienda con carácter de residencia habitual. Aparte de que los planes de la ministra anterior eran- -curiosamente- -más generosos que los aprobados el pasado viernes por el Consejo de Ministros, parece imposible que de aquí al 1 de enero de 2008 se pongan en marcha los mecanismos administrativos imprescindibles para hacer efectivas las ayudas, como han destacado de forma unánime los responsables autonómicos encargados de su gestión. Este nuevo brindis al sol dirigido hacia los votantes jóvenes, al igual que un impulso ineficaz para la construcción de viviendas protegidas o una ley del suelo que se limita a recoger los restos de las escasas competencias estatales, son decisiones insuficientes a todas luces para desarrollar una política de vivienda a la altura de las circunstancias. El mercado inmobiliario es muy complejo y tiene características peculiares. El Ejecutivo no ha sido capaz de buscar acuerdos razonables con los promotores y con las entidades financieras, de manera que sólo se le ocurre salir del paso gastando sin medida el dinero de todos. Una legislación adecuada y una labor subsidiaria de promoción exigen una capacidad política y una eficacia administrativa que el Ministerio de la Vivienda no está en condiciones de ofrecer. De momento, se trata de relanzar la imagen pública de Carme Chacón, uno de los puntales del socialismo en Cataluña de cara a las próximas elecciones, pero las operaciones partidistas y con objetivos a corto plazo no sirven de nada a la hora de dar respuesta a la preocupación más grave que tienen a día de hoy muchos millones de españoles. U SIN POLÍTICA EXTERIOR NI ALIADOS A política exterior es uno de los fracasos más rotundos del Gobierno de Rodríguez Zapatero. Por expresarlo de la manera más sencilla posible: España carece en estos momentos de una política exterior digna de tal nombre. En apenas cuatro años se han desbaratado los progresivos aciertos cosechados durante décadas por los sucesivos gobiernos de la democracia. Guiada por clichés trasnochados y una falta de rigor y fundamentos que revela la enorme debilidad intelectual en sus artífices, la política exterior española parece hallarse en manos de aficionados, y no sólo en lo relativo a su diseño, sino a la propia gestión del día a día, que no deja de acumular torpezas y negligencias. De hecho, atravesamos por un escenario en el que la respetabilidad internacional de España está bajo mínimos. Sin crédito y sufriendo todo tipo de agravios, proyectamos la imagen de un país irrelevante que parece vivir instalado en una preocupante marginalidad, al menos de acuerdo con los parámetros que se suponen aplicables a democracias de nuestro entorno europeo y occidental. Que España se encuentre en una situación así resulta inadmisible, máxime cuando partíamos de una posición privilegiada que podía haber sido rentabilizada para mejorar nuestros intereses estratégicos. Por desgracia, el balance ha sido muy distinto; de hecho, no ha habido una sola iniciativa exterior que haya tenido éxito. Más allá de lograr una presencia aventajada en el Caribe gracias al trato especial dispensado a Cuba o Venezuela, ninguna de las áreas estratégicas de interés para nuestro país se ha visto reforzada durante esta legislatura. Más bien todo lo contrario: carecemos de interlocución con los Estados Unidos después de nuestra retirada de Irak y del cúmulo de desencuentros provocados por las torpezas del presidente Rodríguez Zapatero. Nuestra posición en Europa se ha visto igualmente debilitada: no podemos esgrimir ninguna complicidad estratégica dentro de la UE, y estamos alejados del núcleo privilegiado de los países con poder de decisión. El balance en Iberoamérica es muy parecido. A pesar del enorme peso de nuestras inversiones, nunca como hasta ahora hemos tenido menos capacidad de L influencia en la región. En el Mediterráneo, Francia nos ha arrebatado claramente el liderazgo que quisimos impulsar a raíz de la Conferencia de Barcelona, tal y como demuestra el estado de las relaciones con los países árabes e Israel, que no atraviesa precisamente por un buen momento. Peor es el escenario que ofrece el norte de África. De hecho, comienza a ser inquietante, ya que al grave desencuentro diplomático que vivimos con Marruecos hay que añadir que nos hemos enajenado nuestra amistad tradicional con el pueblo saharaui y Argelia, país fundamental para nuestra economía debido a nuestra dependencia energética. Así las cosas, que Marruecos sea capaz de mostrar tanta agresividad diplomática hacia nuestro país merece una mención aparte, sobre todo después del trato privilegiado dispensado por el Gobierno de Zapatero a nuestro vecino del sur. Está claro cuáles son las relaciones que le importan a Rabat después de la visita del presidente Sarkozy hace unas semanas: en tan sólo dos días le dio a Francia todo lo que no fue capaz de ofrecer a España a lo largo de estos años de supuesta relación de buena vecindad. Lo más grave de la situación no es el desprecio hacia los intereses económicos de nuestro país, sino que Marruecos parece haberle cogido la medida a nuestra Gobierno y está dispuesto a tensar la cuerda en cualquier momento, tal y como se ha visto con la retirada de su embajador y el ofensivo despliegue diplomático que ha puesto en marcha tras el anuncio de la visita de los Reyes a Ceuta y Melilla. España atraviesa por un momento de irrelevancia exterior, y eso lo sabe Mohamed VI. Sin relación privilegiada con Estados Unidos y sin capacidad de influencia dentro de la UE, padecemos una extraordinaria vulnerabilidad estratégica, que se hace especialmente aguda en el estrecho de Gibraltar. De hecho, muchos son los que se preguntan estos días sobre cuál será el desenlace de una crisis internacional tan grave como la que se produjo con la ocupación de Perejil. Por desgracia, la respuesta queda tan en suspenso que aumenta la sensación de inquietud e incertidumbre que proyecta el balance de una falta de política exterior y una ausencia de aliados fiables. AL QAIDA: ESPAÑA EN EL PUNTO DE MIRA O es la primera vez y tampoco será la última que los islamistas radicales amenazan a España, pero resulta muy significativo que este nuevo desafío se produzca pocos días después de la publicación de la sentencia del 11- M. Ayer, Al Zawahiri, número dos de la multinacional terrorista Al Qaida, llamaba a los musulmanes del Magreb a proclamar la guerra santa contra EE. UU, Francia y España. A través de una página web vinculada con la organización, el lugarteniente de Bin Laden reitera la doctrina ya conocida de la yihad contra los infieles y también contra los gobernantes de la región, a los que califica de esclavos de Occidente y traidores a la verdadera fe. El norte de África se ha convertido en un territorio de singular importancia estratégica para los salafistas, de tal modo que Al Qaida sitúa en países como Marruecos y Argelia, entre otros, una de sus prioridades estratégicas. La proximidad al sur de Europa y la fuerte inmigración magrebí en Francia y España representan un atractivo para el islam militante, que juega también con factores simbólicos que afectan directamente a nuestro país, como la recuperación de Al Andalus. Estamos en presencia de un desafío a escala global que impugna la legitimidad del sistema democrático y pluralista, así como la supremacía moral de los sistemas que reco- N nocen la libertad y los Derechos Humanos. Los fanáticos al servicio de esta causa radical han demostrado ya su capacidad para hacer daño y están dispuestos a continuar en esta lucha sin cuartel. La sentencia del 11- M establece con claridad quién cometió la masacre y desmonta una por una todas las falacias de las teorías conspirativas, dispuestas a utilizar la credulidad de algunos sectores sociales al servicio de sus intereses. El nuevo video de Al Qaida refleja una vez más que los terroristas tienen a España en el punto de mira, y que la discordia interna es una fuente de debilidad de la que toman muy buena nota. Por eso mismo, carece también de sentido la interpretación del 11- M como una consecuencia directa de la presencia de nuestros soldados en Irak. Rodríguez Zapatero se apresuró a ordenar su retirada al comienzo mismo de su mandato, pero- -como es evidente- -el islam radical sigue dispuesto a cometer atentados en España. Así lo demuestran las frecuentes detenciones de células organizadas y lo confirman las reiteradas advertencias de sus dirigentes. La geopolítica y la historia hacen de nuestro país un objetivo preferente para este terrorismo global del siglo XXI, que actúa con métodos muy diferentes a la guerra convencional pero con el mismo objetivo de aniquilar al enemigo. Ojalá la ceguera interna no contribuya a debilitar la defensa.