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36 INTERNACIONAL Tribuna Abierta SÁBADO 3 s 11 s 2007 ABC Robert Kagan Miembro de la Fundación Carnegie para la Paz SON LO PRIMERO URANTE la controversia sobre la esclavitud que tuvo lugar en Estados Unidos en la década de 1850, los norteños que se oponían al enfrentamiento con el sur se declaraban a favor de dejar que la naturaleza siguiera su curso. La esclavitud estaba condenada a desaparecer, sostenían, porque no podía extenderse allí donde el clima fuese inhóspito al algodón y porque el atávico sistema esclavista sería inevitablemente superado por la industrialización. Abraham Lincoln los llamaba argumentos de canción de cuna Coincidía en que la esclavitud no podía competir a largo plazo, pero temía que los propietarios de esclavos pudieran adaptarse e incluso prosperar durante un tiempo. La esclavitud también parecía condenada en la década de 1790, hasta que Eli Whitney inventó la desmotadora, y después prosperó. La Revolución Industrial podía producir nuevas formas de hacer rentable la esclavitud. Se necesitaría la voluntad de los hombres, no la naturaleza, para acabar con esta terrorífica invención humana. Este antiguo debate debería resultarnos conocido, porque lo mantenemos una y otra vez respecto a la sorprendente resistencia de la autocracia en China, Rusia, Venezuela y otras partes. No se suponía que fuera a ser tan resistente. Después de la Guerra Fría, muchos insistían en que en una economía globalizada los países tenían que liberalizarse para competir y que la liberalización económica provocaría la liberalización política. medida que las economías nacionales se aproximasen a cierto nivel de renta per cápita, las cada vez más numerosas clases medias exigirían poder jurídico y político, lo cual proporcionaría las bases para la democracia. Algunos expertos consideraban deseable la autocracia liberal el dictador capaz de guiar a su país por las fases de desarrollo necesarias hasta que pudiera arraigar la democracia estable. Los deterministas económicos compartían dos rasgos comunes. Uno era la creencia permanente en la inevitabilidad del progreso humano, la creencia de que la historia sólo avanza en una dirección; una fe nacida en la Ilustración pero a la que la caída del comunismo dio nueva vida. El otro LAS ELECCIONES LIBRES D Las elecciones libres tal vez no garanticen el liberalismo, pero el liberalismo no puede existir sin elecciones libres. Ésta no será una buena noticia para quienes preferirían creer que la autocracia simplemente desaparecerá sin que las democracias tengan que realizar un gran esfuerzo sistema de derecho o instituciones estatales fuertes. En un importante artículo publicado recientemente en Journal of Democracy, Thomas Carothers, de Carnegie Endowment, concluye que dadas las pruebas acumuladas en las dos últimas décadas, se ha demostrado que es casi imposible establecer el sistema de derecho y unas instituciones estatales fuertes en países no democráticos. Los autócratas crean un poder estatal sobre el cual pueden ejercer un monopolio, como las fuerzas de seguridad. Pero son enemigos de las instituciones administrativas imparciales que una sociedad en desarrollo necesita y que son esenciales para el liberalismo. En lugar de reforzar el Estado, los autócratas por lo general lo usan inadecuadamente Mantienen unas instituciones débiles, que no suponen una amenaza para ellos y bajo su control. o mismo se puede decir del imperio de la ley. Minxin Pei, otro especialista de Carnegie, tenía en otro tiempo grandes esperanzas para el sistema de derecho en China. Hoy ve una oligarquía dominante y depredadora más interesada por conservar el poder y enriquecerse que por establecer un sistema jurídico imparcial. Y no sólo en China. Como concluye Carothers, la idea de que el desarrollo del sistema de derecho bajo la autocracia es un precursor natural de la democracia es plantear la historia del revés Es la falta de democracia en muchos países la que impide que arraigue el sistema de derecho. La autocracia liberal es básicamente un mito. Por cada Lee Kwan Yew de Singapur, hay docenas o incluso cientos de autócratas rapaces y represivos... para quienes el sistema de derecho representa una camisa de fuerza que debe evitarse a toda costa l hecho es que las elecciones sí son importantes. Como sostiene Marc F. Plattner en un nuevo libro, Democracy Without Borders? ¿Democracia sin fronteras? las elecciones libres tal vez no garanticen el liberalismo, pero el liberalismo no puede existir sin elecciones libres. Ésta no será una buena noticia para quienes preferirían creer que la autocracia simplemente desaparecerá sin que las democracias tengan que realizar un gran esfuerzo. Pero tanto los expertos como las pruebas que tenemos ante nosotros han retirado los puntales de ese argumento de canción de cuna. La pasividad ante la tiranía no será suficiente. The New York Times Syndicate L A era una receta para la paciencia y el comedimiento. En lugar de enfrentarse a las autocracias y exigirles que celebrasen elecciones libres y justas, era mejor introducirlas en la economía global, apoyar el sistema de derecho y la creación de instituciones estatales más fuertes, y dejar que los procesos de desarrollo hicieran su trabajo. En la larga lucha dialéctica de la historia humana entre el liberalismo y las diversas formas de autocracia, una lucha regida por el innato deseo humano de reconocimiento la democracia liberal estaba sencillamente destinada a ganar. Quizá sea cierto a largo plazo. Pero, por ahora, no ha funcionado como se predecía. En lugar de reformarse o marchitarse en el mundo globalizado, las autocracias se han ido adaptando. En Rusia y China, el auge económico basado en la expansión del comercio internacional no ha debilitado a los autócratas, sino que los ha fortalecido. Gobiernos autori- tarios más ricos monopolizan las emisoras de radio y televisión y controlan el tráfico de Internet, con la ayuda dispuesta de multinacionales extranjeras. Las cada vez más numerosas clases medias rusas y chinas parecen dispuestas a mantenerse fuera de la política siempre que el dinero siga entrando y el castigo por la actividad política siga siendo la cárcel o la muerte. Como señalaban los académicos Bruce Bueno de Mesquita y George W. Downs, es un hecho aciago y poco apreciado que el crecimiento económico, en lugar de constituir una fuerza de cambio democrático en los Estados tiránicos, pueda a veces utilizarse para consolidar los regímenes represivos ecientemente, expertos en democracia sacaban a relucir otros mitos populares, como la convicción extendida de que es un error impulsar las elecciones en países que no han desarrollado antes un E R