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ABC VIERNES 2- -11- -2007 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo 87 Nuevas investigaciones difuminan la frontera entre la vida y la muerte Enfermos que parecían irrecuperables se recuperan; otros que parecían insalvables se salvan. La tecnología hace de la vida algo cada vez más artificial ANNA GRAU NUEVA YORK. Sabemos que todo tiene remedio, menos la muerte. Pero, ¿qué es la muerte? La frontera entre vivos y muertos cada vez es más confusa, no en la ciencia- ficción o en los relatos de Edgar Alan Poe, sino en las salas de urgencias de los hospitales y en las investigaciones punteras de la ciencia. Enfermos que parecían insalvables se salvan, estados vegetativos irrecuperables se recuperan, mientras la esperanza de vida se dispara (en España ya excede los ochenta años) y donde acaba la inteligencia natural, empieza la artificial. El derecho a la vida es sagrado. O, por lo menos, nadie quiere morir. ¿Pero hasta qué punto mantener viva a una persona con respiración asistida y estimulación mecánica, y con la convicción médica de que nunca superará ese estado, tiene sentido? Ese era por ejemplo el debate subyacente en el caso de la norteamericana Terri Schiavo, a quien en el año 2005 se dejó morir después de quince años de agonía clínica, por decisión de su marido y contra la voluntad de sus padres. El caso suscitó un intenso debate en los Estados Unidos. El coste económico de aferrarse hasta el final a la menor esperanza de vida vegetativa es económicamente atroz. Combinado con la explosión demográfica y el envejecimiento de la población, puede llegar a suponer una carga insoportable para cualquier sociedad. Algunos bioéticos temen que se llegue a tener que elegir entre dejar morir a los viejos o esterilizar a los jóvenes. Pero puestos a sacrificar el derecho individual a la vida por un eventual deber comunitario de morir, nadie quiere ser el primero. Ni que lo sean sus seres queridos. Más cuando en los casos como el de Terri Schiavo la ciencia no se atreve a ser concluyente: ¿cuánta vida queda detrás de un cerebro severamente dañado? Hay expertos partidarios de tirar la toalla cuando el cuerpo sigue respirando pero se constata la muerte cerebral. Pero, ¿qué es la muerte cerebral? ¿La muerte de los lóbulos, del hipotálamo? ¿La extinción del habla, de la memoria, de la consciencia? Adrien Owen, un neurocientífico británico formado en Ni vivo, ni muerto: robot La ciencia supera a la ficción. El mundo soñado por Isaac Asimov, donde la Humanidad vivía tutelada por robots infinitamente benevolentes, está a la vuelta de la esquina. Por lo menos en la imaginación de gentes como el escritor futurista norteamericano Ray Kurzweil, que ya ha profetizado el uso de miles de nanorrobots para ser liberados dentro del cerebro humano, para corregir sus achaques. La singularidad está cerca: cuando los humanos trasciendan la biología es el título del último libro de Kurzweil, una de las primeras espadas de la llamada Asociación Transhumanista, que aboga porque la inteligencia artificial tome sin complejos el relevo de la natural. Proponen grabar la memoria y la conciencia de las élites en archivos eternamente aprovechables. Cambridge y en Montreal, fue de los primeros en descubrir indicios de funciones cerebrales intactas en cerebros aparentemente reducidos a un estado vegetativo. Revolucionó su especialidad con unos experimentos mostrando la posibilidad de activar las neuronas de un paciente que llevaba en el limbo más de seis meses para que se imaginara a sí mismo jugando un partido de tenis. Siguió una cascada de estudios británicos, norteamericanos y franceses para encontrar tesoros de consciencia enterrada. En Francia acuñaron el concepto de la comunicación en red: en ocasiones, lo que se ha perdido es la interconexión entre las distintas partes y tareas del cerebro, y por eso la persona parece un ordenador completamente estropeado, incapaz hasta de encenderse. Cuando con la adecuada estimulación podrían recuperarse, por lo menos, algunas funciones. A eso se dedica por ejemplo el doctor Joseph Giacino en el centro de rehabilitación Johnson de Edison, en New Jersey. Giacino causa una impactante admiración entre sus colegas paseándose como un gurú por las cabeceras de las camas de enfermos presuntamente más muertos que vivos. De una ojeada parece ser capaz de percibir a quién se le puede exprimir un poco más de alma. Una mujer dada por vegetal fue capaz de hablar de cosas sencillas, después de un simple masaje en músculos escogidos para mandar señales eléctricas al cerebro. Giacino denuncia que estas investigaciones tienen un punto casi subversivo en países como Estados Unidos, donde los seguros médicos privados se niegan resueltamente a financiar terapias largas y costosas de rehabilitación para enfermos que no acrediten un progreso evidente y rápido. Es más barata la muerte en vida. Los debates sobre estas cuestiones son de tal calado que ponerse todos de acuerdo parece una utopía. Es por eso que, a la espera del quinto simposio sobre la definición de la muerte que se celebrará el próximo mes de mayo en Varadero (Cuba) los bioéticos más pragmáticos, como Robert Veach en la universidad de Georgetown, o Lisa Emmanuel en la de Chicago, abogan por extender el testamento vital. Porque cada cual fije los límites de su propia muerte. Tesoros de conciencia Hoy se descubren indicios de funciones cerebrales intactas en cerebros que parecen en estado vegetativo EFE Un sistema informático para buscar tumbas El cementerio municipal de Ávila, con 14.000 tumbas, 600 nichos y 40 columbarios, permite a los visitantes localizar a los enterrados con un sistema informático (en la imagen, utilizado por una mujer, ayer) El Ayuntamiento de la ciudad prepara para 2008 un servicio de búsqueda por internet de personas sepultadas desde 1890 en ese camposanto. Más información: ttp: www. njneuro. org bios giacino. asp