Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 2 s 11 s 2007 INTERNACIONAL 35 El fiscal de Bush pierde apoyos por su actitud hacia la tortura Michael Mukasey se muestra ambiguo sobre una técnica de interrogatorio que simula un ahogamiento ANNA GRAU SERVICIO ESPECIAL NUEVA YORK. El presidente George W. Bush hizo ayer algo que se suele hacer pocas veces o nunca: invitó a un grupo de periodistas al selecto Salón Oval de la Casa Blanca. En este entorno de privilegio informativo Bush dio rienda suelta a su indignación y preocupación por el hecho de que el nombramiento de Michael Mukasey como nuevo fiscal general (ministro de Justicia) americano penda de un hilo. Mukasey es un juez federal retirado de 66 años. Cuando Bush le llamó para sustituir al polémico Alberto Gonzales, parecía que le llamaba para apaciguar a los demócratas con un candidato bien visto por todo el mundo. Charles E. Schumer, senador demócrata por Nueva York, fue uno de los principales valedores de Mukasey desde el principio. El consenso fue bonito mientras duró. Pocas semanas le han bastado a Mukasey para perder apoyos en picado, ante su negativa a calificar legalmente de tortura una técnica de interrogatorio basada en cubrir la cara del sospechoso con una tela y empaparla en agua, para crear una sensación de ahogamiento. Mukasey calificó esto de repugnante pero se resistió a admitir que viola las leyes vigentes contra la tortura. La opinión no es baladí porque viene de quien viene, y porque puede determinar que haya o no haya fundamento para acciones legales contra interrogadores de la CIA que han usado estos métodos contra sospechosos de terrorismo, y los han usado con el consentimiento explícito del gobierno. Al mismo Bush le faltó tiempo para negar que nada de lo que se hace a los presos de Guantánamo sea técnicamente tortura. Nuestro trabajo es conseguir información para salvar vidas, y ese trabajo lo hace gente muy preparada concluyó. Muy otra es la opinión de asociaciones defensoras de los derechos civiles que se han puesto a pleitear en Francia contra Donald Rumsfeld (alegando una jurisdicción universal de estos delitos, en el mejor estilo Baltasar Garzón) y de otras entidades que podrían plantearse hacer lo mismo desde suelo americano, como Human Rights Watch. Uno de los escándalos asociados a la figura del ex fiscal general Gonzales fue la acusación de que su departamento había elaborado informes ad hoc negando que la tortura fuera tortura, o, por lo menos, que fuera ilegal. Es decir, punible. Sintomáticamente, estos informes los habían encargado los mismos agentes de la CIA responsables de los interrogatorios, inquietos por su futuro personal. El informe de Justicia de la El voto femenino se decanta por Hillary ante los ataques de sus rivales demócratas A. G. NUEVA YORK. Todos contra Hillary, ése es el lema de la precampaña presidencial norteamericana. Cuando todavía no hay candidatos propiamente dichos para los comicios de 2008, todos los que aspiran a serlo ya tienen claro que su peor enemiga es Hillary Rodham Clinton. El último debate que tenía que ser de todos contra todos, acabó siendo de todos contra una. Resultado: se empieza a movilizar a su favor un voto femenino que al principio remoloneaba. No es fácil explicar por qué la primera mujer que opta en serio a la Casa Blanca no provoca automáticos transportes de éxtasis entre presuntas feministas y progresistas. Algunas han llegado a escribir que, antes que con ella, se quedan con Cecilia Sarkozy. Que si Hillary es calculadora, que si es muy fría, que si triangula demasiado. Que si pretende estar simultáneamente a favor y en contra de la guerra de Irak o de la propuesta del gobernador del estado de Nueva York, Eliot Spitzer, de dar carnets de conducir a los inmigrantes indocumentados. Que si se quedó al lado de su marido infiel (y hasta adicto al sexo, según leemos en las memorias del ex presidente Gerald Ford) no por amor ni por miedo a la soledad, sino por ambición política a cuatro manos. Sin olvidar los ataques a su físico, que tampoco han faltado. De Hillary se ha dicho siempre que el peor peligro de su candidatura es que suscita el rechazo de los extremos, tanto de izquierda como de derecha. Pero cuando la magnitud de los ataques desborda toda objetividad, estos se vuelven incluso a favor de la persona atacada. Así empieza a verse con algunos apoyos que Hillary recibe de sindicatos mayoritarios y de la creciente masa de voto femenino. Hay muchísimas más mujeres en los Estados Unidos- -y en el mundo- -que han soportado y perdonado una infidelidad matrimonial, que no que se han ido de casa dando un portazo. Hay más mujeres moderadamente agraciadas que bellezas. Y, sobre todo, hay miles de millones de mujeres que sienten que se les enciende un hasta aquí cuando ven por la tele a seis hombres lanzándose al cuello de la única mujer que compite con ellos. El juez Michael Mukasey AP El presidente defiende el trabajo de los interrogadores de la CIA porque salvan vidas inocentes época Gonzales era secreto y suscitó un enorme escándalo entre los demócratas. Las declaraciones de Mukasey son públicas: constan en las respuestas escritas que ha mandado a los senadores que el martes que viene, en la sesión del comité de Justicia, tienen que votar (o no) su designación como fiscal general. No está nada claro qué va a ocurrir. El partido demócrata ha empezado a cerrar filas contra Mukasey, poniendo a su mentor, el senador neoyorquino Schumer, en un delicado compromiso. En Estados Unidos la disciplina de partido no es tan ciega ni automática como es las más de las veces en España. Otra prueba de ello es que algunos republicanos ya han advertido que ellos tampoco piensan votar por Mukasey. Demasiados prejuicios REUTERS Gerry McCann regresa a su trabajo en el hospital de Leicester El padre de Madeleine McCann, Gerry, volvió ayer al trabajo por primera vez desde que su hija desapareciera del apartamento que compartía con su familia en el Algarve portugués, hace ahora seis meses. Gerry McCann, en la imagen, regresó al hospital de Leicester, en el centro de Inglaterra, donde ejercía como cardiólogo. En principio, únicamente trabajará tres días por semana y no tendrá contacto directo con los pacientes por ahora.