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Jueves 1 de Noviembre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.559. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Irene Lozano COMPRARSE UN HIJO asta hace unos días creíamos saber qué son las mafias que trafican con personas: gente desaprensiva que vive a expensas de la desesperación de africanos a los que trasladan ilegalmente a Europa. Sin embargo, desde la detención de un grupo de franceses y españoles en Chad, hemos descubierto que se puede hacer lo mismo sin que a uno dejen de llamarle cooperante Esta ONG, que no denominamos mafia porque no sabemos aún hasta dónde llega el lucro, no fletó un cayuco sino el avión de una compañía ignota, Girjet. A juzgar por su diligencia en la prestación de todo tipo de servicios, así como la ignorancia con que maneja su carga, igual podía haber transportado a los desaparecidos que Pinochet arrojaba al océano. La tripulación no hace preguntas y tiene un sentido restrictivo de la responsabilidad individual. En las crónicas acerca de este tenebroso episodio no se habla de tráfico de personas, pero da la impresión- -la presunta impresión, por supuesto, no querría yo introducir una nota disonante- -de que a un nutrido grupo de parejas francesas nunca les va a llegar la pieza adquirida en venta por catálogo. ¿Se compraron un hijo? No, lo llamaron adopción. En la terrible dictadura de Chad te pueden condenar a trabajos forzados, un destino que no deseamos ni a los traficantes ni a los nacionales franceses o españoles. Pero alguien será responsable- -presunto, por supuesto- -de que haya cien niños en un orfanato sin ser huérfanos, también a la espera de que se aclare su situación. Cien niños que, pese a su experiencia traumática, parecen más orientados que nosotros en los laberintos semánticos: por las noches sólo gritan mamá esa palabra inequívoca que tanto se parece en todas las lenguas del mundo. H Albert Einstein, Marlene Dietrich y John Lennon ABC La última palabra de los famosos Ser famoso y despedirse de este mundo con una frase más o menos lapidaria son los requisitos exigidos por un médico alemán, Hans Halter, para ser incluido en su libro Ya he cumplido mi misión aquí POR M. DE LA FUENTE orirse lo que se dice morirse, lo puede uno hacer de las más diversas formas. De risa, por ejemplo, después de escuchar las explicaciones de Schuster sobre el juego del Madrid. Transido de melancolía y pena, como un poeta romántico. Del susto, de aburrimiento y de asco, como un usuario barcelonés del cercanías. De miedo y de empinar el codo como Edgar Allan Poe. O de mala manera como Jesse James al que tirotearon por la espalda la única vez que no se puso de frente a la puerta de su restaurante preferido. Pero que en el instante supremo alguien tenga los arrestos para decir algo (aunque sea poco) ya no es tan corriente. Y que otro alguien se ponga a recopilar las frases de personas famosas en el postrer cara a cara con la Parca aún es más infrecuente. Pero hay gente para todo. Incluso para esto. Como el médico alemán Hans Halter que ha reunido en un libro, Ya he cumplido mi misión aquí las últimas (o las penúltimas, por lo menos) palabra dichas antes de saludar a Cancerbero por ciento cincuenta famosos, según informa Efe. De hecho, el título es la frase con la que se despidió de este valle de lágrimas el científico Albert Einstein, aunque ya sabe que en este hombre todo era relativo. El gusanillo recopilatorio le picó al doctor Halter debido a que en su trabajo en un hospital ha acompañado a bastantes pacientes en los últimos minutos de su vida. Como House, pero a título póstumo. Por poner un ejemplo, o varios, cabe recordar la enjundiosa despedida de este mundo, copichuela de champán en la mano, pronunciada por Óscar Wilde, todo un creador de titulares: Muero como he vivido, por encima de mis posibilidades También estuvo certera Marlene Dietrich mientras pasaba un ángel (azul, claro) sobre su lecho de muerte: Lo quisimos todo y lo conseguimos ¿no es verdad? le soltó a un amigo. A Lennon, aficionado en vida a las frases de triple filo Los Beatles somos más famosos que Jesucristo no le dio tiempo a decir mucho antes de morir tiroteato a la puerta del edificio Dakota: Me han dado No se equivocaba, aunque de Yoko no dijo nada, ni siquiera bueno. A Bob Marley le dio por el amor. No, no dijo fumando espero, sino un romántico No llores, a mí me va a ir mejor y prepararé para ti un lugar en el paraíso celestial dirigido a su compañera Cindy. En la misma línea de Poe, el genial bardo galés Dylan Thomas se echó al coleto una frase que no habría imaginado ni el más cruel de los publicitarios: Me he bebido dieciocho vasos de güisqui puro. Creo que he batido mi propio récord Eso pasa por tomarse la penúltima. Aunque la última, la última palabra, la tiene el doctor Halter. M TELEVISIÓN C I N E I N T E R N E T PASATIEMPOS, DVD S, MÚSICA, VIDEOJUEGOS, T E C N O L O G Í A PORQUE ES MÁS. TODO EL OCIO TECNOLÓGICO EN EL QUE TE MIRAS M AÑ A N A C O N