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ABC LA VERDAD DEL 11- M LOS ESCENARIOS JUEVES 1- -11- -2007 MADRID 63 gua al hablar de las condenas: Los deberían haber colgado hace mucho tiempo. Es la única manera de acabar con esta lacra. No me extrañaría que siguiera habiendo grupos islámicos radicales La conversación deriva hacia la situación en el barrio, algo inevitable. A los que vivimos aquí no nos hace falta ir a una escuela de idiomas. Menos españoles, tenemos todo lo que usted quiera Pasamos por el locutorio de Jamal Zougam, ahora con un empleado de Bangladesh, que, pese a que en ese local se vendieron las tarjetas para activar las mochilas bomba, sólo acierta a decir: No entiendo. Del 11- M hace mucho tiempo En otro locutorio, en la plaza de Agustín Lara, Saliou, senegalés de 23 años, comenta: He visto el juicio alguna vez por la tele. Hoy, no. Los árabes dan muchos problemas, venden droga Al otro lado del barrio, en la plaza de Lavapiés, vuelan botellas de cristal contra los periodistas. La Policía, en alerta por la lectura de la sentencia, no tarda en llegar. Cerca, una pareja de turistas de California sonríe y contesta: No conocemos ni siquiera de qué atentado nos habla Esto también es Lavapiés. Leganés no consigue olvidar Las heridas siguen abiertas en el edificio donde se suicidaron los terroristas. No se ven, pero los vecinos, además del recuerdo, siguen teniendo averías y grietas en sus casas. Muchos vendieron sus pisos y se marcharon POR M. J. ÁLVAREZ FOTOS ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Miedo no tengo. Siempre te queda una espinita clavada... Nunca esperas que ocurra algo así en tu propia casa, el lugar más seguro que existe. Es una lotería, y nos tocó. ¿Olvidar? No, es imposible. Siempre se rememora pero hay que seguir adelante. Al fin y al cabo, los daños que sufrimos nosotros fueron materiales; esos se reparan, pero las vidas... Las vidas no Con esa claridad se explica Alberto, residente en el inmueble de Leganés en el que se inmolaron los siete terroristas islámicos implicados en el 11- M hace ahora tres años y medio. Y Beatriz. Y Antonio. Y José... Ocurrió el 3 de abril de 2004, veintitrés días después de la masacre que se cobró 190 vidas de quienes iban esa mañana en los trenes de la muerte o los esperaban, sin saber que ese iba a ser su último viaje. Fue a las 21.05 de ese sábado de abril cuando la Policía se disponía a asaltar la vivienda situada en el número 40 de la calle de Carmen Martín Gaite- -1 1- en donde habían sido localizados varios asesinos. Hicieron estallar dos bombas, entre cánticos coránicos en mitad de un intercambio de disparos, que pudieron haber provocado una tragedia de enormes proporciones. Fueron 30 kilos de explosivo en total. El primer GEO en acceder al piso, un subinspector de 41 años, falleció en el acto. Ayer, cuando el juez daba lectura a la sentencia, los recuerdos se agolpaban casi tanto como las ganas de pasar página en este municipio. Pese a todo, en la barriada de Leganés Norte, en donde los terroristas tuvieron alquilada una vivienda, la rutina imponía su ley en la gélida y soleada mañana. Los dos inmuebles afectados por la deflagración- -el número 40, en donde vivían los suicidas y el colindante, el 38- cuya fachada salió volando dejando asomar su interior, no se diferenciaban de las otras. En El edificio de Leganés que hicieron saltar por los aires los terroristas suicidas, arriba El monumento a las víctimas del 11- M, junto a la estación de Cercanías de Zarzaquemada, ayer apariencia. Sin embargo, gran parte de los residentes en los dos inmuebles, de cuatro alturas, con dos vecinos por planta (8 por bloque) son nuevos. De los antiguos quedan nueve. Muchos vendieron sus casas tras lo ocurrido. No me extraña. Yo no sería capaz de vivir en un lugar en donde ha habido tantos muertos Eso dice Sonsoles, empleada de un establecimiento cercano. Lo más curioso es que el piso que habitaron los suicidas se acaba de alquilar hace pocos meses. Ha estado deshabitado tres años. Es una pareja española. Son jóvenes. Claro que saben lo que ha pasado. ¡Cómo no van a saberlo! decía Míriam, una de las nuevas vecinas. Lo han reconstruido enterito. Es nuevo. Salvo los cimientos, lo tiraron todo y lo dejaron a ras del suelo. La vida sigue. No te puedes quedar en el pasado decía, por su parte, Beatriz. tres y nos tenemos que ir. Estamos peleando con el Ministerio del Interior para buscar una solución definitiva subraya Alberto. Esas pequeñas cosas de la vida diaria han impedido la vuelta a la normalidad. Las grietas, la humedad, los plomos que saltaban y que hacían que, si salían fuera un fin de semana, a la vuelta tuvieran que vaciar la nevera porque los alimentos estaban estropeados. Y el estruendo. El miedo. Las imágenes de edificio destrozado. Con sus pertenencias a la intemperie. Cierras los ojos y vuelves a revivir todo lo que ocurrió. Fue duro. Y pudo ser peor añade. Algunos, como él, siguen teniendo problemas para dormir y han recibido apoyo psicológico. También han tenido que seguir el juicio muy de cerca. Hemos tenido que ir a declarar. Ahora, tal vez, podamos superarlo Por dentro y por fuera El piso donde se inmolaron los suicidas ha sido alquilado hace poco. Ha permanecido vacío durante tres años No obstante, las heridas siguen abiertas. No se ven, pero asoman en las averías de los inmuebles afectados por las bombas y en el recuerdo. Tuvimos que estar un año fuera. Y desde que volvimos, el 30 de junio de 2005, los desperfectos no se terminan de subsanar. Afectaban a los servicios básicos porque lo hicieron a toda prisa. Ahora, el principal problema es el de la calefacción, que tiene fugas y, como va por tuberías, el parqué se levanta cada dos por