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60 MADRID LA VERDAD DEL 11- M LOS ESCENARIOS JUEVES 1 s 11 s 2007 ABC La ruta más dolorosa Justo cuando comenzaba a leerse la sentencia, un tren salía desde Atocha hacia Alcalá s El camino inverso al del 11- M, una ruta dolorosa desde la zona cero de la tragedia hasta el kilómetro cero justo ahí de donde partió la muerte POR DOMINGO PÉREZ FOTOS: IGNACIO GIL MADRID. Once y media de la mañana. Andén 3 de la estación de Atocha, primer mojón del camino sangriento que marca la ruta del terror que recorrieron el 11 de marzo de 2004 cuatro trenes asesinos. Muy cerquita, en la vía 1, reventó uno de ellos y se detuvo el reloj para 34 personas. Dirección Alcalá de Henares, el mismo recorrido de aquel día nefasto, pero al revés. El juez Gómez Bermúdez inicia la lectura de la sentencia, justo cuando arranca el convoy. Lo primero que llama la atención es el colorido multirracial de los viajeros. Un muchacho de origen asiático juega en la play con un español de recio aspecto castellano. Un rubia eslava bromea con un marroquí, justo al paso por la calle Téllez. Es el segundo hito de un trayecto que lacera la memoria. Allí se extraviaron 63 vidas. Los chavales, una decena, forman parte de un grupo de estudiantes que se bajan en Asamblea de Madrid. Son todos diferentes, pero todos amigos. Se convierten en algo muy parecido a un grito de burla para los asesinos. Reflejan la mejor respuesta contra el terror: la normalidad en la diversidad, el respeto a lo distinto. Van al teatro, marchan abrazados, caminan unidos y hermanados. Descienden y lo siguiente que apabulla es el silencio. Curiosamente la gente lleva bolsos, bolsas de plástico, bandoleras y hasta maletines, pero se ven contadísimas mochilas. Los asientos van todos ocupados, pero la gente viaja ensimismada, reflexiva, con un punto de tristeza en la mirada. Parece un homenaje silente. Un gesto espontáneo de respeto. Por los auriculares de la radio Gómez Bermúdez sigue desgranando las claves de la sentencia. Once y cuarenta. Próxima parada: El Pozo trona la megafonía. Se acerca el tercer punto negro del vía crucis del recuerdo, allí donde perecieron 65 de los nuestros. Suben un joven mulato de la mano de una pelirroja casi albina. Tan discordantes, pero tan bellos y auténticos. Se acomodan uno frente a otro y se acarician con la mirada. Muy cerca una polaca, con su pequeña en el regazo, rellena un sudoku. Un magrebí y un español hablan en voz muy baja, casi inaudible. Un matrimonio rumano sonríe al fotógrafo... Once y cuarenta y cinco, el rumor cadencioso del traqueteo nos acerca a Santa Eugenia casi por sorpresa. Es el cuarto y último paso de esta ruta del sufrimiento. Allí los terroristas recolectaron otros 14 cadáveres. Allí permanece en pie un pequeño altar improvisado por los vecinos. Allí se siguen renovando cada poco las flores y la pena no madura. Lo tenemos presente cada día, porque cada día nos encontramos de cara con lo que ocurrió Sólo pido que la sentencia sea lo más dura posible Yo tengo una vecina que perdió a su hijo Cuando voy a comprar el pan, suelo cruzarme con un vecino que sigue de baja Yo no iba en ese tren porque me quedé dormido Opiniones tomadas a vuelapluma en las inmediaciones de la estación de este barrio que no puede, ni quiere olvidar. Pasado Santa Euge- Parte el tren camino de Alcalá, en el viaje inverso a los trenes del terror nia se rompe algo el hechizo. Se avivan tímidamente algunas conversaciones, pero el ruido sigue siendo apagado. En este tren de cercanías no se ve pasar por la ventanilla postes como en los viejos tiempos, sino grafitis. El corredor por el que discurren las vías es el Museo del Prado de estos artistas callejeros. Sus formas surrealistas, sus mensajes enrevesados, sus colores vivos acompañan a los pasajeros hasta Alcalá, el kilómetro cero de donde partieron tres de esos trenes malditos y por donde pasó el cuarto. A la puerta de la estación alcalaína han erigido una escultura- -nueve figuras de bronce unidas, como una familia que posara para una foto: cinco hombres, dos mujeres, una niña y un bebé- -y un bloque en memoria de los 26 vecinos de la localidad que desaparecieron en los atentados. De nuevo la mezcla, de nuevo la hermandad incluso en la desgracia: Sanaeh ben Sakh Imaddaouan (una pequeña marroquí de 14 años) María Teresa Tudanca Hernández (española de 49) Tinka Dimitrova Paunova (búlgara de 31) Atocha, calle Téllez, El Pozo y Santa Eugenia, los cuatro hitos que marcan el recorrido de los trenes de la muerte ¡Una caña que esto hay que celebrarlo! se escuchó en un bar de Alcalá al acabar la lectura de la sentencia Respeto a lo distinto El reloj marca las 11.31, Gómez Bermúdez acaba de empezar a leer la sentencia