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48 INTERNACIONAL JUEVES 1 s 11 s 2007 ABC Muere el rey de la heroína Khun Sa, narcotraficante y guerrillero, tenía 74 años. Desde las junglas tailandesas y birmanas del Triángulo de Oro fue el hombre que controló el 70 por ciento del opio que se distribuía en el mundo P. M. DÍEZ PEKÍN. Llegó a controlar un Ejército de 10.000 guerrilleros y a manejar un negocio cuyos ingresos harían palidecer a la mitad de los Gobiernos del mundo pero, bajo su aureola de héroe revolucionario, no se escondía más que un narcotraficante. A los 74 años ha fallecido Khun Sa, el que fuera señor de la heroína en el Triángulo de Oro la confluencia de las fronteras entre Tailandia, Birmania y Laos donde se produce buena parte del opio que se consume por todo el planeta. De madre china y padre shan, una de las etnias que luchan por su independencia en Myanmar (antigua Birmania) su nombre original era Zhang Qifu, pero se lo cambió en los 70 por el más sonoro Khun Sa Príncipe próspero cuando empezó a construir su imperio en plena jungla. Nacido en los años 30, aprendió los entresijos de este sórdido negocio gracias a los oficiales chinos del Koumintang que, tras ser derrotados por Mao Zedong, se habían refugiado en las selvas birmanas. Como prueba de que no conocía lealtades ni causas, se convirtió en un guerrillero que trabajó primero para éstos y luego para el Gobierno birmano hasta que, en 1969, fue detenido. Cinco años más tarde, ganó la libertad al ser canjeado por dos médicos rusos que habían sido secuestrados por su grupo, por lo que volvió de nuevo a la jungla con el propósito de convertirse en el rey del opio Para ello, montó su cuartel general en Baan Hin Taek, en un valle del norte de Tailan- Unos bonzos recogen donativos por las calles de Rangún, la principal ciudad de este país asiático AFP Khun Sa, en su bastión del Triángulo Dorado EPA Los monjes budistas vuelven a manifestarse en Birmania Unos 200 bonzos marchan por las calles de Pakkoku, lo que podría activar de nuevo las protestas de la Revuelta Azafrán PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. La Revuelta Azafrán no ha acabado aún. Un mes después de que la Junta militar de Myanmar (antigua Birmania) aplastase por la fuerza las multitudinarias protestas contra este régimen dictatorial, los monjes budistas han vuelto a echarse a la calle. De nuevo, lo han hecho en Pakkoku, donde comenzaron las manifestaciones a mediados de agosto y por donde ayer desfilaron unos 200 bonzos. Con más de 80 monasterios, esta ciudad situada a unos 500 kilómetros de Rangún es un importante centro budista y, además, el origen de la denominada Revuelta Azafrán No en vano, las marchas contra el Gobierno se extendieron como la pólvora después de que una veintena de soldados de Pakkoku apalearan y maltrataran el pasado 5 de septiembre a varios monjes que protestaban en la calle contra la espectacular subida del precio de la gasolina y el butano, que había tenido lugar el 19 de agosto. Según informaba la radio disidente Voz Democrática de Birmania con sede en Noruega, éste era otra vez el motivo que había llevado a los religiosos a manifestarse. Vamos a continuar nuestras protestas del mes pasado porque no hemos logrado ninguna de las demandas que pedíamos, como la reducción del precio de los carburantes, la reconciliación nacional y la inmediata liberación de todos los presos políticos, incluyendo a la líder de la oposición Aung San Suu Kyi explicó un monje a la emisora por teléfono. La inesperada y pacífica marcha, que partió de la Pagoda Shwegu y duró casi una hora, supone un desafío a la Junta militar y podría activar de nuevo las masivas protestas ciudadanas de septiembre, en las que el Ejército pudo haber matado a unas 200 personas. Además, dicha procesión tiene lugar poco antes de que el enviado especial de la ONU, Ibrahim Gambari, llegue este fin de semana a Birmania para mediar entre el Gobierno y la oposición. dia perdido en las montañas de la frontera con Birmania y Laos. Desde allí no sólo produjo el 70 por ciento de la heroína con la que se traficaba en el mundo en la década de los 80, sino que también organizó una guerrilla, el Ejército Unido Shan y el Ejército Mong Tai, para luchar por la independencia de esta tribu. Mi gente cultiva opio no por diversión, sino porque lo necesita para comprar arroz y ropas con las que sobrevivir solía decir para justificar su actividad delictiva. Un trato con la Casa Blanca Para no ser extraditado a EE. UU. se rindió en 1996 a la Junta Militar birmana a cambio de lograr la inmunidad Por ese motivo, llegó incluso a proponer al Gobierno de Estados Unidos que comprara toda su producción de opio a cambio de dinero para garantizar la independencia y el desarrollo de un Estado Shan libre. En lugar de eso, un tribunal de Nueva York le acusó en 1989 de haber introducido mil toneladas de heroína en el país, por lo que las autoridades antidroga norteamericanas pidieron su extradición y ofrecieron una recompensa de dos millones de dólares por su cabeza. Convertido en uno de los hombres más buscados del mundo, Khun Sa se olvidó de la causa revolucionaria y se rindió en 1996 a la no menos criminal Junta militar birmana, que desde entonces lo ha protegido y mimado concediéndole una lujosa vida apartada de la atención pública, una empresa de transportes y hasta una mina de rubíes. Un retiro dorado que le ha durado hasta que una parálisis, la diabetes y la alta presión sanguínea le han quitado la vida a una edad a la que nunca llegaron los millones de heroinómanos a los que enganchó por todo el mundo con su diabólico y mortal elixir.