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38 ESPAÑA LA VERDAD DEL 11- M LAS VÍCTIMAS JUEVES 1 s 11 s 2007 ABC A María José Salazar no le ha salido gratis su independencia. Lejos de cualquier pesebre económico o político lucha por conquistar los sueños de sus huérfanos, de 14 y 12 años ¿Cuántos años pasarán en la cárcel? María José Salazar perdió a su gran amor cuando el subteniente Félix Gago no se bajó jamás del tren que estalló en Téllez. Desligada de toda asociación y partido, oyó con ABC la sentencia que pone orden al pasado TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTO: IGNACIO GIL MADRID. Silencio, se llora. Pero hoy, como todos los días, María José ha preparado el desayuno a sus hijos Marcos y Mariano y los ha llevado hasta la ruta del colegio. Como hizo el 12 de marzo de 2004, cuando ya sabía que Félix no dormiría más en su cama, cuando llenaba sólo tres tazas, cuando le pidió a su pequeño que trajera más leche y el hijo huérfano no pudo seguir a su madre en esa fantasía y se tiró llorando sobre el sillón llamando a su padre. Ya la víspera, habían esperado hasta el final imaginándose en la puerta del cine donde celebrarían el noveno cumpleaños del niño. ¿Papá iba en el tren? Papá se fue en el autobús Y no quiso apearse de esa idea ni cuando desde el Cuartel General del Ejército fue el propio general el que le dio su teléfono móvil para lo que necesites ¿El móvil del general? ¡Si Félix se ha ido en el autobús, si estará atrapado en el gran atasco que se ha debido formar! ¿Por qué no llama? No podrá, el colapso, el follón... Esta tarde no puede faltar al cumpleaños de Mariano. ¿Y cómo dejar a los niños solos aquella noche? ¿Yo, a Ifema? ¡Pero si Félix se fue en el autobús! Si está herido le estarán cuidando y si... ¿Qué podría yo hacer entonces? Así que los niños, al colegio. Y María José a Ifema. A encontrarse con su amor, su grandísimo amor, entre los pedazos de una cartera, de las fotos agujereadas de sus hijos, de la alianza deformada, de los restos manchados de sangre de un boleto de la primitiva... No he vuelto a jugar a la lotería Ni quiere pensar nunca en el frío gris de aquel monumental depósito de cadáveres en que se difumina su línea de la vida. ¿Qué habrá sido de aquel saco de restos que nadie sabía qué hacer con él? piensa en voz alta. Así que después de servirme un café, y otro para ella con un tranxilium 10, sus ojos transparentes, que aún no han podido llorar, vuelven a la luz, a buscar con Félix la Cruz del Sur en el cielo austral que se abre tras la claraboya de ese autobús que hace dieciséis años les llevó al confín de Chile. Sonríe mirando la foto. Félix vio la constelación en su misión como casco azul en Namibia y estaba empeñado en mostrármela. Nunca he visto un cielo como aquel to a la Región de los Ríos, donde María José suspira con tener una cabaña y enseñar al mundo, junto a su gran amiga Angélica Astudillo, alcaldesa de la Unión, el paraíso en la tierra, ese lugar de donde nacen los cuentos, sus maravillosos cuentos de los Andes, en los que el cóndor habla y el niño protagonista, Félix, sueña. Y vive ya para siempre. na- -confiesa- -dormí con su pijama Félix y María José el día de los enamorados, Félix la última Nochevieja, el carné del club de suboficiales de Félix... La vida se ha congelado en las fotos. No me gustaba que Félix fuera en la ruta del Ejército por si sufría un atentado de ETA. Nunca tendía sus camisas afuera para que nadie supiera que era militar. Si llega a haber ruta ese día y le pido que no monte... También al niño huérfano le preguntó un monstruo con licencia de psicólogo: ¿Y te sientes culpable de la muerte de tu padre? Señor- -contestó Mariano- han sido los terroristas Silencio, se vive. Un paso adelante. A mí que me digan cuántos años van a pasar en realidad a la sombra. Miles, miles... ¿Pero, cuántos de verdad? Lo estoy oyendo y me quedo fría. Parece mentira que alguien con el que parece que te puedes entender como con tu vecino haya sido capaz de algo así, porque los otros... No sé otra cultura... Pero éste. Como los etarras, que además se ríen dice mirando a Suárez Trashorras, condenado por colaborador necesario en la muerte de su marido. Mañana lo leeré todo despacio, el detalle de la letra pequeña... Ahora en la tele sale una señora, Ángeles Domínguez, víctima, según se lee en el rótulo. En su asociación apoyan la teoría de la conspiración- -deja caer esta viuda libre que no le debe nada a nadie- Esperanza Aguirre les da dinero Luego, se calla. Nadie se puede imaginar cuánto dolor nos han infligido los que han utilizado a las víctimas vulnerables que entre tanto sufrimiento eran incapaces de discernir y se han agarrado a cualquier cosa que les han puesto por delante. Porque cuando te pasa una cosa así quieres culpables, al precio que sea En la pantalla anuncian la intervención del presidente del Gobierno. Salazar oye, como oyó a Bermúdez. Y luego dejan con la palabra en la boca a Durán i Lleida. Es el turno del líder de la oposición, Mariano Rajoy. Y María José, presta atención. Se sonríe ante el manido respetaremos la sentencia (sólo faltaría) y cuando escucha de su boca seguiremos apoyando nuevas investigaciones salta ¡otra vez no! Silencio. Estupor. ¿Se lo habrá dicho también su primo? Perdona. El humor me salva Pero el hielo oscuro de los icebergs se fija en su mirada. Silencio, silencio. Por eso, esas Navidades, las primeras sin Félix, María José se llevó a sus hijos a Chile, donde ambos nacieron mientras el militar trabajaba como auxiliar del agregado de Defensa en la Embajada de España en Santiago. Y entonces Marcos, el primogénito, todo un hombrecito, pisó con las botas del padre las orillas del Lago Esmeralda, jun- Con las botas del padre Silencio, se sueña. En la tele hablan y hablan. Los locutores dan paso a sus corresponsales en la Audiencia Nacional. Interrumpen las imágenes de los trenes reventados. María José se levanta: No puedo Cambio el canal. Más hierros retorcidos y ruido de sirenas. No puedo, ¿qué añade eso? Vuelve de la cocina sólo cuando La Primera corta el documento. Luego, se sienta y oye al juez Bermúdez, porque le escucha de refilón, a ratos. Su mundo no está ahí. Me cuesta darme cuenta de que yo formo parte de todo eso A veces los ojos se le llenan de agua, un agua azul oscura como esos trozos de hielo milenario que emergen de las fotos que hay sobre la mesa, como el iceberg que creyó ver en el monumento a las víctimas del 11- M en Atocha, donde sintió piel al rozar el cristal que lleva inscrita su frase hace falta mucha fantasía para soportar la realidad palabras del alma que vomitó cuando no podía más. Nos decían los pololos en Chile porque Félix y yo siempre íbamos de la mano Hoy María José se abriga sobre el sillón desde el que escucha la sentencia con un chaleco del marido muerto. La primera sema- La piel del monumento FRENTE A LA TELEVISIÓN Nadie se puede imaginar cuánto dolor nos han infligido a las víctimas todos los que nos han utilizado Ante las palabras de Rajoy seguiremos apoyando nuevas investigaciones la viuda del militar se lleva las manos a la cabeza: ¡Otra vez, no! ¿Se lo habrá dicho su primo?