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34 ESPAÑA LA VERDAD DEL 11- M REACCIONES POLÍTICAS JUEVES 1 s 11 s 2007 ABC rios entre informadores y diputados. Hasta la hora del almuerzo, que hubo que acelerar porque a las cuatro de la tarde se reanudaba el Pleno. Tocaba hablar ahora de otros agujeros: los del AVE de Magdalena Álvarez. Y ahí, lo que son las cosas, también salió la conspiración. Fue cuando Manuel Marín advirtió a Rajoy de que había concluido su tiempo de quince minutos para responder a Zapatero. Como Rajoy protestó porque el reloj indicaba que aún disponía de tiempo, el presidente de la Cámara le comunicó que lo que sucedía es que el cronómetro estaba estropeado. Ante las protestas de los populares, Marín no se pudo reprimir: Lo lamento, pero no crean ustedes que aquí hay una conspiración Dicho lo cual suspendió la sesión durante quince minutos para que se arreglara el problema, que, luego, Rajoy achacaría, bromeando ante los periodistas, a que tal vez se debiera a que había citado en varias ocasiones a la ministra de Fomento. En el receso, los parlamentarios no perdieron tiempo quedándose en sus escaños y salieron a los pasillos, que- -ahora sí- -cobraron vida. Ya no eran La Haya en tarde de invierno, sino Hong Kong en hora punta o El Corte Inglés en la apertura de las rebajas. Por supuesto, con la sentencia del 11- M en boca de unos y de otros. Entre los más solicitados, Ángel Acebes, que intentaba transmitir a la prensa la idea de que el PP se encontraba satisfecho con la sentencia. A los populares, que ya intentaron desmarcarse de la teoría conspiratoria, les alivió que no se haya adjudicado al Egipcio la autoría intelectual, lo que hubiera abierto de nuevo los fantasmas de Irak. Pasillos concurridos Una diputada del PP trata de informarse de la sentencia desde su escaño a través de internet La conspiración y el cronómetro La lectura de la sentencia del 11- M no sacó a los diputados a los pasillos del Congreso, ya que votaban la ley de Memoria Histórica s Por la tarde, sin embargo, sus señorías sí comentaron el fallo alternando con el debate sobre el caos del AVE POR LUIS AYLLÓN FOTO CHEMA BARROSO MADRID. El Congreso de los Diputados vivió ayer una jornada de lo más completita. No faltó de nada. Hasta una campaña de donación de sangre dirigida a sus señorías, que, sin embargo, andaban más preocupadas por otros asuntos, como las explicaciones de José Luis Rodríguez Zapatero sobre el caos ferroviario de Cataluña o la ley de Memoria Histórica. Y, sobre todo, por la sentencia del 11- M. Así que mientras desde primeras horas de la mañana se debatía esta polémica ley, los diputados estaban atentos a lo que dijera el juez Gómez Bermúdez. A unos, las informaciones les llegaban a través de los móviles; otros se asomaban al pasillo para enterarse de algo y había quien, en fin, optaba por seguir la lectura de la sentencia desde su despacho, esperando la hora de la votación de la ley de Memoria Histórica. Pero lo cierto es que esos pasillos que tantas veces han sido un hervidero de parlamentarios y periodistas, en la mañana de ayer tenían menos ambiente que La Haya en una tarde de invierno. Unos pocos periodistas siguiendo la sentencia en el Escritorio, junto a un hemiciclo con poco más de media entrada. Eso es todo. Y justo en el momento en que Gómez Bermúdez desmontaba la teoría conspiratoria en el 11- M, Eduardo Zaplana defendía desde la tribuna la posición del Grupo Popular en el debate sobre la Memoria Histórica. Después, el portavoz de los populares desapareció en algún rincón de la Cámara, a la espera de que Mariano Rajoy compareciera ante los periodistas en la calle Génova. Poco antes, quien había hablado a los informadores había sido el presidente del Gobierno, en La Moncloa. Zapatero escuchó la sentencia en su despacho y preparó su intervención con sus colaboradores, entre ellos el director de su Gabinete, José Enrique Serrano. Con esa funesta costumbre que se ha establecido entre los políticos de hacer declaraciones sin admitir preguntas cuando les resulta conveniente, el presidente del Gobierno leyó su declaración y salió zumbando, pese a las tímidas protestas de los periodistas. Cuando se conoció lo que Zapatero quería decir a los españoles, en el Congreso se sucedieron las comparecencias de los portavoces de los grupos parlamentarios, empezando por el de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares. Sólo entonces, mientras se esperaba el momento de la votación de la ley de Memoria Histórica, a la que, por cierto, no acudió Zapatero, se empezaron a intercambiar comenta- La conspiración Expectación en una de las salas de la Cámara Baja