Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 31 s 10 s 2007 Tribuna Abierta ESPAÑA 21 Y EL CAMBIO CLIMÁTICO LA IZQUIERDA ASUSTADA Toda esta preocupación oficial por el apocalipsis climático algoriano es, una vez más, puro simulacro interesado, pero que puede resultar ruinoso para los españoles cia de la acción del hombre, es decir, del capitalismo salvaje, se ha consagrado como inexorable verdad científica. Y también, de paso, como tabla de salvación de una izquierda en profunda crisis. Porque a la crisis ideológica que provocó el derrumbe del socialismo real en la Unión Soviética se une ahora el desconcierto de la progresía ante el crecimiento sin precedentes de la economía mundial, con los 3.000 millones de asiáticos a la cabeza. En contra de los falsos y repetidos augurios de la izquierda, cientos de millones de personas han abandonado la pobreza en Asia y han obligado a la ONU a corregir sus estadísticas siempre alarmistas, gracias en gran medida a los trabajos de un economista español, Xavier Salas i Martín, profesor de la Universidad de Columbia. Lo cierto es que el cambio climático antropogénico está muy lejos de ser una verdad científica indiscutible. El Grupo Intergubernamental de las Naciones Unidas (IPCC) está a punto de publicar su cuarto informe (AR 4) de más de 3.000 páginas y en el que han participado más de 2.000 expertos y políticos. El proceso de selección de los expertos y la preparación del documento están lejos de ser un modelo de rigor e imparcialidad. En cualquier caso, se trata de algo extraordinariamente complejo y donde la incertidumbre sigue siendo tan elevada como cuando se creó el IPCC en 1988. Por ejemplo, ha habido que corregir ya los números básicos de los modelos matemáticos utilizados (el año más cálido del siglo pasado fue 1934 y no 1998, como se afirmaba en el tercer informe) ningún científico se ha atrevido a decir que el clima actual sea el óptimo posible y, sobre todo, no sabemos nada cierto del efecto sobre el clima de la acción del hombre. Lo único que sabemos Carlos Bustelo Ex ministro de Industria y Energía de UCD U N titular espectacular a cuatro columnas en el diario global hace unos días nos conmocionaba con la noticia: Rajoy desprecia el cambio climático en un foro con Gore Los voceros de nuestra nueva izquierda denunciaban así lo que consideran un escándalo intolerable: ¡el líder de la oposición pone en duda nada menos que a Gore y su cambio climático! La noticia ocupaba diez veces más de espacio que, por ejemplo, el caos ferroviario en Barcelona. Ya está, pues, todo decidido en esta España nuestra progresista. La teoría del calentamiento global como consecuen- es que China e India (un tercio de la población mundial) contaminan hoy mucho más que hace unos años, y con eso no contábamos cuando por estos pagos jugábamos a moratorias nucleares y a quemar sin freno combustibles fósiles. La izquierda, asustada y desconcertada ante el éxito de la libertad económica en marcha que supone la globalización, se ha aferrado con habilidad al supuesto cambio climático como un nuevo refugio y una nueva causa. Gracias a una institución tan desprestigiada como la ONU y a un político oportunista como Al Gore, la izquierda nos anuncia triunfante que no se rinde y que en los próximos años, si tiene el poder, recortará nuestras libertades, aumentará los impuestos y frenará el crecimiento económico, porque el cambio climático así lo exige. Y todo ello con muy poca oposición de la derecha, como ocurrió en el siglo pasado con la planificación económica, los impuestos confiscatorios, el protagonismo de los sindicatos de clase, los déficit públicos y las empresas estatales ruinosas, en fin, con los dogmas tan nocivos que la izquierda nos impuso y que luego ha ido abandonando cuando la realidad los ha falseado, sin el menor rubor ni contrición. La crisis de la izquierda es más evidente en Francia y Alemania, donde el partido socialdemócrata más importante y antiguo del mundo acaba de elegir presidente a un populista desatado como Kurt Beck, que promete mucha justicia social y suprimir las modestas reformas económicas de Schroeder y la actual coalición. Jürgen Falter, conocido profesor de la universidad de Mainz, ha llegado a hablar de situación de verdadero pánico en el socialismo alemán. En Francia, el socialismo post- Segolène Royal no levanta cabeza y el hábil Sarkozy ya les ha birlado el cambio climático como salvavidas. Ha recibido a Al Gore, con mucha fanfarria y poco gasto, y ha afirmado que a medioambiental no le gana nadie y que por eso mantiene sus sesenta centrales nucleares en pleno rendimiento y renovación. En el programa del Partido Socialista español, por el contrario, continúa la promesa de cerrar nuestras seis centrales nucleares que todavía no lo han hecho. Ahí está la prueba definitiva de que toda esta preocupación oficial por el apocalipsis climático algoriano es, una vez más, puro simulacro interesado, pero que puede resultar ruinoso para los españoles. Y un magnífico negocio para unos cuantos espabilados.