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ABC MIÉRCOLES 31 s 10 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL ÚLTIMO CONSENSO SE rutilante Museo del Prado en cuya renovación luce, como en un escaparate de excelencia, todo el esplendor de una nación moderna, desarrollada y culta, es el último, tardío superviviente del consenso de la Transición, aquel espíritu constructivo y transigente que durante un cuarto de siglo iluminó nuestros mejores logros colectivos. El polémico, carísimoeimprescindible proyecto de ampliación y reforma atravesó con milagrosa transparencia el muro de hierro que ha separado al Gobierno y la oposición alolargo de la última década; socialistas y IGNACIO populares arroparonacuaCAMACHO tro manos sus evidentes desencuentros y sus nopocas crisis hasta sacar adelante ese minucioso prodigio de elegancia, ese compendio de sofisticado y lujoso clasicismo con que Rafael Moneo ha solventado la delicada tarea de creación de un Prado del siglo XXI sin quebrar el respetuoso equilibrio de un legado de siglos. Izquierdas y derechas unidas por un proyecto común de engrandecimiento nacional bajo el impulso de un Rey cuyos antepasados lucen, no siempre bien parados por la mirada de los pintores, en las galerías que reflejan los claroscuros de nuestra historia; he ahí la clave, a la vez sencilla y difícil, del impulso que ha transformado la España de los últimos treinta años, quebrado de golpe en una desdichada legislatura dominada por el aliento inamistoso de la discordia. Sólo el Prado ha sobrevivido, quizá por el prestigio de su propia referencia o por el carácter sacralizado del arte y la cultura, a la encarnizada tormenta que ha hecho naufragar la mayoría de los consensos básicos sobre los que se construyó la democracia. Política antiterrorista, asuntos exteriores, modelo territorial, relaciones institucionales, Iglesia y Estado, reconciliación y perdón sobre la memoria de la dictadura y la guerra; todo ese cuerpo de pactos que otorgaban estabilidad a la convivencia, pasando deun gobierno a otro como la custodia de un fuego fundacional ysagrado, seha hechotrizas bajo el impulso revisionista de un presidente adánico que, cuando aún no lo era, se agarró a la muleta de la concordia nacional para ganarse una respetabilidad y una confianza queél mismo hatraicionado sin controlar siquiera el alcance de su nuevo rumbo. Bastaría eldiagnósticodeesta etapaestéril, comparada con los logros propiciados por décadas de acuerdo histórico, para dar sentido a una llamada nacional a la urgente recomposición de la armonía política. Lo desean los ciudadanos y lo pide la evidencia de un colapso crítico de la vida pública. Si la próxima legislatura vuelve a ser el escenario de un pulso de media España contra la otra media, salpicado de alborotos de secesión y provocaciones rupturistas, el riesgo de fractura civil se convertirá en una emergencia, y el resplandeciente fulgor del nuevo Prado quedará como testimonio terminal de un modo de hacer país caprichosamente liquidado en aras de una refundación calamitosa. La cuestiónque queda por decidir es la de si esa imprescindible corrección de la bitácora la puede pilotar el mismo que la ha hecho necesaria. E EL RECUADRO UN PROBLEMA PARA CADA SOLUCIÓN O había ningún problema en Cataluña, que funcionaba como un reloj. Y miren la que se ha liado entre La Maleni y lo que no es La Maleni, con la crisis ferroviaria y lo que no es la crisis ferroviaria. Que si no se derrumba la Sagrada Familia será para encenderle dos velas a La Moreneta. Que tampoco sé yo si será políticamente correcto llamarle La Moreneta a la Virgen de Montserrat. A lo mejor lo apropiado y progresista es ahora decirle La Subsaharianeta. No había ningún problema en la lucha contra la ETA, se habían logrado los mayores avances gracias a la Ley de Partidos y al Pacto Antiterrorista, y miren dónde hemos llegado con la claudicación y la entrega de la cuchara por parte del Estado de Derecho. No había ningún problema con la reconciliación nacional, logrado el espíritu de concordia de la Constitución, olvidada la incivil guerra fratricida, hecho carne de consenso el lema de Azaña: Paz, piedad, perdón Los derechos de militares, caídos, mutilados y represaliados del bando republicano habían sido reconocidos por lo menos en una decena de leyes desde los tiempos del cuplé de la UCD. Se reconocieron grados y empleos del Ejército Popular, se ANTONIO abonaron pensiones, se indemnizaron BURGOS perjuicios. Sin revanchismo, en concordia y paz. No había ningún problema con la enseñanza del español en las regiones patrias donde también se hablan las otras lenguas peninsulares. No había ningún problema con la España de las Autonomías. No había ningún problema con el reconocimiento civil, legal y fiscal de las parejas de homosexuales. No había ningún problema con la enseñanza de la Religión en los colegios para los padres que la desearan para sus hijos. No había ningún problema con la propia idea de España, con el izado de su bandera... Hasta que llegó esta fábrica de problemas que es el actual Gobierno. Especialista en crear problemas donde no los hay. Este Gobierno se ha venido caracterizando desde hace más de tres años porque tiene un problema para cada solución. Cada solución de la venturosa transición N constitucional es ahora un problema. Como el absurdo innecesario de buscar una letra para la Marcha Real, que vamos a dejarnos de cuentos: el himno nacional de la Monarquía Parlamentaria es la Marcha Real. Himno Nacional era como le llamaban vergonzantemente a la Marcha Real los franquistas, que no podían ver la Monarquía ni en pintura de la familia de Carlos IV de Goya. La Marcha Real no tenía letra. Ni falta que le hacía. Como no la tenía la Novena Sinfonía hasta que vino Miguel Ríos. Y ahora, con la que está cayendo con las hipotecas, el aumento de precios, la ETA, la unidad de la Patria, los debidos honores a la bandera y, por si fuera poco, con la sentencia del 11- M (que es la abuela que está en el paritorio en esta casa donde al parecer ya no caben ni la dignidad ni la vergüenza) resulta que es un problemazo la letra de la Marcha Real. Y para hacerlo más arduo, encargan que elijan esa letra, como si fuera la Operación Triunfo o el Mira Quién Baila, a unos organismos absolutamente marginales en la vida democrática de la soberanía nacional, cuales el Comité Olímpico y la Sociedad de Autores. -Y dé usted las gracias a Dios porque no le hayan encargado a Alberto Corazón que diseñe de nuevo la bandera nacional para que no haya problemas... A la Marcha Real no le hace falta más letra que la del respeto cuando suena solemnemente. Y en caso de que le hiciere, ahí está, y sin trincar, la que le escribió José María Pemán, cuyo original ha desempolvado la familia para demostrar que la letra pemaniana de la Marcha Real, muy anterior a la guerra civil, de 1928, era como su definición de la lengua catalana: un vaso de agua clara. Vaso que enturbiaron los falangistas, manipulándola. Pemán no le pidió nunca a nadie que alzara el brazo en el saludo fascista (a la romana, como los calamares fritos) Su letra original decía: Viva España, alzad la frente, hijos del pueblo español que vuelve a resurgir. Gloria a la Patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol Depurado de las morcillas totalitarias de brazos en alto y flechas de yugos en lugar de los machadianos yunques, ¿a qué tirar el dinero en experimentos con gaseosa, estando ahí el vaso de agua clara de la lírica Caleta hímnica gaditana de Pemán?