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4 OPINIÓN MIÉRCOLES 31 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro EMIGRACIÓN EN LÍMITES PARA LA GRAN BRETAÑA LA CORONA Y EL MUSEO DEL PRADO US Majestades los Reyes, junto con los Príncipes de Asturias, inauguraron ayer la ampliación del Museo del Prado. Después de múltiples avatares, culmina así felizmente el proyecto diseñado por Rafael Moneo, que sitúa a la primera pinacoteca española en condiciones de afrontar el siglo XXI con una infraestructura digna de la inigualable colección que atesora. Ya era hora de que el Prado contara con las instalaciones imprescindibles para mostrar las obras de arte en todo su esplendor. Se han invertido 152 millones de euros para un incremento de 22.400 metros cuadrados, con un nuevo edificio sobre el claustro de los Jerónimos, salas de exposiciones temporales y servicios de recepción al visitante a la altura de los tiempos actuales, sin olvidar la reapertura del Casón del Buen Retiro después de muchos años cerrado. Quedan superadas así las viejas polémicas, porque el Museo del Prado es de todos y para todos en la medida en que refleja la condición de España como gran potencia cultural y se sitúa en el más alto nivel entre los museos de Europa y del mundo. La inauguración de los nuevos espacios, con una brillante exposición sobre la pintura española del XIX, resulta muy significativa. Guardadas en los almacenes por falta de un espacio apropiado, este conjunto de obras maestras completa el discurso histórico de la pinacoteca y pone de manifiesto la riqueza creativa de una etapa de nuestro pasado frecuente e injustamente minusvalorada. El origen histórico del Museo del Prado se sitúa en la espléndida colección de la Corona, puesta a disposición de la nación con la máxima generosidad y sentido patriótico. En su discurso de ayer ante las más altas representaciones políticas e institucionales, Don Juan Carlos destacó que esta ampliación representa un fiel reflejo de la modernización de España en los últimos treinta años y contribuye a identificarnos como una gran nación Existe, sin duda, un vínculo racional y emocional entre esta espléndida colección de arte y la historia de España, uno de los estados nacionales más antiguos del mundo. Velázquez y Goya, la más alta expresión de la es- S cuela española de pintura, están vinculados a Felipe IV y Carlos IV respectivamente, lo mismo que sucede con otros maestros del mejor arte de todos los tiempos. Sólo una nación que ha sido protagonista de primer orden en la historia universal puede contar con un museo de calidad excepcional, que bien merece el calificativo de buque insignia de nuestra cultura. Don Juan Carlos resaltaba igualmente en su discurso la dimensión internacional que supone la apuesta del Prado por los desafíos que trae consigo el siglo XXI. El prestigio de España en Europa y en el mundo es una de las manifestaciones más destacadas del éxito colectivo que supuso la Transición. Actos como el de ayer refuerzan esa imagen esperanzada de una sociedad dinámica que reconoce la excelencia más allá de los enfrentamientos coyunturales. El consenso político en torno al Prado es una buena prueba de que las cosas salen mejor cuando se trabaja en equipo y en favor del interés general. Gobiernos del PSOE y del PP han participado activamente en la tarea que ahora culmina, sin que sea legítimo que nadie- -en particular, el Ejecutivo actual- -se atribuya méritos superiores. El suplemento especial que publicó ABC el pasado lunes era el mejor ejemplo de la contribución de gentes de muy diversa procedencia intelectual e ideológica a este éxito común. Los malos momentos han sido superados y es hora de reconocer la contribución de todos e incluso de quienes, desde una postura crítica, favorecieron la reflexión de los responsables del Ministerio de Cultura y del Museo para mejorar una obra que merece ahora el aplauso general. El importante discurso del Rey en el brillante acto de ayer abre una nueva etapa en la historia de una institución que los ciudadanos contemplan con legítimo orgullo. Se abre ya un nuevo reto para determinar la reconstrucción del Salón de Reinos en el actual Museo del Ejército, con la seguridad de que la búsqueda de acuerdos en el ámbito político y social contribuye siempre al mejor resultado de cualquier proyecto. LA INFLACIÓN SE DESBORDA A UNQUE se esperaba un repunte de la inflación, se ha producido un auténtico derrumbe de todas las previsiones: el indicador adelantado (Ipca) del mes de octubre, publicado ayer, sitúa la tasa de inflación en el 3,6 por ciento, con lo que ésta registra una subida de siete décimas respecto a septiembre, la más alta desde que en 1997, con los preparativos de la Unión Monetaria, empezara a publicarse esta variable, que prácticamente coincide de manera sistemática con el índice de precios armonizado. Un pésimo dato, sin excusas. El consenso de los analistas esperaba una subida de hasta el 3,1 por ciento como consecuencia del efecto comparación con los bajos precios del petróleo de octubre del año pasado. Y ese era el tope máximo, pues la fuerte depreciación del dólar en las últimas semanas ha limitado el alza de los precios del petróleo en euros. No hay duda, por tanto, de que son otros los factores explicativos del repunte de la inflación hasta un máximo de catorce meses, por mucho que el Ejecutivo se niegue a reconocerlo, factores que sólo podemos intuir, porque el indicador adelantado no permite su desagregación por componentes. Los precios de los alimentos explicarán parte de la subida, probablemente vestido y calzado, y en general todos los bienes que entran en la cesta de la compra de las rentas más ba- jas. La inflación subyacente habrá experimentado un giro al alza. Podemos estar ante el comienzo del círculo vicioso que se temía desde hace tiempo: el efecto traslación de los precios de petróleo a los precios de bienes manufacturados, un temor que coincide con la aparición de presiones inflacionistas en China, con la expansión monetaria puesta en marcha por los bancos centrales para combatir la crisis de confianza en los mercados de crédito y con las alegrías presupuestarias y los regalos electorales del Gobierno de Zapatero. Las previsiones de inflación a finales de año han quedado completamente obsoletas, y ya se habla de que rondaremos el 4 por ciento en diciembre, sobre todo si se detiene la denostada apreciación del euro, que está permitiendo que la inflación no se desborde por completo. Con este dato, el presupuesto descubre su falta de adecuación a la coyuntura, porque define una política fiscal expansiva e inflacionista. El balance económico de la legislatura es bastante menos halagüeño que esa Arcadia feliz que dibuja el presidente: inflación, déficit exterior, pérdida de competitividad y falta de sentido de la realidad en las previsiones definen el ocaso de un cuatrienio económico caracterizado por la ausencia de toda reforma, la confianza ciega en la coyuntura internacional y el vivir de las rentas. L asunto de la inmigración se ha convertido ya en asunto central del debate político en Gran Bretaña, país que ha cultivado, al menos durante el último medio siglo, una reconocida tradición de apertura de sus fronteras. En determinadas circunstancias, la inmigración- -y eso lo hemos conocido también en España- -puede ser un factor dinamizador de la economía, y no sólo para los países receptores, sino como vehículo de un aporte financiero nada desdeñable para los países de origen. Sin embargo, a la larga, las sociedades muestran ciertos límites de absorción, que en estos momentos se reflejan en Gran Bretaña en el colapso de los servicios públicos y hasta en la capacidad de los mecanismos de protección policial, cuya eficacia está viéndose comprometida por el aumento de la población. El Gobierno laborista acaba de reconocer de una forma un tanto candorosa que se le había olvidado contabilizar unos 300.000 inmigrantes en las estadísticas del mercado laboral, lo que ha desatado, como es natural, las críticas del partido conservador. A veces, los pretextos políticos son menos indirectos, como se hizo en España abordando una regularización masiva que en los últimos años ha sido criticada a lo largo y ancho de la Unión Europea. El hecho es que hay gobiernos irresponsables que afrontan esta cuestión sin medir las consecuencias que conllevan. En Gran Bretaña da la impresión de que, de forma encubierta, se ha facilitado la regularización de esos 300.000 emigrantes, colectivo humano que viene a representar el precio de una política que registra más indolencias que las puramente contables. Los británicos han promovido la integración sui géneris del multiculturalismo y los resultados son, por lo menos, discutibles, como demuestra el hecho de que los autores de los atentados terroristas contra el Metro de Londres fueran personas nacidas en el seno de una sociedad de compartimentos estancos. El modelo, sin embargo, ha funcionado en otros aspectos, lo que demuestra que no se trata solamente de un asunto puramente cultural. De hecho, los flujos incontrolados de los trabajadores de los nuevos países recién incorporados a la Unión Europea están causando en Gran Bretaña unos desequilibrios no menos importantes que los que se conocieron en el caso de personas llegadas de países remotos. Europa necesita emigrantes, y cuando la economía va bien en los países receptores, los problemas son difíciles de apreciar a simple vista. Pero cuando la situación vacila por una razón o por otra, los desequilibrios migratorios representarán un problema de dimensiones colosales. Después de los primeros pasos que dio el presidente Sarkozy en Francia, los conservadores británicos han abierto el debate sobre la limitación de la emigración. Es evidente que los países que sigan manejando con ligereza este asunto pagarán las consecuencias. E