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ABC MIÉRCOLES 31 s 10 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA LA CORONA Y EL PRADO El Rey, la Familia Real entera gozan de un nivel de popularidad superior a cualquier otra institución y muy claramente superior respecto a cualquier figura política; lo que sucede es que el Rey representa y simboliza la unidad de España, y lo que buscan esas manifestaciones no es tanto acabar con la unidad de España como el asustar al resto de los ciudadanos amenazándolos con sus propósitos; suele suceder que cuando más se grita es cuando menos razón se tiene... CABA de inaugurarse la mayor ampliación de la historia, casi bicentenaria, del Museo Nacional del Prado. Ha sido un acto solemne, emotivo y simbólico; han asistido los Reyes, los Príncipes de Asturias y el presidente del Gobierno. Los discursos han sido dignos exponentes de la trascendencia del acto; en todos ellos se ha resaltado la importancia del consenso para llevar la ampliación a buen fin; en efecto, el proceso comenzó en 1995, con un pacto entre los partidos mayoritarios, y por tanto bajo gobierno de Felipe González; continuó durante los dos gobiernos de José María Aznar, cuyo interés y apoyo al museo, del que soy testigo de excepción, han sido justamente subrayados en esta misma página por el profesor J. Brown, y ha finalizado con un gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Por tanto ha sido un consenso en el tiempo, pero también en el espacio pues, en las sucesivas fases, gobierno y oposición han sido lo suficientemente capaces para arrinconar las diferencias y ponerse de acuerdo en lo esencial. Han sido conscientes de que el Museo del Prado se lo merecía. adie duda de que el Museo del Prado es una de las mejores pinacotecas del mundo pero, al mismo tiempo, es algo más: es la cabal representación de la mejor historia de España (sus colecciones se remontan al tiempo de los Reyes Católicos) siendo, por decirlo así, el alma pictórica de una nación que tras haber enseñoreado el mundo y habiendo atravesado vicisitudes muy penosas y difíciles, emerge con admiración para extraños y no poca sorpresa para propios con nuevos bríos para encarar los desafíos de los tiempos actuales, que no son pocos ni fáciles. Quienes conocemos las interioridades del Museo del Prado sabemos que ese consenso encierra algo más; en la etapa de modernización de su estructura organizativa (2000- 2003) lo que pudiéramos denominar el viejo PSOE supo transmitir con paciencia y sabiduría las ventajas del consenso al nuevo PSOE por entonces incipiente y en la oposición; el caso es que la Ley de 2003 se aprobó con el acuerdo prácticamente unánime de las fuerzas políticas representadas en el Parlamento. La pregunta que cabe hacerse es por qué no se extiende el consenso, a la vista de sus virtudes y ventajas, a los restantes asuntos de verdadero interés nacional (Relaciones Exteriores, Defensa, Terrorismo, Estructura territorial del Estado, Educación, etc... Es cierto que si uno no quiere, dos no se ponen de acuerdo pero también es cierto que la iniciativa y la predisposición inicial deben corresponder al Gobierno sobre el que recae la responsabilidad última. A N El PP y el PSOE representan, y han representado durante toda la etapa democrática, el 80 por ciento de los escaños parlamentarios. ¿Por qué tenemos que soportar los dictados, cuando no los chantajes, de exiguas minorías que pretenden en muchos casos romper una convivencia nacional que la inmensa mayoría de los ciudadanos pretende mantener? Al hilo del Museo del Prado, el origen, el embrión y lo más excelso de sus colecciones proviene de las llamadas Colecciones Reales, generosamente donadas al pueblo español por la tatarabuela del Rey, Isabel II. ¿Ha calculado alguien el valor de esa donación? ¿Debemos prestar oídos a las voces mezquinas y cicateras que regatean las dotaciones presupuestarias a la Casa Real? ¿Somos acaso un pueblo ingrato y desagradecido? A la vista de algunas recientes manifestaciones contra el Rey y la Corona alguien podía pensar que sí; a mi juicio, sin embargo, la realidad es muy otra y así lo demuestran todas las investigaciones sociales que se han realizado. El Rey, la Familia Real entera gozan de un nivel de popularidad superior a cualquier otra institución y muy claramente superior respecto a cualquier figura política; lo que sucede es que el Rey representa y simboliza la unidad de España, y lo que buscan esas manifestaciones no es tanto acabar con la unidad de España (tarea demasiado grande para sus escasas fuerzas) como el asustar al resto de los ciudadanos amenazándolos con sus propósitos; suele suceder que cuando más se grita es cuando menos razón se tiene. s difícil encontrar un parangón en nuestra historia contemporánea con los logros obtenidos en el reinado actual y es asimismo muy difícil que en tiempos de crecimiento, prosperidad y bienestar, todo ello en libertad, sea cuando se rompen las naciones; al contrario, se rompen en tiempos de debilidad, normalmente después de sufrir derrotas. Los casos del imperio austro- húngaro y, más recientemente, de la URSS así lo demuestran. Por ello es tan perjudicial el pesimismo que parece anidar en algunos sectores pues paradójicamente parece dar la razón e infundir ánimos a los alborotadores de los que antes hablaba. La Corona y el Museo del Prado han caminado juntos desde su origen hasta hoy mismo como lo demuestran los desvelos de la Casa Real por todo lo que atañe a nuestra primera pinacoteca, así lo han puesto de manifiesto en sus discursos tanto el Rey como el presidente del Gobierno. Hecho éste que debería hacernos reflexionar en lo que respecta a los verdaderos intereses nacionales. La inauguración de la ampliación del museo se ha convertido en un verdadero símbolo de nuestra realidad nacional: muestra que so- mos capaces de cualquier cosa si de verdad nos lo proponemos y si, en lugar de dividir, aunamos fuerzas (nuestros escritores y artistas, nuestros empresarios, nuestros militares, nuestros arquitectos e ingenieros, nuestros deportistas, etc. nos lo demuestran día a día) ¿por qué no aplicamos este mismo método a nuestra realidad política cotidiana? La ampliación del museo era una necesidad, una necesidad imperiosa pero muy pronto se convirtió en un objetivo, en una meta a conseguir; de este modo no ha sido difícil obtener la colaboración de un sinfín de sectores: Real Patronato, funcionarios y trabajadores del museo (especialmente relevante fue el papel de los sindicatos) directivos y funcionarios del Ministerio de tutela (hoy Cultura, ayer Educación, Cultura y Deporte) empresarios, directivos y trabajadores de las empresas contratadas y políticos; sí políticos de los gobiernos, de la oposición y de otras fuerzas. También la Iglesia aportó su grano de arena y, por cierto, nada despreciable. Todos ellos bajo la batuta técnica de Rafael Moneo y la batuta organizativa de Miguel Zugaza han conseguido lo que parecía si no imposible, sí al menos inacabable: la terminación de las obras, tanto del Casón del Buen Retiro como de la ampliación propiamente dicha del edificio Villanueva. ambién ha sido un símbolo de nuestra apertura al exterior: a la cena de gala del día 29 acudió lo más granado del mundo museístico: presidentes y directores de los principales museos internacionales, coleccionistas privados y expertos en Arte. La apertura de las nuevas puertas da paso a un Prado abierto al público y al mundo; definitivamente ha dejado de ser lo que alguien denominó como el gran enfermo de la cultura occidental hoy, por el contrario, es visto como un ejemplo para otros grandes museos que también necesitan ampliarse y modernizarse. Por último, la inauguración oficial del día 30 puede ser un buen símbolo del reinado de Don Juan Carlos I que ha sabido ser y ha sido una vez más el gran impulsor no solo del cambio experimentado por España sino también el manto que nos une a todos para emprender las más nobles tareas. Esta vez lo ha sido apoyando la ampliación del Museo del Prado que quedará para la historia como la ampliación del Rey Juan Carlos I, se hizo bajo su reinado y se hizo con su apoyo. El alma de España vivió ayer un día grande y no es poco lo que de ese día debemos a la Corona y al Rey. Los asistentes, con su interminable y emotivo aplauso, así lo reconocieron. T E EDUARDO SERRA Ex presidente del Real Patronato del Museo Nacional del Prado