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38 INTERNACIONAL MARTES 30 s 10 s 2007 ABC El asesino del martillo ruso, condenado a cadena perpetua RAFAEL M. MAÑUECO CORRESPONSAL MOSCÚ. Como era de esperar, Alexánder Pichushkin, el asesino del martillo fue condenado ayer a cadena perpetua, la pena máxima vigente en Rusia, ya que la de muerte, aunque no ha sido aún abolida, no se aplica desde la pasada década. Pichushkin, que tiene 33 años, fue reconocido culpable la semana pasada de 48 homicidios y tres intentos fallidos de asesinato. Él, sin embargo, asegura haber matado a 63 personas, casi siempre haciendo uso de una enorme maza, y lamenta no haber podido llegar a 64, el número de casillas que tiene el tablero de ajedrez. La sentencia incluye tratamiento psiquiátrico obligatorio pese a que se le considera completamente cuerdo y como tal ha sido juzgado y condenado. Los métodos terapéuticos que se emplean en las cárceles rusas para curar afecciones psíquicas, calcados de los utilizados en la época soviética con fines punitivos e intimidatorios, son muy expeditivos. Incluyen toda una amplia gama de procedimientos que causan gran dolor y malestar a los pacientes como el electrochoque o la administración de determinadas sustancias por vía intravenosa. El maniaco del parque Bittsevski otro de los apelativos con los que se conoce a Pichushkin, por ser la zona de Moscú en donde cometió la mayoría de los asesinatos, escuchó impasible la sentencia. Una vez leída, el juez preguntó si estaba claro su contenido, a lo que Pichushkin respondió con insolencia: no estoy sordo Se abre ahora un período de 10 días para recurrir la decisión judicial, pero el abogado dijo no saber aún si su defendido desea o no presentar apelación. Los civiles de Mogadiscio amontonan sus pertenencias y huyen de la capital, donde los combates se han recrudecido AFP Renuncia el primer ministro somalí mientras el caos reina en Mogadiscio Más de 50 muertos, víctimas del fuego cruzado entre tropas oficiales y milicias islámicas s Alrededor de 400.000 personas han abandonado la capital PAULA ROSAS CORRESPONSAL EL CAIRO. El primer ministro somalí, Mohamed Ali Gedi, renunció ayer a su cargo después de tres años al frente del Ejecutivo, y en medio de los violentos conflictos que asolan la capital, Mogadiscio, que han provocado el éxodo de más de 400.000 personas. Gedi anunció su retirada por causa de las desavenencias que ha mantenido durante el último año con el presidente de Somalia, Abdulahi Yusuf Ahmed. La partida de Gedi deja en comprometida situación al frágil gobierno de transición somalí, que lucha por mantener su autoridad en un país destrozado por 16 años de guerra civil, pero las divisiones con Ahmed sobre qué competencias pertenecen a la Presidencia y cuáles la jefatura del Ejecutivo han precipitado su salida. Gedi también podría haber recibido presiones internacionales para abandonar el cargo, según apuntan algunos analistas internacionales, en concreto desde Estados Unidos y Etiopía, país que ejerce una gran influencia en el Cuerno de África. No en vano, el ya ex primer ministro ha anunciado su retirada después de una visita a Addis Abeba, la capital etíope, donde se cree que ha estado intentando salvar hasta el último momento su puesto. Significativo es también que dos jefes militares etíopes acompañaron a Gedi de vuelta a Somalia para asegurarse de que renunciaba al cargo, según informó la agencia Efe. Paradójicamente, Gedi fue elegido primer ministro en 2004 por sus buenas conexiones con el país vecino, y algunos incluso lo tildaban de ser una marioneta de este país y su protector, Washington. Hijo de un coronel del ejército del dictador Siad Barré, Gedi no tenía, no obstante, experiencia militar, y era visto en su país como un intelectual con poco fuste político. Pertenece al clan mayoritario en Somalia, los hawiye, mientras que el presidente Ahmed forma parte de los darod, el segundo más importante y con influencia en el norte del país. Mientras tanto, en la capital somalí, los combates se recrudecieron ayer entre las tropas gubernamentales, apoyadas por efectivos etíopes, y la insurgencia islamista, que han convertido las calles de Mogadiscio en un campo de tiro desde el pasado sábado. Se cree que más de 50 personas, entre civiles y militares, 30 de ellos ayer, podrían haber perdido la vida atrapados en el fuego cruzado desde que se reiniciaron los combates. Las milicias islamistas, que en los últimos años llegaron a controlar el sur de Somalia e incluso la capital, atacan periódicamente al Ejército somalí. Desde que en diciembre tropas etíopes entraron en el país para apoyar al ejército somalí, las incursiones de los rebeldes se han multiplicado. El ex primer ministro Gedi había sido muy criticado en su país por la falta de eficacia para combatir a los milicianos islamistas. Pero su posición era complicada, ya que también se le reprochaba haber solicitado ayuda militar a Etiopía. Se cree que unas 400.000 personas han abandonado la capital en los últimos cuatro meses, según cálculos de las Naciones Unidas, y el goteo no cesa. El gobierno ha amenazado a los que huyen, responsabilizándoles de la reanudación de los combates, ya que considera que la población ha acogido a los rebeldes y los ha escondido hasta que se han hecho fuertes. El país vive en guerra civil desde que se derrocó al dictador Mohamed Siad Barré en 1991. El caos ha reinado en el país desde entonces con altibajos, aunque los combates se han recrudecido desde la entrada de las tropas etíopes. Este descontrol se ha extendido a la costa, una de las más peligrosas del mundo por la existencia de piratas. Más de una decena de barcos han sido abordados en lo que va de año. El último, un carguero japonés, secuestrado el pasado sábado y aún se desconoce el destino de sus tripulantes. No estoy sordo Éxodo masivo Sin fuste político Pichuskin, ayer en Moscú AP Desde que las tropas etíopes entraron para apoyar al Ejército, las incursiones de los rebeldes han crecido