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4 OPINIÓN MARTES 30 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro MÁS AÑOS, MEJOR CALIDAD DE VIDA OS datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística reflejan un considerable incremento en nuestro país de la esperanza de vida, uno de los índices más significativos para medir el desarrollo humano según los parámetros de Naciones Unidas y otros organismos internacionales. A día de hoy, los españoles vivimos una media de 82,3 años, lo que supone un aumento de dos años durante la última década y de más de seis en un periodo relativamente breve de tiempo. Como es habitual, la esperanza de vida en las mujeres es bastante más alta que en los hombres, con una diferencia de seis años. Las cifras que aporta el INE merecen ciertamente una valoración positiva. Estos índices sitúan a España entre los países más desarrollados de Europa y del mundo, fiel reflejo de que la calidad de vida en nuestro país viene avalada por la fuerza incontestable de la estadística. El salto cualitativo de la sociedad española hacia los altos niveles de bienestar de que disfruta actualmente es una prueba sólida del éxito colectivo del proceso de modernización en el plano político, social y económico y debe ser objeto de una seria reflexión para evitar que sea puesto en peligro por decisiones erróneas en el ámbito territorial o en la formulación de políticas públicas. La ampliación del tiempo de la vida supone también un desafío que las administraciones y la sociedad civil deben afrontar con el máximo rigor. Los sociólogos hablan de una revolución gris para hacer referencia a una sociedad envejecida, con muchos mayores y pocos jóvenes, que plantea múltiples necesidades en el ámbito familiar y en las prestaciones públicas. Ante todo, si no crece la natalidad el futuro anuncia un preocupante desequilibrio demográfico del que pueden derivarse muchas complicaciones. Por eso resulta fundamental planear y ejecutar políticas que favorezcan la natalidad, con una perspectiva a medio y largo plazo, más allá de ocurrencias electoralistas como los 2.500 euros que ofrece Rodríguez Zapatero por nacimiento. También es imprescindible tener presente que la edad avanzada lleva consigo problemas de salud, situaciones de dependencia y necesidades personales que deben ser atendidas para mantener un nivel de vida digno y adecuado. El artículo 50 de la Constitución hace referencia no sólo al sistema de pensiones que permita a los ciudadanos mantener la suficiencia económica durante la tercera edad, sino también a un conjunto de servicios sociales para atender los problemas específicos de salud, vivienda ocio y cultura. Por otra parte, es innegable que la institución familiar debe desempeñar un papel determinante a quienes han dejado tanto esfuerzo al servicio de la colectividad. En todo caso, la sociedad española tendrá que buscar las fórmulas adecuadas para que esos años de más que nos otorgan el progreso económico y los avances tecnológicos sean un tiempo de calidad en el que se escuche con interés la voz de la experiencia. Todo cambio demográfico genera retos sociales y políticos de largo alcance que deben ser afrontados de forma eficaz. L POPULISMO A LA ARGENTINA La elección presidencial de Cristina Fernández de Kirchner implica una vuelta de tuerca en los mecanismos sucesorios habituales en el seno de las democracias occidentales: algo que hasta el pasado domingo era inédito deja de serlo y Argentina pone en marcha una variante de sucesión democrática que permitirá al matrimonio Kirchner intercambiar sus papeles y seguir habitando la Casa Rosada durante cuatro años más. De este modo, la que era consorte podrá continuar la labor de su marido al frente del Gobierno, sin que nadie pueda discutir la legitimidad de su elección, ya que las urnas han avalado su nombramiento con un contundente resultado, al obtener un 44 por ciento de los sufragios e imponerse por un amplio margen sobre sus oponentes, Elisa Carrió y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Lo que resulta más discutible es el planteamiento de su campaña presidencial. Cristina Fernández de Kirchner ha asumido la continuidad conyugal de la gestión de su marido, pero, al mismo tiempo, ha eludido las sombras que pesan sobre éste por los escándalos de corrupción y la falta de transparencia que han caracterizado buena parte de la labor de su Gobierno. Por otro lado, su contundente victoria electoral ha hecho realidad un viejo sueño del peronismo desde la época de la mítica Evita: que éste se suceda a sí mismo, de manera familiar y por aclamación democrática. El discípulo ha superado al maestro y ha logrado lo que no alcanzó en vida Juan Domingo Perón. No hay que olvidar que, en 1973, el mecanismo sucesorio empleado por Kirchner el pasado domingo fue ensayado al presentarse el general a las elecciones presidenciales con su segunda mujer, María Estela Martínez, de vicepresidenta. Esto hizo posible que, un año después, ella lo sucediera al producirse la muerte de su marido. En este sentido, el justicialismo ha vuelto a las andadas y ha logrado ofrecer a los argentinos una fórmula aventajada y rejuvenecida de los iconos populistas que utilizara muchos años atrás el general Perón. Argentina afronta así un horizonte de continuidad ofi- L cialista que Cristina Fernández tratará de rentabilizar a su favor. El país ha superado ya el caos que en 2001 le llevó a sufrir una de las peores crisis políticas, financieras y sociales de su historia. Asegurada la gobernabilidad de Argentina después de la elección de Kichner en 2003, los indicadores socioeconómicos no han dejado de progresar desde entonces. Se ha reducido el paro y el PIB crece por encima del 8 por ciento. Argentina progresa, pero sigue sin resolver los problemas estructurales que hacen que casi una cuarta parte de la población viva en la pobreza, que la inflación se mantenga alta y que no se logren atraer inversiones exteriores que desarrollen un tejido empresarial mucho más sólido que el actual. En este sentido, las decisiones estatalizadoras e intervencionistas impulsadas por Néstor Kirchner, los escándalos de corrupción que pesan sobre él y la política exterior desarrollada durante estos años han debilitado la imagen exterior de Argentina, sobre todo debido a los gestos de hostilidad mostrados hacia España y los Estados Unidos, así como a la aproximación estratégica que ha llevado a cabo hacia países como la Venezuela de Chávez, Cuba o Bolivia, y que ahora se verán ratificados con mayor intensidad. Todas estas circunstancias colocan a la presidenta electa de Argentina ante el reto de redefinir buena parte del diseño político impulsado por su marido durante estos años, tarea que será difícil por varios motivos, ya que, por un lado, el perfil autoritario y arrogante que Cristina Fernández ha exhibido hasta ahora y, por otro, la propensión a perpetuar las prácticas corruptas mostradas por su marido hacen de ella una heredera potencialmente inclinada a mantener el estilo y los manejos de su antecesor. Complejo futuro, por tanto, el que se dibuja en el horizonte de Argentina. sobre todo porque pospone cuatro años más el reto de saber si el país será capaz algún día de salir del bucle peronista con el que esta ideología ha impregnado hegemónicamente los hábitos políticos de los líderes y del conjunto de la sociedad argentina. HUMANITARISMO IRRESPONSABLE L lamentable, y por suerte frustrado, intento de trasladar irregularmente a niños africanos desde el Chad a Francia se ha revelado como un caso en el que, bajo la careta de una aparente operación humanitaria, parecía esconderse el propósito de nutrir una red alegal de adopciones infantiles en Europa. No siempre los legítimos sentimientos humanitarios- -puestos en entredicho en este caso- -justifican el empleo de cualquier fórmula para ayudar al prójimo, menos aún si se recurre al fraude y si, como se ha hecho público tras las primeras investigaciones, tanto en Francia como en Chad, ni los más de cien niños eran huérfanos ni estaban todo lo enfermos o menestorosos que se suponía en un principio. A falta de que las autoridades competentes califiquen jurídicamente los hechos, lo menos que puede decirse en este caso es que los dirigentes de esta organización gala, llamada El Arca de Zoe son unos irresponsables. Está por determinar si, también, son unos delincuentes. Sin embargo, este episodio tiene todos los visos de haber hallado en siete españoles a unos convidados de piedra, pese a haber sido imputados ayer. Los indicios conocidos apuntan a que la tripulación española del avión contratado para trasladar a los niños africanos en un vuelo chárter hacia Francia no formaba parte de la trama denunciada por las autoridades chadianas. Probablemente, la implicación de la tripu- E lación sea puramente casual o tangencial. Sin embargo, y mientras las indagaciones prosiguen en Chad, la Administración española debe actuar con más celeridad y contundencia de lo que lo ha hecho hasta ahora, porque es evidente que se trata de uno de los casos en los que su concurso resulta fundamental para auxiliar a unos ciudadanos atrapados en una situación delicada. En los últimos años, el Gobierno ha abierto varias embajadas en países africanos, entre los que por desgracia no está Chad, lo que no es óbice para que en este caso el Ministerio de Asuntos Exteriores despliegue todos los medios necesarios para resolver cuanto antes la situación. El drama humanitario de Darfur, en Sudán, muy cerca de Chad, hace tiempo que constituye una afrenta al Derecho Internacional, y no puede extrañar a nadie que quienes apelan a contribuir de algún modo a paliar el sufrimiento de aquellas gentes consigan fácilmente movilizar los sentimientos colectivos en las sociedades europeas. Una parte del problema es que siga habiendo más de dos millones de personas desplazadas y un número escandaloso de víctimas, y que las potencias occidentales poco hagan por evitarlo, porque se sienten intimidadas por la resistencia diplomática del Gobierno sudanés, al que apoyan China y Rusia. Lamentablemente, es un terreno abonado para que muchos desalmados negocien con vidas humanas.