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34 INTERNACIONAL LUNES 29 s 10 s 2007 ABC Alberto Sotillo DE LADY MACBETH A CFK os varones siempre hemos tenido muchos prejuicios contra Lady Macbeth, arquetipo de mujer ambiciosa que se sirve de su cónyuge para aplacar su sed de poder. Desde aquella Lady, las cónyuges han tenido una injusta prensa. A Madame de Maintenon, amante de Luis XIV le atribuyeron mil maldades, cuando su único pedado fue su riguroso puritanismo. El prejuicio pervivió hasta nuestros días. Los rusos odiaban irracionalmente a Raisa Gorbachov, a quien creían la inspiradora de la atroz ley seca Y si un mérito tiene Hillary Clinton es el de remontar la antipatía que le profesaron sus compatriotas en sus primeros días de primera dama. Un caso aparte fue Evita Perón, amada por los descamisados y odiada por las clases medias. Como el matrimonio Perón se las ingenió para reducir la clase media argentina a su mínima expresión, al final Evita pasó a la historia como la primera mujer idolatrada en política. La comparación de Cristina Fernández Kirchner con Evita es inevitable, aunque CFK se siente más cerca de Hillary. A ambas les une el común designio de romper el maleficio de Lady Macbeth y demostrar que una cónyuge con legítimas ambiciones puede recabar el afecto y el voto de su pueblo. La diferencia es que los Clinton como máximo podrían estar dos mandatos más en el poder en tanto que los Kirchner pueden eternizarse pasándose la presidencia del uno al otro. CFK y Hillary, no obstante, tienen la histórica ocasión de demostrar que las señoras esposas pueden ser sagaces mujeres de Estado. Mostrarían que, como temíamos, Shakespeare era un misógino mal informado. Aun así, de las cónyuges que han desfilado estos días por la actualidad yo, como machista que soy, me quedo con Cecilia Sarkozy, quien empezó a caerme simpática el día que dijo que no iba a visitar a Bush porque quería estar en el cumpleaños de su hija. No digo que sea verdad o mentira. Pero es como cuando aseguró que echaba de menos hacer la compra. Es la deconstructora de Lady Macbeth. Todos los hombres tenemos mucho de machistas, para qué ocultarlo. Así que temo que, por más que se esfuercen, el prejuicio persistirá. L Nhem En, que hoy tiene 47 años, posa con las instantáneas que hacía a los prisioneros del centro de detención S- 21 de Phnom Penh AP El retratista de la muerte Con 16 años, Nhem En ya fotografiaba uno a uno a los presos que pasaban por la infame prisión S- 21 de Tuol Sleng, donde los brutales Jemeres Rojos torturaron y ejecutaron a 14.000 personas. Hoy es testigo de cargo contra los aliados aún vivos de Pol Pot POR PABLO M. DÍEZ CORRESPONSAL PEKÍN. Nhem En es, posiblemente, el único fotógrafo del mundo que no le decía Sonría, por favor a sus modelos. Una frase que, en sus labios, habría sonado cínicamente terrorífica, porque Nhem En trabajaba en la infame prisión de Tuol Sleng de Phnom Penh, donde el atroz régimen de los Jemeres Rojos, que dirigió Camboya entre 1975 y 1979, torturó y asesinó a unas 14.000 personas. La mitad de todos esos prisioneros que pasaron por el centro de detención, de los que sólo sobrevivieron siete, fueron fotografiados por Nhem En, quien los retrataba para que su imagen quedara archivada en las exhaustivas confesiones que el régimen arrancaba a base de palizas y brutales torturas. Por ese motivo, Nhem En acaba de comparecer como testigo en la instrucción del juicio que un tribunal internacional celebrará en los próximos meses contra los cabecillas de los Jemeres Rojos que aún quedan con vida. El fotógrafo de la muerte se ha limitado a declarar que cumplía órdenes y que no tenía responsabilidad en el destino de los reos, ya que habría sido ejecutado si no hubiera cumplido con su trabajo. No en vano, Nhem En era un producto de la nueva sociedad surgida al amparo del Año Cero impuesto por Pol Pot, bajo cuyo sanguinario mandato murieron 1,7 de los 7 millones de camboyanos en uno de los más brutales genocidios del siglo XX. Nacido en 1961 en Anlong Veng, el bastión de los Jemeres Rojos ubicado al noroeste del país donde fue incinerado Pol Pot tras su muerte en abril de 1998, Nhem En entró a formar parte de la propagandística Compañía Artística de Niños para la Liberación con nueve años, y a los doce ya sabía disparar. Tras servir en la retaguardia de la guerrilla, fue enviado a China a estudiar fotografía cuando los Jemeres Rojos se hicieron con el control de la capital. Al finalizar un cursillo básico, se hizo cargo con sólo 16 años del equipo de seis fotógrafos que retrataban a los presos interrogados en Tuol Sleng, Los retretes demoran el juicio a los Jemeres Rojos Treinta años después de exterminar a su pueblo en su intento por crear una sociedad agraria sin clases, los sanguinarios Jemeres Rojos son hoy ancianos que esperan a ser juzgados por un tribunal internacional cuya composición ha sufrido numerosas demoras. Con el objetivo de que el juicio se celebre en los próximos meses, ya han sido detenidos el jefe de la prisión de Tuol Sleng, el Camarada Duch Kang Kek Ieu, y Nuon Chea, el Hermano Número 2 del régimen. Tan pronto como se cambien los retretes de agujero por otros con taza en las celdas, como ha pedido Nuon Chea, serán arrestados el antiguo presidente, Khieu Samphan, y su ministro de Exteriores, Ieng Sary. una escuela de Phnom Penh rebautizada como centro de detención S- 21 y reconvertida hoy en Museo del Genocidio. Sus instantáneas reflejan la indefensión de las víctimas de este régimen que asoló Camboya en los 70 Espeluznantes imágenes De sus muros cuelgan cientos de instantáneas en blanco y negro tomadas por este fotógrafo del horror unos cautivadores y espeluznantes primeros planos de hombres, mujeres, ancianos e incluso niños, que reflejan el terror y la indefensión de las víctimas de los Jemeres Rojos. Entre ellas, destacan un primo del propio Nhem En, quien posó para su macabra cámara en lo que el fotógrafo llegó a calificar, en una entrevista concedida al investigador de la Universidad de Columbia Peter Maguire, como el peor día de una vida con muchos días malos Pese a su arrepentimiento, Nhem En era un Jemer convencido que entregaba las fotos en mano al jefe de la prisión, Kang Kek Ieu, conocido como Camarada Duch quien le regaló un reloj Rolex que, tras la caída del régimen, cambió por arroz para sobrevivir. Como una cruel metáfora de la memoria histórica de Camboya, el fotógrafo de la muerte se ha adaptado a los nuevos tiempos y, tras pasar del partido de la oposición al del primer ministro Hun Sen, es hoy teniente de alcalde de Anlong Veng y testigo de cargo contra los Jemeres Rojos.