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24 ESPAÑA LUNES 29 s 10 s 2007 ABC RELIGIÓN motivo: permitir la visión. Nadie protestó por la recomendación, aún más, hubo aplausos, y sólo volvieron a ondearse al finalizar la Eucaristía. El cumplimiento estricto de las recomendaciones y el silencio fueron las notas dominantes de la ceremonia. Hubo menos manifestaciones de júbilo que en otras beatificaciones y más recogimiento por parte de los presentes. Algunos rezaban y otros, como Milagros González Pacheco, sobrina del mártir Félix González Busto, lloraba recordando a su familiar: Mi padre siempre dijo que era un santo y esto es muy emocionante para mí Un modelo de comportamiento cívico que echó por tierra el argumento de quienes sostenían que las beatificaciones iban a constituir un acto de revancha de una parte de España contra la otra. No hubo ninguna salida de tono, ningún mal gesto y, como decía Carmen Gómez de Pablo, sobrina de fray Félix de la Virgen del Carmen, que nadie pretenda ver otra cosa que un reconocimiento de sus vidas Aunque en la Plaza de San Pedro ya hacía calor antes de las ocho de la mañana, la masiva presencia de peregrinos había hecho subir unos grados más la temperatura humana del lugar, el sol empezó a hacerse fuerte a medida que avanzaba la ceremonia. Como prólogo de la misma, se recordaron unas palabras de Juan Pablo II sobre el perdón y la reconciliación, con motivo de una de las numerosas ceremonias de beatificación que presidió: Debemos estar dispuestos a defender a Cristo delante de los hombres pidiendo perdón, paz, concordia y mutuo respeto Sonaron así los primeros aplausos de la jornada, que no volvieron a repetirse hasta que se produjo el momento de la beatificación. Esto ha sido el no va más, ha sido una ceremonia emocionante y bonita comenta un familiar del beato Lucio Zudaire, mientras abandonaba la Plaza de San Pedro. Su peregrinación estaba a punto de finalizar, pero este día ha sido para muchos una catequesis ocasional de cómo los cristianos tenemos que perdonar dice María del Carmen Gómez de Pablo, sobrina del beato fray Félix de la Virgen del Carmen. Felices de saber que el sacrificio de los suyos no fue en vano, los peregrinos españoles abandonaban el Vaticano no sin recordar que este es el momento oportuno para su beatificación, ahora, cuando dicen que la fe no sirve para nada. Esto no es revanchismo, que nadie pretenda ver otra cosa que reconocer sus vidas Aspecto general de la plaza, durante la ceremonia, que fue presidida por monseñor Saraiva REUTERS Un mar de emoción y recuerdos en San Pedro La plaza de San Pedro estaba ayer llena de emotivas historias familiares, de recuerdos difuminados en el tiempo, que se hicieron más presentes que nunca y que muchos, con lágrimas en los ojos, narraban sin apenas poder articular palabra POR PALOMA CERVILLA ENVIADA ESPECIAL ROMA. Nunca pudo imaginar Ana Caldés, sobrina de los ya beatos hermanos de La Salle, Valeriano Luis y Eliseo Vicente de Benicarló, que la razón por la que lloraba su madre hace ya setenta años, porque han matado a mis hermanitos se convertiría, mucho tiempo después, en el motivo principal para celebrar en Roma estas muertes prematuras. La Plaza de San Pedro de Roma estaba ayer llena de emotivas historias familiares, de recuerdos difuminados en el tiempo, de retazos de la memoria, que ayer se hicieron más presentes que nunca, y que muchos, con lágrimas en los ojos, narraban sin apenas poder articular palabra. Recuerdo cuando mi madre lloraba y yo le preguntaba ¿por qué lloras tanto? y ella me decía: porque han matado a mis hermanitos Lo contaba Ana Caldés minutos antes de la ceremonia de beatificación de los 498 mártires españoles, reivindicando la dignidad de sus familiares, pero admitiendo que esta ceremonia es la del perdón y de la reconciliación porque nos va a hacer renovar la fe a todos los cristianos A Ana difícilmente se le puede contener en el relato de su historia, quiere que se sepa más y como ejemplo de ese perdón que está dispuesta a practicar desvela que la mujer del hombre que denunció a mis tíos vino un día a mi casa llorando, y le pidió a mi padre que lo sacaran de la cárcel y lo sacó. Como Ana, otros muchos iban con su historia dentro, accedían a la plaza de San Pedro y se situaban en las cuarenta mil sillas que se desplegaron, todas ellas cubiertas por familiares, amigos y seguidores de los mártires. Además, muchos peregrinos se quedaron en pie en los laterales. En total, unos cincuenta mil en esta soleada mañana festiva en Roma. Desde antes de las ocho de la mañana, la plaza de San Pedro estaba rodeada de un cinturón humano que abrazaba las emblemáticas columnatas de Bernini que identifican el lugar. Miles de españoles madrugaron para tener el mejor sitio y se apostaron frente a las numerosas puertas de acceso pa- El recuerdo de Juan Pablo II Respetuoso silencio Ana Caldés (izda. sobrina de dos hermanos asesinados ra poder conseguir la mejor visión de la ceremonia. Los autobuses llenos de peregrinos se asomaban por cualquiera de las vías cercanas a la Basílica provocando larguísimas colas que sólo el eficaz servicio de seguridad del Vaticano permitió que se disolvieran con agilidad. La espera permitió a los más jóvenes amenizarla con cánticos y gritos de ¡Viva España! y ¡Viva el Papa! V. SOLOKOWICZ Junto a los pañuelitos identificativos de la congregación o del mártir que venían a beatificar, los peregrinos españoles trajeron a Roma, de forma masiva, la enseña nacional, junto a otras de las distintas comunidades autónomas. Pero de poco sirvieron en la ceremonia, ya que, instantes antes de su inicio, desde megafonía se instó a la gente a que no las exhibieran, sino que se recogieran, por un sólo