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Domingo 28 de Octubre de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.555. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. Irene Lozano DOCE NEGRITOS L El escolta víctima de ETA habló ayer para ABC tras salir del hospital Miguel Servet, de Zaragoza, su ciudad natal ABC Me he quedado sin futuro El escolta herido en el atentado de Bilbao quiere volver al anonimato. G. G. como le hubiera gustado aparecer, rompe su silencio para denunciar el daño que le ha hecho que revelaran su identidad MANUEL TRILLO a última víctima de la violencia etarra confiesa que está más enfadado con los medios que con los propios autores del atentado en el que salvó la vida casi de milagro. De un terrorista ya sé lo que me puedo esperar; no esperaba más, igual que de un panadero, que haga pan pero con lo que el escolta atacado el pasado día 9 en Bilbao dice que no contaba era con el daño que le han infligido los informadores. G. G. como hubiera preferido figurar en las noticias, habla por primera vez tras salir del hospital Miguel Servet de su ciudad natal, Zaragoza, donde se ha estado recuperando de las quemaduras sufridas por el incendio del vehículo. Ahora recibe ya tan sólo atención ambulatoria y evoluciona favorablemente. Según dijo ayer a ABC, más grave que otras secuelas que le haya dejado el atentado ha sido, psicológica y anímicamente, que me han perjudicado los que teóricamente están de mi parte Para este profesional de la seguridad, la revelación de su identidad ha significado invalidar la forma de vida con la que se ganaba el sustento, en la que el anonimato resulta trascendental. Asegura que los medios que han publicado su imagen tras la deflagración de la bomba lapa no han tenido ningún escrúpulo En su opinión, se le ha perjudicado sin obtener beneficios ya que si no se hubiera dado a conocer su fisonomía, tapándole el rostro, y en lugar del nombre completo se hubieran facilitado sólo las iniciales, la primicia o la exclusiva habrían sido la misma No sólo se me ha perjudicado, sino que se me ha impedido que pueda ejercer mi labor en el futuro protesta enérgicamente. Sus declaraciones se centran en las críticas a los medios y no quiere comentar ningún otro aspecto sobre el atentado del que fue víctima. Y tampoco cómo le ha afectado que fuera el propio presidente del PP, Mariano Rajoy, quien hiciera pública su militancia en la formación popular. Ahora sólo expresa su deseo de que cuanto antes se olvide cualquier dato personal sobre él, y hasta le gustaría que su nombre se borrara de donde aparece en internet. Tenía un futuro laboral muy cierto y ahora no tengo futuro por delante concluye. Este diario también habló ayer brevemente con la madre de G. G. que ha estado a su lado durante la recuperación. Insistió en que se le ha dejado sin trabajo Se ha machacado su intimidad y su trabajo futuro haciéndole mucho daño Tal como pidió a quien firma este reportaje, no se cita aquí el nombre del escolta herido en la capital vizcaína, a pesar de que, a estas alturas, a cualquiera le puede llevar menos de un segundo averiguarlo en Google. L a vida es un juego de supervivencia en el todos podemos ser recusados al ritmo de una canción de cuna. Algo así como doce negritos estudiaron la carrera de leyes y llegaron a magistrados del Constitucional. Dos se abstuvieron y entonces quedaron diez. Diez negritos salieron al mar; un arenque se tragó a dos, y entonces quedaron ocho. Ocho negritos jugaron con una colmena; las abejas picaron a tres y quedaron cinco. Cinco negritos deliberantes dejaron de deliberar: sin quórum valían tan poco como un solo negrito, el último. Se ahorcó, and then there were none. Así los liquidan los anfitriones del islote, por una vieja cuenta no saldada con la sociedad: prestarse a guardar los intereses de sus amos. Durante décadas la servidumbre garantizaba el paso a la siguiente fase, pero han cambiado las reglas del juego y ahora se vuelven tan irónicas como las de un Gran Hermano, un Supermodelo, un Operación Triunfo: sobrevivir a otros no garantiza no ser descartado más adelante. La norma básica de los juegos de supervivencia es no confiar en nadie. Una reunión, una carta, unas palabras a otro concursante, pueden conducir a la expulsión, que equivale a un no apto en las pruebas darwinianas. Todos deciden el destino de todos, pero también el propio. En última instancia, cada individuo es responsable de continuar o no en el juego. A los participantes les queda siempre la decorosa posibilidad de autoexcluirse del show, rechazar el imperativo de la victoria, incumplir el mandato de la supervivencia a cualquier precio, negar su venalidad: abandonar todos la casa por su propio pie. Y en la gloria de un harakiri colegiado admitir que los doce se pueden, en efecto, descartar; la institución, no.