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94 CIENCIAyFUTURO DOMINGO 28 s 10 s 2007 ABC (Viene de la página anterior) tudio, en manos de entomólogos de todo el mundo. Para Alonso, es un momento fascinante de la evolución. Entre los himenópteros, por ejemplo, avispas y hormigas no se habían diferenciado aún, aunque no tardarían en hacerlo. Es una época de gran especiación, durante la que se extinguen las grandes familias de insectos anteriores y surgen las nuevas Además de simples individuos, el ámbar es capaz de fósilizar procesos completos, comportamientos como el parasitismo, la simbiosis entre distintos organismos o la cooperación entre insectos sociales. Pero en Álava, además, se encuentra la mejor colección que existe de plumas del Cretácico. Plumas que pertenecieron a las primeras aves, que precisamente en ese momento se estaban diferenciando de sus parientes más cercanos, los dinosaurios carnívoros. Estoy prácticamente convencido- -asegura Alonso- -de que muchas de las veinte plumas que tenemos son de Iberomesornis romerali, una pequeña especie de ave que vivía en aquella época en la península ibérica y que fue descubierta en Cuenca por el paleontólogo José Luis Sanz. Pero, como digo, eso es aún una impresión. Habrá que hacer un estudio a fondo para comprobarlo Lo mismo sucede con las pequeñas burbujas de aire que también quedan atrapadas por la resina. ¿Pueden o no reflejar esas burbujas el clima exacto de ese lejano periodo? La respuesta a esta pregunta es controvertida, y depende del conocimiento que los investigadores logren acumular sobre la interacción de las propias moléculas del ámbar con las del aire del interior de las burbujas. Una interacción que ha sido capaz de durar más de cien millones de años... Jesús Alonso Director del Museo de Ciencias Naturales de Álava MUCHO MÁS QUE INSECTOS Parásitos y plumas L Piedra pequeña, hallazgo grande Aunque muchos de los fragmentos que aparecen apenas tienen unos milímetros de diámetro, algunos, como el que aparece arriba, son mucho mayores. Los investigadores han aprendido, sin embargo, que en lo que respecta al ámbar el tamaño no importa y muchos de los mejores hallazgos se han producido en piedras pequeñas Chupador de sangre Trece especies nuevas de insecto han sido descritas hasta el momento a partir de los ejemplares hallados en el yacimiento de Peñacerrada. Una de ellas es el mosquito hematófago que aparece sobre estas líneas, de casi 120 millones de años de antigüedad Texturas delicadas No es una araña, aunque lo parezca. Se trata de una muda de araña del Cretácico inferior. Resulta extraordinario el hecho de que materiales orgánicos tan frágiles y delicados hayan podido resistir sin deteriorarse el paso de un tiempo tan extremadamente largo Una ventana abierta al pasado de la Tierra Cuando se produce un hallazgo, los especialistas del museo lo preparan para poder observarlo con todo detalle. Para ello, se corta la fina escama de ámbar que contiene el organismo y se coloca después bajo el microscopio. En la imagen, Carmelo Corral observa con atención un ácaro que se ha conservado hasta el mínimo detalle as resinas secretadas por árboles antiguos atraparon, dada su viscosidad, numerosos organismos vivos, fundamentalmente pequeños invertebrados, y diversos artefactos presentes en su entorno, tales como telarañas, mudas de insectos, fragmentos de corteza y tierra, plumones de aves, hojas, etc. También quedaron atrapados en su interior todo un conjunto de pequeños objetos, orgánicos o no, que se encontraban suspendidos en el aire, lo que denominamos plancton aéreo. La composición de este plancton puede ser variadísima según las circunstancias, y podemos encontrar en él diversos corpúsculos, tales como organismos unicelulares, virus, bacterias, esporas, hongos, cenizas, polvo, agua... Sin embargo, la descripción de los contenidos del ámbar se ha centrado tradicionalmente en los insectos y otros artrópodos, y en menor medida, en diversos elementos vegetales, al amparo de las tradicionales técnicas de microscopía óptica. El notable avance tecnológico de los últimos años ha producido un espectacular crecimiento de la capacidad analítica de cuantos nos dedicamos a las ciencias de la observación. El Museo de Ciencias Naturales de Álava no ha querido ser ajeno a esta realidad e inició, en la última década del siglo XX, nuevas líneas de investigación en la prospección de los contenidos del ámbar, creando nuevos protocolos de actuación al amparo de los más modernos equipos de microscopía electrónica. Así, se ha podido poner de manifiesto la presencia en el ámbar alavés de numerosísimas comunidades, hasta ahora inadvertidas, de organismos microscópicos unicelulares y pluricelulares. Todo ello abre un nuevo campo de observación en el ámbito de las ciencias de la vida que, sin duda alguna, producirá en las próximas décadas un significativo incremento de conocimiento en el ámbito de la historia de la vida en nuestro planeta.