Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
92 CIENCIAyFUTURO www. abc. es cienciayfuturo DOMINGO 28- -10- -2007 ABC El pasado está escrito en el ámbar ABC ha visitado, de la mano del director del Museo de Ciencias Naturales de Álava, los yacimientos de ámbar de Peñacerrada, entre los mejores del mundo, que son una auténtica puerta abierta para el conocimiento de la fauna y flora del Cretácico POR JOSÉ MANUEL NIEVES FOTOS: JAIME GARCÍA PEÑACERRADA ÁLAVA. Pasear por el campo junto a un geólogo significa, literalmente, tener la oportunidad de ver el mundo de forma muy distinta a la habitual. Una simple roca adquiere, de pronto, nombre, apellidos, edad, procedencia... y una historia completa que contar. Un insignificante arenal se convierte de repente en un vestigio único, repleto de pistas y datos que nos llevan a épocas lejanas del pasado de nuestro planeta. Un talud, en apariencia anodino y grisáceo, se transforma como por arte de magia en un libro abierto en el que es posible leer, estrato a estrato, el devenir geológico y a menudo convulso de la región que estamos pisando. Y saber mirar, al lado mismo de la carretera, en el interior de una franja arcillosa y negra que aflora sobre el terreno como si la tierra se hubiera teñido con el aceite usado de un coche, significa tener acceso al ámbar, un inesperado tesoro procedente de un pasado remoto y que aquí, en la localidad alavesa de Peñacerrada, lleva más de cien millones de años esperando a ser descubierto. Jesús Alonso, geólogo, director del Museo de Ciencias Naturales de Álava y también de los yacimientos de ámbar de la región, araña con una piqueta ese barro negro y arranca un pequeño fragmento, que desmenuza con cuidado entre sus dedos. Esto es madera carbonizada- -asegura tras unos breves segundos de análisis- mezclada con muchos otros restos de origen orgánico Repite la operación varias veces, y al final llega el premio, en forma de una pequeña gota anaranjada y cristalina, de apenas unos milímetros, que brilla con luz propia en el barro de la palma de su mano. Hace ciento quince millones de años, en plena era de los dinosaurios, esta pequeña gota resbalaba, en forma de resina, por la corteza de un árbol. Por aquel entonces, esta zona de Álava se encontraba a orillas del mar, prácticamente en el centro de un supercontinente, Pangea, que comenzaba a fragmentarse en los continentes que podemos ver en la actualidad. Precisamente aquí, donde hoy hay montañas, desembocaba un río, cuya enorme aportación de arena sería fundamental para que se produjera la formación geológica exacta que se necesita para obrar el milagro y que la resina se transforme, con el paso de millones de años, en el preciado ámbar. En ese momento de la historia de la Tierra, justo al final del Cretácico inferior, nuestro mundo era muy diferente del que hoy conocemos. Las plantas no habían inventado aún el eficaz método de reproducción que utilizan en nuestros días, la polinización. Por eso no había flores, no existía la hierba, y tampoco la inmensa variedad de insectos y de ecosistemas que dependen de las praderas y del consumo de polen. Un día cretácico no duraba 24 horas, sino 22. La cantidad de oxígeno de la atmósfera superaba casi en un 20 por ciento a la actual y el nivel de CO 2 era tan elevado que la capa de ozono prácticamente no existía. Las radiaciones ultravioleta del Sol llegaban con tal intensidad que muy pocas de las espe- Planeta cretácico En busca del tesoro Los geólogos Jesús Alonso (en primer plano) y Rafael López del Valle buscan pepitas de ámbar en el yacimiento alavés de Peñacerrada. Muchas de ellas contienen insectos y crustáceos del Cretácico inferior, hace 115 millones de años cies que pueblan hoy nuestro planeta habrían conseguido sobrevivir. El terreno que estamos pisando- -explica Alonso- -era entonces un manglar, justo en la desembocadura de un río, con abundante vegetación y mucha agua aportada por mil cauces y meandros que, en su camino hacia el mar, se cerraban o se abrían, inundando toda la zona y formando grandes depósitos de materia orgánica (hojas, ramas, insectos, etc) La arena y las piedras de las corrientes arrastraban esos depósitos hacia el océano, pero al mismo tiempo sellaban sus fondos. Y eso es precisamente lo que encontramos hoy. Podríamos decir que todo este terreno es como un enorme bizcocho lleno de pasas. Nosotros tenemos que buscar esas pasas Inclusiones biológicas La franja de barro negro que tenemos delante forma parte de una de esas pasas De repente, todo encaja y uno se imagina un paisaje completamente diferente, un gran pantano con pozas llenas de hojas, insectos y materia orgánica de todo tipo arrastrada por el agua y tapada y sellada por la arena. Entre esa materia, también había resina de los árboles. Una parte de ella se convirtió en ámbar, y