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ABC DOMINGO 28 s 10 s 2007 CULTURAyESPECTÁCULOS 91 CRÍTRICA DE BLUES Concierto de Van Morrison. Lugar: Palacio de Deportes. Fecha: 27 de octubre. Van Morrison Un clima emocional LUIS MARTÍN A Van Morrison, en cuestiones musicales, es muy difícil enmendarle la plana. Además de ser uno de los pocos intérpretes que no precisan de señuelos para convencernos de que le sobran valores para subirse a un escenario, tiene un conocimiento enciclopédico de gran parte de los estilos que conforman la música popular contemporánea. Es tanta la riqueza artística que atesora su cerebro, como grosera la imagen que muestra interpretando de espaldas en innúmeras ocasiones. El detalle hace que sus conciertos sean toda una lección de lo que la educación jamás aconseja. Paradójicamente, anoche Morrison no protagonizó ninguno de sus habituales desplantes. No saludó, es cierto. Y tampoco agradeció los atronadores aplausos que le ofreció un pú- Van Morrison dejó en Madrid muestras del carácter huraño que exhibe en sus conciertos blico entregado. Pero, al menos, no abroncó a músicos y a técnicos en la escena y tampoco se despachó con los fotógrafos, como ya ha hecho en anteriores ocasiones. Personalmente, considero que nada de esto es necesario para dejar bien claro que, cuando él comparece en público, los originales mejoran y todo suena como si fuera la primera vez que es interpretado. El espectáculo con el que ahora viaja luce muy mejorado. Está respaldado por una banda sólida en la que un violín y una guitarra slide dan nueva dimensión a lo que se acomete. Y, aunque para abrir EFE fuego, escojan una canción aún reciente, This love of mine centran más tarde repertorio en un material de origen fonográfico disperso. Un bazar sonoro que se abre de par en par con It once was my life y ya no deja de viajar en una montaña rusa con todos los géneros imaginables: blues, soul, rock and roll, country, algo de folk, jazz y grandes dosis de rhythm blues. Morrison permite que su fraseo sea secundado por tres voces que sacarían notable alto en un concurso de imitaciones del trío Lambert, Hendricks Ross. Suena una magnética versión de Bright side of the road antes lo ha hecho otra de Baby (you got what it takes) un blues cimbreante donde Van Morrison sopla un saxo para ver el horizonte sobre el resto de la expedición. Y, tras este material, para relajarse, el disparo de soul de Stranded Y también- -perfectamente acordada con el órgano hammond y las guitarras- la visceralidad de Moondance Con 37 años de antigüedad, escuchar esta canción y tener la sensación de asomarse por vez primera al mundo de Van Morrison es una misma cosa. Huraño casi siempre, con gafas oscuras y sombrero, Morrison enfiló el final de este encuentro con el fogoso gospel de See me through algún que otro guiño dirigido a la memoria y esa preciosa concesión al lirismo que es When the leaves come falling down Van Morrison es enorme. Una cima emocional. Sólo por disfrutar en el fin de la divertidísima Brown eyed girl ya mereció la pena el concierto.