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90 CULTURAyESPECTÁCULOS DOMINGO 28 s 10 s 2007 ABC TOROS Chechu, el novillero herido más grave, se recupera en su domicilio ABC MADRID. El novillero José Ramón García Chechu el herido más grave de su escalafón esta temporada, ha recibido el alta hospitalaria en el centro médico de Ávila donde ha estado ingresado durante doce días, para seguir la recuperación en su domicilio de San Sebastián de los Reyes (Madrid) Chechu, herido de suma gravedad el pasado día 15 en la plaza de Ávila por un novillo de Miranda de Pericalvo que le rompió la femoral, ha permanecido este tiempo en el Hospital Nuestra Señora de Sonsoles de la capital abulense, los cuatro últimos días con problemas de anemia por la fuerte hemorragia que sufrió. La cornada sobrevino en la apertura de faena al primero de la tarde, una secuencia que Chechu explicó a Efe: Acababa de hacer un molinete y al volver a la cara del novillo le presenté la muleta y, cuando parecía que iba a venirse a la tela, me tiró un derrote que me alcanzó de lleno en el muslo Tras el percance dejó un impresionante reguero de sangre en la arena y fue trasladado a la enfermería del coso, donde fue operado de urgencia por espacio de dos horas. El madrileño, al que todavía no le han retirado los puntos de la herida, deberá permanecer un par de meses en reposo en su domicilio antes del alta médica definitiva. Por otra parte, el novillero albaceteño Andrés González no podrá torear hoy en el cierre de temporada en Las Ventas, tras lesionarse durante un tentadero en la finca de Samuel Flores. Será sustituido por el madrileño Luis Gómez Molina. CLÁSICA John Elliot Gardiner Obras de Brahms y Schubert. Int. N. Stutzmanm (contralto) The Monteverdi Choir, Orchestre Révolutionaire et Romantique. Dir. mus. Sir J. E. Gardiner. T. Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. Música deconstruida ANDRÉS IBÁÑEZ ¿Hay vida ahí fuera? ¿Soy yo la única persona del mundo que considera que Gardiner es un director superficial y que sus interpretaciones, sin duda intrépidas y originales y dotadas siempre de una claridad y una vitalidad envidiables, nunca llegan muy adentro de la médula espiritual de la música? Tomemos el presente concierto, por ejemplo. La experiencia acústica es fascinante, especialmente el sonido de las trompas naturales, que suenan remotas y rústicas y al mismo tiempo muy dulces, encantadoras en su imperfección, empastando maravillosamente con la cuerda, o ese poderoso contrafagot que nunca habíamos oído así en la primera de Brahms, pero una interpretación no es sólo una cuestión de acústica. ¿O sí lo es? ¿Es de esto de lo que trata todo? En la primera de Brahms la intención del director parece ser que lo oigamos todo, todas las voces, todas las melodías y contramelodías, todas las figuraciones del acompañamiento, pero ¿sería ese verdaderamente el deseo de Brahms? ¿Acaso esa obsesión por la transparencia no acaba emborronándolo todo? Es esta una música deconstruida, la interpretación como deconstrucción. No la obra, sino la suma milagrosa y milimétrica de sus partes. Maravillosas, a pesar de todo, las Varaciones sobre un tema de Haydn donde el característico lilt de Gardiner sonaba de pronto muy brahmsiano, y sobre todo el centro gravitatorio de la noche, la Canción de los espíritus sobre las aguas de Schubert, para coro masculino y orquesta de cuerda, una obra infrecuente donde encontramos al Schubert más sublime proponiéndonos un verdadero poema sinfónico, y donde la delicadeza legendaria del legendario Monteverdi Choir nos llevaba, verdaderamente, al mundo de los espíritus. Muy bonito el auditorio de El Escorial, construido alrededor de un pinsapo (una especie de abeto) centenario e imponente, pero con esos accesos característicos de la escuela arquitectónica española que obligan a todo el público a amontonarse para salir en fila india por un estrechísimo pasadizo. Gonzálo Suárez, con Maribel Verdú y Aitana Sánchez- Gijón, ayer en el Festival de Valladolid EFE Gonzalo Suárez sonríe en la 52 Seminci con Oviedo Express El realizador ovetense presentó su nuevo filme en la sección oficial, donde también se pudo ver la última de Wong Kar- wai FÉLIX IGLESIAS VALLADOLID. A Gonzalo Suárez hay que buscarle la sonrisa debajo de la barba. Está ahí y es franca. Pero de entrada uno desearía tener navaja para convertir sus obras en barbilampiñas tramas, sin esos recovecos que al fin al cabo hace de esta realizador un espécimen único en el cine español. Ayer, la sección oficial de la 52 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) arrancó con su Oviedo Express La trama arranca con la llegada de una compañía para representar La Regenta de Leopoldo Alas Clarín en el ovetense Teatro Campoamor. Los titiriteros parecen no distinguir la ficción de la realidad. De hecho, prefieren la quimera para ahogar la cotidianeidad. En ello, bien vale la indiferenciación entre ensayos y realidad que anuda suavemente Gonzalo Suárez, logrando que un plano y otro acaben fundiéndose pasmosamente. Suárez ya llevó a la pantalla La Regenta en 1974. Además, para esta ocasión ha contado con Carmelo Gómez y Aitana Sánchez- Gijón en los papeles teatrales del Magistral y Ana Ozores, respectivamente, quienes ya habían encarnado a estos dos personajes en una afamada serie de TVE. Lo que pudiera parecer un guiño cómplice a la memoria visual del espectador más bien es un reto a su sensibilidad, puesto que poco importa que los dos frustrados amantes estén sobre el escenario o en las calles de Oviedo, ya que lo esencial es la imbricación de las ensoñaciones evasivas del texto literario con un guión salpicado de situaciones de una gracia cáustica, que tan pronto presenta a unos personajes alucinados como unos escenarios góticos, lo que paradójicamente cimenta un tiempo narrativo dinámico, si bien en la parte final se alarga el desenlace en exceso. Sin duda, el trabajo de los actores contribuye al interés del filme, sobre todo en unos pretendidamente sobreactuados Gómez y Sánchez- Aitana, que por contraste de humores dejan a los personajes normales con el esqueleto a la vista. Mención para el trabajo de Maribel Verdú, que borda un personaje fronterizo, como es toda esta película, El esteta chino El clasicismo de Yamada J. M. A. Yoyi Yamada repite estilo clásico con la última entrega de su trilogía sobre el peculiar mundo samurai. Tras El ocaso del samurai y La espada oculta el veterano director japonés cierra la serie con Love and honor una pequeña y emotiva película que trata precisamente sobre el amor y el honor entre katanas, kimonos y singulares ritos. Yamada decide con acierto aportar unas dosis de humor a través de personajes secundarios que permiten superar el trago de 121 minutos de silencios y miradas, pese a que el protagonista no pueda ver. My blueberry nights de Wong Kar- wai abrió la competición. El director chino reincide en su candencia preciosista. Esta vez se ha trasladado a Estados Unidos, desde Nueva York y a la Norteamérica del interior. Si en su afamada In the mood for love presentaba una abigarrada estética occidental de las décadas de los 50 y 60 del siglo pasado, en su nueva propuesta se le ve disfrutar de las cafeterías neoclásicas de la Gran Manzana, de los tugurios del Medio Oeste, de la exageración de Las Vegas. En medio de ese maremágnum de referencias icónicas de la historia del cine norteamericano más clásico, la cantante y compositora Norah Jones y Jude Law viven una historia de encuentro tras sus respectivos desamores. Los personajes parecen moverse en un fumadero de opio, espeso y blindado, donde la estética tiene más gancho que el pulso del amor.