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4 OPINIÓN DOMINGO 28 s 10 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro ISRAEL ENDURECE SU CASTIGO A GAZA T RAJOY REAFIRMA SU ALTERNATIVA L multitudinario acto que el Partido Popular celebró ayer en Valencia para oficializar la proclamación de Mariano Rajoy como candidato a la presidencia del Gobierno fue mucho más que una mera declaración de intenciones. Supuso la reafirmación del proyecto político del Partido Popular como una alternativa sólida y fiable frente a la gestión realizada en los últimos cuatro años por José Luis Rodríguez Zapatero, caracterizada por la cesión constante al chantaje nacionalista, por fomentar la desunión y el rencor entre los españoles, por un inasumible proceso de paz que ha mancillado la memoria de las víctimas y, en definitiva, por una ruptura del espíritu de la Transición y del consenso constitucional que tantos frutos ha dado a España. Precisamente por eso, el principal compromiso que Mariano Rajoy aspira a contraer con los españoles si gana las elecciones generales es el de forjar un nuevo consenso, con mayúsculas, que abra una nueva etapa de estabilidad, progreso y bienestar para el conjunto de la sociedad española El mensaje conciliador y basado en el sentido común que Rajoy transmite a la sociedad adquiere así un significado que va más allá de la pura retórica. Cuando argumenta que su objetivo es forjar un nuevo consenso lo hace en la conciencia de que el desprecio que los socialistas han mostrado por los consensos hasta ahora vigentes ha producido una fractura social de magnitud, y de muy compleja reparación, que ha situado a los españoles en una encrucijada de desconfianza en las instituciones y de incertidumbre ante el futuro. Por tanto, se hace imprescindible suturar las profundas heridas que el PSOE ha abierto de modo tan irresponsable como innecesario durante la legislatura. Frente a la discordia con que los socialistas han impregnado su manera de ejercer el poder, Rajoy opone un programa realista, de moderación y tranquilidad -así lo definió- cuya prioridad será recomponer los añicos del proyecto revisionista y perturbador para la convivencia encarnado por Zapatero. E Nunca como hasta ahora el partido que había vencido en sus primeras elecciones generales se presentaba en las siguientes tan igualado como su oponente en cuanto a expectativas de triunfo. En cuatro años, el PSOE, que alcanzó el poder en medio de la convulsión causada por el atentado más brutal de nuestra historia, no se ha despegado del PP ni ha logrado su principal objetivo: aislar a este partido como si fuera un reducto extremista incapaz de asimilar la España plural y moderna a la que Zapatero sí dice representar. Lo cierto es que Rajoy, mezclando indudables aciertos con llamativos errores como líder de la oposición, ha conseguido presentarse ante el electorado sin estar vencido de antemano. Por el contrario, el PSOE ha dilapidado con una gestión negligente, y demasiadas veces improvisada, buena parte del patrimonio político que heredó de Gobiernos anteriores. Desde esta perspectiva, no debe resultar incompatible la pretensión de Rajoy de recuperar un proyecto nacional en el que los españoles no tengan que avergonzarse de sus señas de identidad o de sus símbolos, con su intención de pedir el voto a los socialistas arrepentidos de haber confiado en Zapatero. De hecho, el Partido Popular cuenta con un discurso coherente y convincente que comparten muchos miles de ciudadanos progresistas, según el cual la unidad de España no puede romperse por quienes no quieren saber nada de ella No obstante, el PP ha de tomar conciencia de que las elecciones no sólo se ganan rentabilizando los errores ajenos. Rajoy no sólo no debe soslayar los errores propios- -de los que debe tomar buena nota para corregirlos- sino consolidar en los meses que restan hasta marzo un proyecto configurado por propuestas creíbles y equipos solventes, alejado del personalismo que define al PSOE de Zapatero. De hecho, uno de los retos que Rajoy tiene ante sí es reafirmar su liderazgo social- -su talón de Aquiles en términos de imagen pública- -para que su mensaje gane en eficacia y sus propuestas calen, especialmente entre la bolsa de votantes defraudados que hoy se inclinan por la abstención. MÁRTIRES ESPAÑOLES A beatificación en Roma de 498 españoles asesinados durante la etapa convulsa de la República y la Guerra Civil es, ante todo y sobre todo, una ceremonia de reconocimiento hacia quienes ofrecieron el testimonio de su fe sacrificando para ello su propia vida. Benedicto XVI ha dicho en alguna ocasión que el martirio supone la prueba de que hay un espacio intangible en la libertad de conciencia, lo que demuestra los límites del poder político. Por eso, es la expresión suprema de coherencia en defensa de las propias convicciones, que la Iglesia reconoce previo un riguroso proceso para determinar los hechos. El Papa muestra así su consideración hacia España en el marco de ese siglo XX que supuso, como dijera Juan Pablo II, una verdadera era de los mártires Cualquier interpretación de la ceremonia de hoy en el Vaticano debe dar prioridad al significado espiritual del proceso de beatificación, muy por encima de lecturas basadas en el contexto y en la coyuntura política concreta. Por lo demás, muchos de los procesos que ahora concluyen se iniciaron hace casi medio siglo, de modo que difícilmente pueden ponerse en conexión con esa desafortunada ley de falsa memoria histórica que impulsa el Gobierno. La visión unilateral de la historia como un conflicto entre buenos y malos que impone la citada ley choca de plano con una realidad incontestable. El sector laicista del PSOE ha L pretendido reabrir en esta legislatura una serie de cuestiones ya cerradas desde la Transición, contribuyendo así a crear el climadediscordiaquepresidenuestra vidapolítica. El Gobierno procura ahora actuar con prudencia ante las beatificaciones y poneen primera fila a los elementos moderados delsocialismo, como es el caso del embajador Francisco Vázquez cuandocalificaalacto de hoy como unaoportunidad de reconciliación No obstante, las cosas son como son y lo cierto es que Zapatero ha impulsado una visión de la historia que choca frontalmente con las convicciones de una gran mayoría de ciudadanos que se declaran católicos aun en el marco del proceso de secularización propio de nuestro tiempo. El catolicismo pagó un precio muy alto durante la Guerra Civil, con varios miles de eclesiásticos asesinados, la destrucción de templos y conventos y el saqueo de objetos de culto. Son hechos incontrovertibles. La Constitución enfocó las relaciones entre la Iglesia y el Estado con criterios de equilibrio y sentido común, estableciendo que ninguna religión tendrá carácter estatal y que los poderes públicos mantendrán relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones. Zapatero se equivoca gravemente al plantear los problemas con una visión sesgada y oportunista, sin tener en cuenta que la Transición supuso una genuina reconciliación orientada hacia el futuro a partir de una visión abierta y generosa de la historia de España. ODOS los gestos en el conflicto de Oriente Próximo cuentan. Que Hamás lance cohetes Kasam contra la población civil israelí no puede considerarse una acción que contribuya a la estabilidad, como tampoco lo es la decisión del Gobierno judío de contestar a esas agresiones con cortes de electricidad y con restricciones del suministro de combustible, que no harán sino causar más penurias- -también indiscriminadamente- -a la población de la franja de Gaza. Una y otra acción confirman de distintas maneras que la base de este conflicto reside en gran medida en la ausencia de consideraciones humanitarias por parte de los principales responsables tanto israelíes como palestinos. A nadie se le escapa que los dirigentes del grupo extremista Hamás se encuentran en abierta rebeldía tanto contra los israelíes como contra la autoridad palestina que representa Abu Mazen. Pero ello no debe servir como coartada para que la respuesta de Israel a las acciones criminales de Hamás se ampare en una injusta presunción de culpabilidad generalizada contra miles de civiles de Gaza. Esa gente, a la que ya nadie sabe qué torbellino de la historia ha confinado en esa banda de terreno medio estéril de la que no está en sus manos ni salir ni entrar, son pese a todo seres humanos, igual de humanos que los ciudadanos a los que las autoridades israelíes afirman querer defender ejerciendo derechos que la comunidad internacional considera legítimos. En apenas un mes se celebrará la esperada reunión de Anápolis, en la que- -bajo los auspicios de Estados Unidos- -israelíes y palestinos volverán a intentar por enésima vez ponerse de acuerdo. Aunque el Gobierno hebreo ha matizado en parte el alcance de sus medidas de represalia, la verdad es que la actitud con la que afronta los ataques que recibe desde Gaza da a entender claramente que ningún acuerdo al que se llegue en la reunión va a servir para resolver nada con Hamás. En el mejor de los casos, si se firmase la paz entre Abas e Israel, seguiría habiendo un frente abierto en Gaza. Si el acuerdo se produjese, y eso es algo que están esperando no solamente los protagonistas directos del conflicto, sino también- -y con un interés enorme- -Estados Unidos y la Unión Europea, quedarían todavía muchos cohetes Kasam Sin embargo, sería más fácil preparar el terreno para abrir las puertas, con otros métodos menos inhumanos que el estrangulamiento energético, a la implicación futura de los palestinos de Gaza en la pacificación del conflicto. La violencia no ha servido hasta ahora a ninguna de las partes del conflicto. Ni a los israelíes, cuyo derecho a la autodefensa no es discutible, ni a los palestinos, que han optado por el errado camino de la violencia, y a quienes la comunidad internacional ha calificado con razón de terroristas. En Oriente Próximo ya no puede haber más justicia que la paz, y la paz sólo puede llegar cuando todos miren al prójimo sabiendo que también es un ser humano.