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ABC DOMINGO 28 s 10 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA RAJOY, O EL PP POSIBLE (SI GANA, GOBERNAR; SI PIERDE, CONTINUAR) Gane o pierda, Mariano Rajoy es la apuesta de futuro inmediato porque reúne un conjunto de requisitos que le hacen idóneo para administrar el poder y, alternativamente, para evitar la implosión en su propio partido, un riesgo que, hoy por hoy, no está conjurado. Los conspiradores- -no demasiados, pero sí poderosos- -cuentan con que el gallego haga mutis por el foro si la suerte electoral le es adversa. Y con ellos, llegarían la división y el enfrentamiento. Por eso, Rajoy, sí o sí... ARIANO Rajoy- -aclamado ayer multitudinariamente en Valencia como candidato del PP a la presidencia del Gobierno- -es un líder con las condiciones necesarias para serlo sin reservas, y hay que esperar que también con las suficientes para ganar las elecciones generales y gobernar España. Y hay que suponerle, además, la responsabilidad de que, si pierde en los comicios del próximo mes de marzo, tenga la sensibilidad política y el cuajo personal de continuar al frente de la organización para evitar un vacío que sería el caldo de cultivo para un enfrentamiento interno de factura suicida. Rajoy dispone de la formación intelectual y académica, la experiencia profesional y política y el sentido de Estado adecuados que requiere sobre el papel un dirigente político de primer nivel. Es cuestionable el modo en el que ha desarrollado su liderazgo en esta legislatura en el seno del PP; es dudoso que no haya debido conducirse con mayor contundencia respecto de elementos- -individuales y grupales- -retardatarios que le han zancadilleado, y lo siguen haciendo, esperando su derrota para reinar después en el desconcierto; y es abiertamente criticable que no haya impuesto su normalmente sensato criterio en asuntos de gran trascendencia, en un afán por mantener una falsa convivencia pacífica en el partido. Pero son precisamente ese propósito de síntesis y esa perceptible ausencia de ambición personal las características que le hacen particularmente idóneo para el buen futuro del centro- derecha español. Si gana las elecciones, porque administrará el poder con la solvencia que ha venido demostrando en su ya larga trayectoria política; si no logra la victoria, porque retiene una no igualada autoridad moral en el partido que neutralizará cualquier maniobra torticera y divisora. M cultades sean posibles para privarle de ese objetivo. Que Rajoy sea la esperanza del PP tanto para la victoria como para la derrota en el mes de marzo de 2008 no resulta una contradicción, sino, por el contrario, una proposición coherente. Los grandes líderes, antes de llegar al poder, han de atravesar desiertos abrasadores y sucumbir a la derrota sin desmoralizarse. El 14 de marzo de 2004, la victoria socialista se produjo en un contexto emocional y en una coyuntura de encono social que- -sin merma de la legitimidad democrática absoluta del resultado- -no le hacen responsable al presidente del PP de aquel revés. Sus citas electorales a lo largo de la legislatura se han saldado con una nota muy alta: los comicios europeos se sustanciaron en un práctico empate entre el PP y el PSOE, y en las elecciones municipales los populares lograron mayor número de votos, si bien el complejo entramado de pactos les privó de un incremento de poder institucional en determinadas autonomías, provincias y municipios. P or otra parte, los hechos le han venido dando la razón a Mariano Rajoy, tanto en relación con los comportamientos y decisiones del Gobierno como respecto de las confundidas propuestas de los más radicales de su propio partido. Con altísima probabilidad, esta misma semana- -se comunicará la sentencia del 11- M- -algunos en el PP quedarán descalificados, en tanto que Rajoy podrá afrontar ese acontecimiento judicial y político con una fuerte coherencia personal. Los desaguisados gubernamentales en tantos ámbitos- -la llamada memoria histórica el nuevo Estatuto catalán y, en general, la cuestión territorial, el alocado crecimiento del gasto público, la deficiente política exterior, el frustrado proceso de paz con la banda terrorista ETA y un largo etcétera de yerros del Gobierno- -le proporcionan una plataforma argumental para ofertar a los españoles una alternativa a estos últimos cuatro años de demasiadas convulsiones y cuyo exponente más expresivo se produce en la Cataluña de hoy, donde todo despropósito, político y de gestión, parece, además de posible, probable. Ahora bien: ni Rajoy ni el PP pueden cometer ni un solo error más de los que, a veces, sus adversarios han sacado demasiado provecho. En otras palabras: en lo sucesivo no pueden producirse decisiones como la infortunada- -por endeble y contradictoria- -recusación de magistrados del Tribunal Constitucional; no es posible seguir sosteniendo teorías alternativas y relatos fantasmales frente a la verdad judicial; no pueden despacharse temas polémicos- -se tenga o no razón- -con argumentos domésticos, como ha ocurrido con el cambio climático; tampoco pueden continuar determinadas modorras y retrasos ni dar el menor tramo de espacio al protagonismo de personajes que retrotraen al PP a momentos superados que hasta sus electores más fieles- -allá el ultrismo con su contumacia- -desean remontar para así ganar las elecciones al caudillo sonriente de La Moncloa. Estamos, pues, en ese tiempo del partido en el que se gana o se pierde, más que por los aciertos propios, por los errores ajenos. Y si estos se producen- -y el Gobierno los genera con profusión y dimensión- -es menester no disminuirlos con torpezas e improvisaciones. ane o pierda, Mariano Rajoy es la apuesta de futuro inmediato porque reúne un conjunto de requisitos que le hacen idóneo para administrar el poder y, alternativamente, para evitar la implosión en su propio partido, un riesgo que, hoy por hoy, no está conjurado. Los conspiradores- -no demasiados, pero sí poderosos- -cuentan con que el gallego haga mutis por el foro si la suerte electoral le es adversa. Y con ellos, llegarían la división y el enfrentamiento. Por eso, Rajoy, sí o sí. Sin más especulaciones, sin dubitaciones existenciales, sin tibiezas. Con lealtad, porque tenérsela al líder del PP en estos momentos es tanto como apostar por una derecha democrática reformista y europea frente al progresismo nihilista de Rodríguez Zapatero y la histórica tendencia de un cierto sector que siendo ultraconservador quiere pasar por liberal, al histrionismo ideológico y la inadaptación democrática. G M ariano Rajoy cuenta con una baza esencial: la adhesión a sus maneras políticas y a su perfil ideológico de una línea de líderes populares que conforman la malla del partido en el conjunto de España. Desde Alberto Ruiz- Gallardón hasta Francisco Camps; desde Javier Arenas hasta Alberto Núñez Feijóo; desde María San Gil a Daniel Sirera, pasando por gentes tan valiosas y acreditadas como Ana Pastor, Ignacio Astarloa, Arias Cañete, Pilar del Castillo, Soraya Sáenz de Santamaría y tantos otros y otras, gentes de firmes convicciones y profundo sentido democrático, moderadas y tenaces, bien preparadas y con experiencia, y partícipes de un proyecto común y alejado, por tanto, de intereses opacos y connivencias oportunistas en los que se emboscan los que dicen una cosa- -desear que Rajoy venza en marzo- -y hacen otra- -trabajar objetivamente para plantearle tantas cuantas difi- JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director de ABC