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ABC SÁBADO 27- -10- -2007 Una ceremonia marcada por el dolor de la Shoah CULTURAyESPECTÁCULOS 83 DISCURSO DE AMOS OZ LA MUJER DE LA VENTANA Los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro- israelíes o pro- palestinos. Deben estar a favor de la paz i adquieres un billete y viajas a otro país, es posible que veas las montañas, los palacios y las plazas, los museos, los paisajes y los enclaves históricos. Si te sonríe la fortuna, quizá tengas la oportunidad de conversar con algunos habitantes del lugar. Luego volverás a casa cargado con un montón de fotografías y de postales. Pero, si lees una novela, adquieres una entrada a los pasadizos más secretos de otro país y de otro pueblo. La lectura de una novela es una invitación a visitar las casas de otras personas y a conocer sus estancias más íntimas. Si no eres más que un turista, quizá tengas ocasión de detenerte en una calle, observar una vieja casa del barrio antiguo de la ciudad y ver a una mujer asomada a la ventana. Luego te darás la vuelta y seguirás tu camino. Pero como lector no sólo observas a la mujer que mira por la ventana, sino que estás con ella, dentro de su habitación, e incluso dentro de su cabeza. Cuando lees una novela de otro país, se te invita a pasar al salón de otras personas, al cuarto de los niños, al despacho, e incluso al dormitorio. Se te invita a entrar en sus penas secretas, en sus alegrías familiares, en sus sueños. Y por eso creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana. Parte de la tragedia árabe- judía es la incapacidad de muchos de nosotros, judíos y árabes, de imaginarnos unos a otros. De imaginar realmente los amores, los miedos terribles, la ira, los instintos. Demasiada hostilidad impera entre nosotros y demasiada poca curiosidad. Los judíos y los árabes tienen algo en común: ambos han sufrido en el pasado bajo la pesada y violenta mano de Europa. Los árabes han sido víctimas del imperialismo, del colonialismo, de la explotación y la humillación. Los judíos han sido víctimas de persecuciones, discriminación, expulsión y, al final, el asesinato de un tercio del pueblo judío. S Amos Oz, la esposa de Ralf Dahrendorf (acudió en su nombre) y Al Gore, en la ceremonia resistencia, sobrevivió a casi dos años de infierno en Buchenwald. Semprún encontró una misión en el mundo de la posguerra precisamente en el propio campo... en una pila de cadáveres de víctimas asesinadas de la que brotaba el balbuceo de un judío, más muerto que vivo, empeñado en pronunciar ¿por quién? ¿por sí mismo? el Kadish, la inmemorial plegaria judía por los difuntos. En la agonía de ese judío anónimo encontró Semprún sentido a la vida En 1953, el Estado de Israel fundó Yad Vashem. Lo hizo para dejar constancia, documentar, investigar y hacer oír la historia del Holocausto En la muerte de los caídos no hay consuelo ni sentido... a menos que asumamos, temerosos de Dios, una responsabilidad histórica: recopilar del fondo de los armarios y los cajones las cartas, los objetos, la creación intelectual, que expresan la identidad de las víctimas que fueron creados a imagen y semejanza. Recuperar las facciones de su rostro, anotar sus nombres. Formar a generaciones de educadores para que enseñen cómo estudiar el Holocausto, y cómo aprender de él. Y con todo ello fundar Yad Vashem, para proporcionar un escenario y dar forma a la historia de esta brecha y al eclipse de la luz en la que el asesino asesinó, la víctima luchó por la supervivencia con humanidad, el vecino vio y calló y sólo unos pocos intentaron salvar. Esos pocos bienhechores de las naciones del mundo pusieron su vida en peligro y a veces la de sus familias, para garantizar que en la más profunda oscuridad brotaran algunos rayos de luz. Ellos son los justos entre las naciones valedores dela virtud por los que se ha acuñado un nuevo concepto en la cultura de la humanidad, entre los que encontramos también a españoles. Recordamos y conmemoramos sus actos y les saludamos. Al extender nuestra mano con humildad y agradecimiento para recibir el premio Príncipe de Asturias de la Concordia, nos embarga la sensación de una misión conjunta, expresión del creciente reconocimiento de que la memoriadelHolocaustodebeencontrar su justolugar en la cultura de la humanidad. En este premio hallamos la victoria de la tolerancia sobre el racismo, del amor sobre el odio, CHEMA BARROSO Nuestro mundo no puede ya tolerar ni sufrir, a comienzos del siglo XXI, un genocidio como el que está sucediendo en Darfur del bien sobre el mal. No sólo la maldad nazi histórica, específica y única, sino también la maldad que sobrevive y se renueva en nuestros tiempos del antisemitismo, el racismo y la xenofobia, en todo el mundo. Nuestro mundo no puede ya tolerar ni sufrir, a comienzos del siglo XXI, un genocidio como el que está sucediendo estos días en Darfur. Al decidir conceder a Yad Vashem el premio, la Fundación Príncipe de Asturias manifiesta y proclama que la lucha contra los que siguen el camino de los nazis no compete únicamente a un organismo, a un pueblo o a una religión. Se trata de una lucha conjunta de toda la humanidad, en la que Yad Vashem desempeña una función primordial de vanguardia. Dentro de poco mis compañeros y yo volveremos a nuestro monte, el monte de la memoria, en Jerusalén. En nuestras manos ostentaremos y mostraremos ante todos el premio que nos han otorgado. Volveremos a Israel reforzados por la esperanza de que la memoria del Holocausto sigue calando, ahora con mayor vigor, en la conciencia internacional, y gracias a esto, estamos más cerca de que se cumplan las palabras de los profetas: Yconvertirán sus espadas enrejas de arado, y sus lanzas en hoces; nación contra nación no alzará espada, ni se adiestrarán más para la guerra Cabría suponer que dos víctimas, y sobre todo dos víctimas de un mismo perseguidor, desarrollarían cierta solidaridad entre ellas. Desgraciadamente las cosas no son así, ni en las novelas ni en la vida real. Por el contrario, algunos de los conflictos más terribles son aquellos que se producen entre dos víctimas de un mismo perseguidor. Los dos hijos de un progenitor violento no tienen por qué amarse necesariamente. Con frecuencia ven reflejada el uno en el otro la imagen del cruel progenitor. Exactamente así es la situación entre judíos y árabes en Oriente Medio: mientras los árabes ven en los israelíes a los nuevos cruzados, la nueva reencarnación de la Europa colonialista, muchos israelíes ven en los árabes la nueva personificación de nuestros perseguidores del pasado: los responsables de los pogroms y los nazis. Esta realidad impone a Europa una especial responsabilidad en la solución del conflicto árabe- israelí: en lugar de alzar un dedo acusador hacia una u otra de las partes, los europeos deberían mostrar afecto y comprensión y prestar ayuda a ambas partes. Ustedes no tienen por qué seguir eligiendo entre ser pro- israelíes o pro- palestinos. Deben estar a favor de la paz. La mujer de la ventana puede ser una mujer palestina de Nablus y puede ser una mujer israelí de Tel Aviv. Si desean ayudar a que haya paz entre las dos mujeres de las dos ventanas, les conviene leer más acerca de ellas. Lean novelas, queridos amigos, aprenderán mucho. Las cosas irían mejor si también cada una de esas dos mujeres leyese acerca de la otra, para saber, al menos, qué hace que la mujer de la otra ventana tenga miedo o esté furiosa, y qué le infunde esperanza. No he venido esta tarde a decirles que leer libros vaya a cambiar el mundo. Lo que he sugerido es que creo que leer libros es uno de los mejores modos de comprender que, en definitiva, todas las mujeres de todas las ventanas necesitan urgentemente la paz. Quiero agradecer a los miembros del jurado del premio Príncipe de Asturias que me hayan otorgado este maravilloso premio. Muchas gracias y mis mejores deseos a todos ustedes. Shalom u- brajá.